Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
7 de agosto de 2026
La escena tenía todos los ingredientes de un sainete diplomático. Díaz Ayuso cruzó el océano con la misión de provocar, según dijo después el gobierno español, y encontró enfrente a una presidenta que no necesitó alzar la voz para convertirla en anécdota. Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum despachó el asunto con la frialdad de quien cierra la puerta a un vendedor insistente: visita fallida, y a otra cosa. Las palabras viajaron a Madrid y allá las recibieron como un boomerang. La izquierda madrileña, presa de una repentina vergüenza ajena, pidió disculpas a México por el espectáculo. El gobierno español, en un giro que parecía sacado de una comedia de enredos, admitió que Ayuso “ha ido a provocar y le ha salido mal”. Hasta los titulares se rindieron a la evidencia: “Ayuso conquista el ridículo”, decía uno, con la precisión de un epitafio.
Mientras la delegación española hacía las maletas entre murmullos, en el norte de México se montaba otra función. Los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón aparecieron en Chihuahua para arropar a Maru Campos, la gobernadora que enfrenta señalamientos y que escuchó de sus padrinos una frase para el bronce: “Es absurdo que seas tú la perseguida”. La gobernadora sonreía, flanqueada por los dos exmandatarios, en una postal que su propio partido, el PAN, no dudó en calificar por adelantado: la marcha era “ridícula”, según dijeron sus voceros, mientras Morena “va en picada”, añadieron. Entonces, ¿quién era el ridículo? ¿La marcha, la gobernadora, los expresidentes o el partido que los envió a todos juntos a la foto?
La pregunta quedó flotando en el aire seco de Chihuahua. Nadie la respondió. En la capital, la presidenta seguía su agenda como quien limpia el polvo de una visita incómoda, y los periódicos de la tarde ya buscaban otro tema. Pero el olor a teatro del absurdo no se disipaba: un gobierno que se disculpa por su propia oposición, un partido que llama ridícula a su propia movilización, dos expresidentes bendiciendo a una perseguida que no sabe por qué la persiguen.
Al final, la crónica de este 7 de agosto se escribe sola, con la ironía como única testigo. Los actores cambiaron de vestuario pero el guion es el mismo: provocaciones que salen mal, disculpas que llegan tarde y una audiencia que ya no sabe si aplaudir o pedir la devolución de su tiempo. Mientras tanto, el país sigue su curso, ajeno al carnaval, esperando que alguien, en algún escenario, decida bajar el telón.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
7 de agosto de 2026
La escena tenía todos los ingredientes de un sainete diplomático. Díaz Ayuso cruzó el océano con la misión de provocar, según dijo después el gobierno español, y encontró enfrente a una presidenta que no necesitó alzar la voz para convertirla en anécdota. Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum despachó el asunto con la frialdad de quien cierra la puerta a un vendedor insistente: visita fallida, y a otra cosa. Las palabras viajaron a Madrid y allá las recibieron como un boomerang. La izquierda madrileña, presa de una repentina vergüenza ajena, pidió disculpas a México por el espectáculo. El gobierno español, en un giro que parecía sacado de una comedia de enredos, admitió que Ayuso “ha ido a provocar y le ha salido mal”. Hasta los titulares se rindieron a la evidencia: “Ayuso conquista el ridículo”, decía uno, con la precisión de un epitafio.
Mientras la delegación española hacía las maletas entre murmullos, en el norte de México se montaba otra función. Los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón aparecieron en Chihuahua para arropar a Maru Campos, la gobernadora que enfrenta señalamientos y que escuchó de sus padrinos una frase para el bronce: “Es absurdo que seas tú la perseguida”. La gobernadora sonreía, flanqueada por los dos exmandatarios, en una postal que su propio partido, el PAN, no dudó en calificar por adelantado: la marcha era “ridícula”, según dijeron sus voceros, mientras Morena “va en picada”, añadieron. Entonces, ¿quién era el ridículo? ¿La marcha, la gobernadora, los expresidentes o el partido que los envió a todos juntos a la foto?
La pregunta quedó flotando en el aire seco de Chihuahua. Nadie la respondió. En la capital, la presidenta seguía su agenda como quien limpia el polvo de una visita incómoda, y los periódicos de la tarde ya buscaban otro tema. Pero el olor a teatro del absurdo no se disipaba: un gobierno que se disculpa por su propia oposición, un partido que llama ridícula a su propia movilización, dos expresidentes bendiciendo a una perseguida que no sabe por qué la persiguen.
Al final, la crónica de este 7 de agosto se escribe sola, con la ironía como única testigo. Los actores cambiaron de vestuario pero el guion es el mismo: provocaciones que salen mal, disculpas que llegan tarde y una audiencia que ya no sabe si aplaudir o pedir la devolución de su tiempo. Mientras tanto, el país sigue su curso, ajeno al carnaval, esperando que alguien, en algún escenario, decida bajar el telón.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

