Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de agosto de 2026
En Chihuahua, dos expresidentes se plantaron bajo el sol para declarar que es un “absurdo” perseguir a una gobernadora, y el eco devolvió la pregunta incómoda: ¿quiénes saben más de persecuciones que los que alguna vez las denunciaron?
El sol de agosto caía recto sobre la plaza cuando Vicente Fox, con sus botas de ranchero y ese aire de quien ya no tiene nada que perder, tomó el micrófono. A su lado, Felipe Calderón —el expresidente que llegó a Los Pinos por un margen que la mitad del país nunca terminó de tragarse— asentía con la gravedad de quien ha visto muchas tormentas. Habían venido a arropar a Maru Campos, la gobernadora panista que dice sentirse perseguida por el gobierno federal. “Absurdo que seas tú la perseguida”, soltó Fox, y la multitud rugió como si hubiera esperado años esa frase.
Ah, la palabra del día: absurdo. Se cuela por todas las ventanas de la política. En Chihuahua la gritan desde un templete; en Madrid la susurran entre disculpas; en Santo Domingo la pronuncian como advertencia electoral; en Oslo la dicen con acento noruego al ver a María Corina Machado entregarle a Trump una medalla que debería vivir en un museo. Pero en Chihuahua el absurdo tenía olor a tierra mojada y a mitin de resistencia.
Porque la escena tenía aire de novela que no necesita autor: Fox, el primer presidente de la alternancia, y Calderón, el hombre de la guerra que partió al país por la mitad, juntos nuevamente, no para explicar sus propios pasados sino para certificar la inocencia de alguien más. Mientras tanto, el PAN aprovechaba el acto para declarar que Morena “va en picada”, como quien mide la altura del avión desde la butaca, sin mirar el tablero.
Maru Campos observaba desde el centro del escenario. Hija de una familia de la política tradicional, gobernadora desde 2021, bajo la sombra de una investigación por presuntos desvíos que ella atribuye a una cacería política. A su alrededor, los militantes coreaban consignas; los que alguna vez creyeron en el cambio y ahora defienden lo que queda del naufragio. Y arriba, dos expresidentes que han visto caer gobiernos desde la primera fila, ejerciendo de abogados defensores con el mismo tono con que alguna vez fueron fiscales.
Lo más entrañable del absurdo mexicano es que se sostiene solo. La oposición que acusa a los otros de autoritarios mientras exige que los perseguidos sean los suyos. Los expresidentes que descubrieron la palabra justicia apenas cuando la justicia tocó a los suyos. Y el sol, siempre el sol, cayendo sobre Chihuahua como si no hubiera visto nada.
Cuando Fox se despidió con la mano en alto y Calderón lo imitó con un gesto medido, la multitud seguía coreando. Pero entre el eco de las consignas quedó flotando una pregunta que nadie quiso responder: en un país donde todos se dicen perseguidos, ¿quién carga el látigo?
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de agosto de 2026
En Chihuahua, dos expresidentes se plantaron bajo el sol para declarar que es un “absurdo” perseguir a una gobernadora, y el eco devolvió la pregunta incómoda: ¿quiénes saben más de persecuciones que los que alguna vez las denunciaron?
El sol de agosto caía recto sobre la plaza cuando Vicente Fox, con sus botas de ranchero y ese aire de quien ya no tiene nada que perder, tomó el micrófono. A su lado, Felipe Calderón —el expresidente que llegó a Los Pinos por un margen que la mitad del país nunca terminó de tragarse— asentía con la gravedad de quien ha visto muchas tormentas. Habían venido a arropar a Maru Campos, la gobernadora panista que dice sentirse perseguida por el gobierno federal. “Absurdo que seas tú la perseguida”, soltó Fox, y la multitud rugió como si hubiera esperado años esa frase.
Ah, la palabra del día: absurdo. Se cuela por todas las ventanas de la política. En Chihuahua la gritan desde un templete; en Madrid la susurran entre disculpas; en Santo Domingo la pronuncian como advertencia electoral; en Oslo la dicen con acento noruego al ver a María Corina Machado entregarle a Trump una medalla que debería vivir en un museo. Pero en Chihuahua el absurdo tenía olor a tierra mojada y a mitin de resistencia.
Porque la escena tenía aire de novela que no necesita autor: Fox, el primer presidente de la alternancia, y Calderón, el hombre de la guerra que partió al país por la mitad, juntos nuevamente, no para explicar sus propios pasados sino para certificar la inocencia de alguien más. Mientras tanto, el PAN aprovechaba el acto para declarar que Morena “va en picada”, como quien mide la altura del avión desde la butaca, sin mirar el tablero.
Maru Campos observaba desde el centro del escenario. Hija de una familia de la política tradicional, gobernadora desde 2021, bajo la sombra de una investigación por presuntos desvíos que ella atribuye a una cacería política. A su alrededor, los militantes coreaban consignas; los que alguna vez creyeron en el cambio y ahora defienden lo que queda del naufragio. Y arriba, dos expresidentes que han visto caer gobiernos desde la primera fila, ejerciendo de abogados defensores con el mismo tono con que alguna vez fueron fiscales.
Lo más entrañable del absurdo mexicano es que se sostiene solo. La oposición que acusa a los otros de autoritarios mientras exige que los perseguidos sean los suyos. Los expresidentes que descubrieron la palabra justicia apenas cuando la justicia tocó a los suyos. Y el sol, siempre el sol, cayendo sobre Chihuahua como si no hubiera visto nada.
Cuando Fox se despidió con la mano en alto y Calderón lo imitó con un gesto medido, la multitud seguía coreando. Pero entre el eco de las consignas quedó flotando una pregunta que nadie quiso responder: en un país donde todos se dicen perseguidos, ¿quién carga el látigo?
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

