Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
19 de agosto de 2026
La escena es tan cotidiana como un embotellamiento de las cinco de la tarde. Un conductor estrena su placa en el estacionamiento de un centro comercial y la limpia con un trapo, como quien protege una insignia. Otro, en el semáforo, se queda viendo la matrícula del auto de enfrente y cree reconocer un patrón. Y mientras tanto, los partidos discuten si aquello que llevan los autos es un documento oficial o un comercial con placas.
El PRI salió con los papeles bajo el brazo: hay elementos visuales en las matrículas nuevas que, vistos de lejos, parecen sacados de la estética del Partido Verde. Tipografías que se parecen, colores que evocan un árbol, una disposición de letras que, según el tricolor, no es casualidad. En sus oficinas ya hablan de que la ciudadanía está siendo usada como valla publicitaria rodante, y exigen retirar las placas de circulación.
El PVEM respondió con el tono cansado de quien recibe acusaciones todos los días: que es un absurdo, que las placas se diseñaron con criterios técnicos de seguridad, que no hay un solo logotipo, un solo eslogan ni una sola hoja verde en ellas. Y que el PRI debería preocuparse por sus propios pendientes, como la basura en las calles o los baches que se llevan las llantas.
En las redes sociales, la noticia se convirtió en memes antes de que terminara el día. Hay quien se preguntaba si las placas también traerán el teléfono de contacto del partido, y quien prometía revisar las suyas con lupa para encontrar la propaganda oculta. Nadie encontró nada, claro, pero eso nunca ha detenido una discusión en México.
Lo curioso es que ambos tienen parte de razón. Las placas efectivamente existen: están en los autos, en los estacionamientos, en las fotos de las multas de tránsito. Y los partidos efectivamente pelean por ellas como si en esas letras y números estuviera el destino de la nación. Nadie pregunta a los automovilistas si les importa el diseño de su matrícula; simplemente circulan con el debate a cuestas, mientras afuera hay problemas que no necesitan lupa para verse.
Y mientras la polémica crece, la ciudad sigue con su ruido de motores, cláxones y vendedores de caramelos en los cruceros. En un alto, un conductor le dice a su copiloto: “¿Viste? Dicen que estas placas son publicidad del Verde”. La copiloto lo mira, encoge los hombros y responde: “Yo nomás las veo para saber si me toca pasar la verificación”. El conductor ríe, el semáforo cambia a verde, y todas las teorías de conspiración avanzan un metro más hacia el siguiente cruce y la siguiente discusión.
Porque al final, como dice el refrán del asfalto: en México, hasta las placas tienen partido. Lo demás es puro absurdo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
19 de agosto de 2026
La escena es tan cotidiana como un embotellamiento de las cinco de la tarde. Un conductor estrena su placa en el estacionamiento de un centro comercial y la limpia con un trapo, como quien protege una insignia. Otro, en el semáforo, se queda viendo la matrícula del auto de enfrente y cree reconocer un patrón. Y mientras tanto, los partidos discuten si aquello que llevan los autos es un documento oficial o un comercial con placas.
El PRI salió con los papeles bajo el brazo: hay elementos visuales en las matrículas nuevas que, vistos de lejos, parecen sacados de la estética del Partido Verde. Tipografías que se parecen, colores que evocan un árbol, una disposición de letras que, según el tricolor, no es casualidad. En sus oficinas ya hablan de que la ciudadanía está siendo usada como valla publicitaria rodante, y exigen retirar las placas de circulación.
El PVEM respondió con el tono cansado de quien recibe acusaciones todos los días: que es un absurdo, que las placas se diseñaron con criterios técnicos de seguridad, que no hay un solo logotipo, un solo eslogan ni una sola hoja verde en ellas. Y que el PRI debería preocuparse por sus propios pendientes, como la basura en las calles o los baches que se llevan las llantas.
En las redes sociales, la noticia se convirtió en memes antes de que terminara el día. Hay quien se preguntaba si las placas también traerán el teléfono de contacto del partido, y quien prometía revisar las suyas con lupa para encontrar la propaganda oculta. Nadie encontró nada, claro, pero eso nunca ha detenido una discusión en México.
Lo curioso es que ambos tienen parte de razón. Las placas efectivamente existen: están en los autos, en los estacionamientos, en las fotos de las multas de tránsito. Y los partidos efectivamente pelean por ellas como si en esas letras y números estuviera el destino de la nación. Nadie pregunta a los automovilistas si les importa el diseño de su matrícula; simplemente circulan con el debate a cuestas, mientras afuera hay problemas que no necesitan lupa para verse.
Y mientras la polémica crece, la ciudad sigue con su ruido de motores, cláxones y vendedores de caramelos en los cruceros. En un alto, un conductor le dice a su copiloto: “¿Viste? Dicen que estas placas son publicidad del Verde”. La copiloto lo mira, encoge los hombros y responde: “Yo nomás las veo para saber si me toca pasar la verificación”. El conductor ríe, el semáforo cambia a verde, y todas las teorías de conspiración avanzan un metro más hacia el siguiente cruce y la siguiente discusión.
Porque al final, como dice el refrán del asfalto: en México, hasta las placas tienen partido. Lo demás es puro absurdo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

