Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de julio de 2026
Los caballos trotan con orgullo por Ciudad Juárez, rumbo a Hidalgo del Parral, llevando consigo la memoria de un hombre que prometió justicia a punta de fusil. Una tradición que emociona, que une, que revuelve el estómago con nostalgia de un México que nunca terminó de nacer. Y mientras tanto, a unas cuantas calles de distancia, hay familias enteras que empacan lo poco que les queda, porque el “progreso” llegó en forma de amenazas y el gobierno estatal prefiere hacerse wey que reconocer que el norte también arde por dentro.
Claro, no todo es tragedia: Safran inauguró una planta de cableado eléctrico, hay una nueva ruta aérea a la capital y hasta unos perros chihuahua con la camiseta del Tri causaron ternura frente a la Embajada Británica. Porque este país siempre tiene espacio para la contradicción: una mano invierte, la otra desplaza; una boca canta “México lindo y querido”, la otra calla cuando un periodista es asesinado o un pueblo es borrado del mapa.
Y mientras los reflectores apuntan a la cabalgata, el partido contra Inglaterra y la alerta de seguridad de la embajada gringa por posibles festejos violentos, en Veracruz ya son 28 periodistas asesinados en lo que va del sexenio. Y en Cancún detienen a un tesorero municipal que seguramente no es el único que juega con dinero público como si fuera su alcancía personal.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, no es un paisaje nítido: es un collage de jinetes heroicos, familias sin techo, inversiones que prometen empleos y ausencias que pesan más que cualquier discurso. Lo más incómodo no es que el país sea así; es que ya nos acostumbramos a que el México que recordamos y el México que ignoramos siempre hayan coexistido en el mismo espejo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de julio de 2026
Los caballos trotan con orgullo por Ciudad Juárez, rumbo a Hidalgo del Parral, llevando consigo la memoria de un hombre que prometió justicia a punta de fusil. Una tradición que emociona, que une, que revuelve el estómago con nostalgia de un México que nunca terminó de nacer. Y mientras tanto, a unas cuantas calles de distancia, hay familias enteras que empacan lo poco que les queda, porque el “progreso” llegó en forma de amenazas y el gobierno estatal prefiere hacerse wey que reconocer que el norte también arde por dentro.
Claro, no todo es tragedia: Safran inauguró una planta de cableado eléctrico, hay una nueva ruta aérea a la capital y hasta unos perros chihuahua con la camiseta del Tri causaron ternura frente a la Embajada Británica. Porque este país siempre tiene espacio para la contradicción: una mano invierte, la otra desplaza; una boca canta “México lindo y querido”, la otra calla cuando un periodista es asesinado o un pueblo es borrado del mapa.
Y mientras los reflectores apuntan a la cabalgata, el partido contra Inglaterra y la alerta de seguridad de la embajada gringa por posibles festejos violentos, en Veracruz ya son 28 periodistas asesinados en lo que va del sexenio. Y en Cancún detienen a un tesorero municipal que seguramente no es el único que juega con dinero público como si fuera su alcancía personal.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, no es un paisaje nítido: es un collage de jinetes heroicos, familias sin techo, inversiones que prometen empleos y ausencias que pesan más que cualquier discurso. Lo más incómodo no es que el país sea así; es que ya nos acostumbramos a que el México que recordamos y el México que ignoramos siempre hayan coexistido en el mismo espejo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

