Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de julio de 2026
La presidenta de la Comunidad de Madrid pisó tierra mexicana con el paso firme de quien cree que su ideología pesa más que la diplomacia. Pero México, ese país que ha hecho del absurdo una forma de resistencia, le respondió con lo que mejor sabe hacer: ignorar el ruido y subir el volumen de su propia historia.
El gobierno de España, a través de su ministro de Exteriores, se apresuró a desmarcarse de la visita. “Ayuso ha ido a provocar y le ha salido mal”, dijeron desde la Moncloa, como quien se lava las manos después de untarlas de mermelada. La izquierda madrileña, por su parte, pidió disculpas públicas a Claudia Sheinbaum por el “ridículo” de su presidenta autonómica. Hasta el Diario Basta! tituló sin piedad: “Ayuso conquista el ridículo”. Ni siquiera sus propios compañeros de viaje la defendieron.
Pero lo más curioso no fue el desplante, sino la respuesta de Sheinbaum. Con esa calma que parece sacada de un libro de sabiduría popular, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México calificó la visita de “fallida”. Sin aspavientos, sin declaraciones incendiarias. Solo un adjetivo que pesaba como una losa. “Fallida”. Como una receta de cocina que no prendió, como un chiste que nadie rió.
Mientras tanto, en las calles de la capital, el programa “Precio Justo” sumaba críticas de campesinos que dejaban fuera a más de dos millones de productores de maíz. El absurdo, al final, no tenía una sola cara. Se asomaba también en los campos de cultivo, en las importaciones históricas de alimentos, en la ironía de un gobierno que prometía justicia y dejaba sembrada la incongruencia.
Y en un teatro de la Universidad de Playa Ancha, en Chile, una obra llamada “Los árboles no votan” prometía sátira política con humor negro. El cartel lo decía todo: el absurdo está a dos centímetros de la realidad. Tan cerca que, a veces, uno cree estar viendo una ficción cuando en realidad está asomado a la ventana de la noticia.
Ayuso ya está de vuelta en Madrid. Las disculpas se acumulan en los titulares como recortes en una carpeta olvidada. México, entretanto, sigue su curso: entre marchas que el PAN llama “ridículas”, placas vehiculares que el PVEM defiende sin rubor, y un país que, como escribió Susuki Esmeralda G. en su columna, parece vivir en modo absurdo permanente.
Al final, lo único cierto es que el ridículo no se conquista: se pisa solo. Y Ayuso, sin querer, le hizo un tour completo por la Ciudad de México.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de julio de 2026
La presidenta de la Comunidad de Madrid pisó tierra mexicana con el paso firme de quien cree que su ideología pesa más que la diplomacia. Pero México, ese país que ha hecho del absurdo una forma de resistencia, le respondió con lo que mejor sabe hacer: ignorar el ruido y subir el volumen de su propia historia.
El gobierno de España, a través de su ministro de Exteriores, se apresuró a desmarcarse de la visita. “Ayuso ha ido a provocar y le ha salido mal”, dijeron desde la Moncloa, como quien se lava las manos después de untarlas de mermelada. La izquierda madrileña, por su parte, pidió disculpas públicas a Claudia Sheinbaum por el “ridículo” de su presidenta autonómica. Hasta el Diario Basta! tituló sin piedad: “Ayuso conquista el ridículo”. Ni siquiera sus propios compañeros de viaje la defendieron.
Pero lo más curioso no fue el desplante, sino la respuesta de Sheinbaum. Con esa calma que parece sacada de un libro de sabiduría popular, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México calificó la visita de “fallida”. Sin aspavientos, sin declaraciones incendiarias. Solo un adjetivo que pesaba como una losa. “Fallida”. Como una receta de cocina que no prendió, como un chiste que nadie rió.
Mientras tanto, en las calles de la capital, el programa “Precio Justo” sumaba críticas de campesinos que dejaban fuera a más de dos millones de productores de maíz. El absurdo, al final, no tenía una sola cara. Se asomaba también en los campos de cultivo, en las importaciones históricas de alimentos, en la ironía de un gobierno que prometía justicia y dejaba sembrada la incongruencia.
Y en un teatro de la Universidad de Playa Ancha, en Chile, una obra llamada “Los árboles no votan” prometía sátira política con humor negro. El cartel lo decía todo: el absurdo está a dos centímetros de la realidad. Tan cerca que, a veces, uno cree estar viendo una ficción cuando en realidad está asomado a la ventana de la noticia.
Ayuso ya está de vuelta en Madrid. Las disculpas se acumulan en los titulares como recortes en una carpeta olvidada. México, entretanto, sigue su curso: entre marchas que el PAN llama “ridículas”, placas vehiculares que el PVEM defiende sin rubor, y un país que, como escribió Susuki Esmeralda G. en su columna, parece vivir en modo absurdo permanente.
Al final, lo único cierto es que el ridículo no se conquista: se pisa solo. Y Ayuso, sin querer, le hizo un tour completo por la Ciudad de México.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

