Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
4 de julio de 2026
La escena, contada con el tono de quien ve una función de teatro callejero, comenzó cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid aterrizó en el AIFA. Sonrisa de campaña, declaraciones a la prensa y una agenda que prometía “fortalecer lazos”. Pero los lazos se convirtieron en nudos. Sheinbaum, desde Palacio Nacional, calificó la visita de “fallida” y el gobierno español, vía su embajada, se apresuró a emitir un comunicado de desagravio. La izquierda local —Más Madrid, PSOE— corrió a pedir disculpas a la mandataria mexicana como si Ayuso hubiera llegado con un altavoz a la hora de la siesta.
Mientras tanto, en los campos del norte, la historia era otra. Un grupo de campesinos, con las manos agrietadas por el maíz y la tierra, calificó de “absurdo” el programa “Precio Justo” de la misma Sheinbaum. El aroma a tortilla tostada y diesel se mezcla con la furia de dos millones de productores que quedaron fuera del subsidio, mientras la importación de granos alcanza niveles históricos. “Nos prometen precio justo, pero nos dejan con el maíz en la bodega y las deudas en la puerta”, dijo uno, escupiendo una brizna de paja.
El absurdo no respeta bandos. Ayuso quiso hacer política exterior con gestos de TikTok; el gobierno federal lanza un programa que excluye justo a quienes más lo necesitan; y en el Congreso, el PVEM defiende que las nuevas placas vehiculares no son propaganda electoral, sino “un diseño moderno”. El PRI lo llama “absurdo”. Todos tienen razón, cada quien desde su butaca.
Quizá por eso la columna de Susuki Esmeralda G. titula desde Tamaulipas: “México en modo absurdo”. Y el mundo, desde España hasta Perú, se suma al coro. Porque lo que une a un político madrileño, a un campesino de Chihuahua y a un diputado verde es exactamente lo mismo: la certeza de que la realidad, a veces, no tiene sentido. Y que lo único que nos queda es contarlo como quien narra una obra de teatro donde todos los personajes creen llevar la batuta, cuando en realidad la orquesta no tiene director.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
4 de julio de 2026
La escena, contada con el tono de quien ve una función de teatro callejero, comenzó cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid aterrizó en el AIFA. Sonrisa de campaña, declaraciones a la prensa y una agenda que prometía “fortalecer lazos”. Pero los lazos se convirtieron en nudos. Sheinbaum, desde Palacio Nacional, calificó la visita de “fallida” y el gobierno español, vía su embajada, se apresuró a emitir un comunicado de desagravio. La izquierda local —Más Madrid, PSOE— corrió a pedir disculpas a la mandataria mexicana como si Ayuso hubiera llegado con un altavoz a la hora de la siesta.
Mientras tanto, en los campos del norte, la historia era otra. Un grupo de campesinos, con las manos agrietadas por el maíz y la tierra, calificó de “absurdo” el programa “Precio Justo” de la misma Sheinbaum. El aroma a tortilla tostada y diesel se mezcla con la furia de dos millones de productores que quedaron fuera del subsidio, mientras la importación de granos alcanza niveles históricos. “Nos prometen precio justo, pero nos dejan con el maíz en la bodega y las deudas en la puerta”, dijo uno, escupiendo una brizna de paja.
El absurdo no respeta bandos. Ayuso quiso hacer política exterior con gestos de TikTok; el gobierno federal lanza un programa que excluye justo a quienes más lo necesitan; y en el Congreso, el PVEM defiende que las nuevas placas vehiculares no son propaganda electoral, sino “un diseño moderno”. El PRI lo llama “absurdo”. Todos tienen razón, cada quien desde su butaca.
Quizá por eso la columna de Susuki Esmeralda G. titula desde Tamaulipas: “México en modo absurdo”. Y el mundo, desde España hasta Perú, se suma al coro. Porque lo que une a un político madrileño, a un campesino de Chihuahua y a un diputado verde es exactamente lo mismo: la certeza de que la realidad, a veces, no tiene sentido. Y que lo único que nos queda es contarlo como quien narra una obra de teatro donde todos los personajes creen llevar la batuta, cuando en realidad la orquesta no tiene director.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

