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Impersonal — 11 de julio de 2026 | Edicion para el cafe

por Opinia Lab
11 julio, 2026

Impersonal Vespertino

La realidad vista desde el espejo retrovisor

11 de julio de 2026

La presidenta Sheinbaum calificó de “visita fallida” el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México, pero lo que realmente falló fue la noción de que alguien puede venir a provocar a un país que ya ha visto de todo. La presidenta de la Comunidad de Madrid desembarcó con las botas de la polémica puestas, y se encontró con que aquí el ridículo no se regala, se gana a pulso.

El lunes 11 de julio amaneció con el eco del portazo. En un hotel de Polanco, Ayuso había intentado posar como adalid de la libertad frente al “autoritarismo” mexicano, pero los reflectores le jugaron en contra. Los carteles que ella misma promovió —con la imagen de presos políticos venezolanos y el lema “España también es libertad”— se desplomaron como castillo de naipes. El gobierno español, en un gesto inédito, se disculpó: “Ella ha ido a provocar y le ha salido mal”, dijeron desde La Moncloa. La izquierda madrileña pidió perdón a la jefa de Gobierno. Y la propia Sheinbaum, sin aspavientos, sentenció: “visita fallida”.

Pero lo interesante no es que Ayuso haya fracasado. Lo interesante es que ese fracaso se suma a una semana donde lo absurdo parece haberse tomado vacaciones en México. En Tenancingo, Estado de México, el alcalde y su cabildo aprobaron una partida para comprar un helicóptero de lujo, pero cuando los vecinos preguntaron por las calles sin pavimentar, respondieron: “Es que los baches son parte de nuestra cultura”. No lo dijeron en broma. Lo dijeron en sesión pública, grabada. Ahí, en el teatro del absurdo municipal, un edil explicó que el helicóptero servirá para “supervisar el progreso”. El progreso, se sabe, se ve mejor desde arriba.

Mientras tanto, en las canchas de la Concacaf y con la vista puesta en el Mundial 2026, las selecciones de Ecuador y México protagonizaron un partido que terminó en escándalo. Un jugador ecuatoriano insultó a un mexicano, la afición respondió con botellazos, y la prensa de ambos lados encontró en el fútbol una excusa perfecta para hablar de geopolítica. “El absurdo de justificar agresiones”, tituló un diario ecuatoriano. En redes, los memes llovieron: uno mostraba a Ayuso con la camiseta de Ecuador, otro a Sheinbaum pitando un fuera de lugar.

A dos centímetros de la realidad, como reza el making of de una obra de teatro que se estrena esta semana en la Ciudad de México, el director confesó que la política le parece tan inverosímil que decidió convertirla en espectáculo. “No es sátira”, dijo. “Es documentación”. La obra se llama «Los árboles no votan», y en una escena, un candidato promete plantar un bosque en el Zócalo. El público ríe. El candidato no entiende por qué.

Y es que en un país donde una gobernante extranjera viene a dar lecciones de libertad y se va con la cola entre las patas; donde un ayuntamiento compra un helicóptero mientras los niños juegan en calles de terracería; donde un partido de fútbol se convierte en excusa para odiarse un rato más; lo único que queda es reconocer que el absurdo no es un error de guión. Es el género que nos tocó vivir. O, como dice el cartel que alguien puso en la entrada de la Asamblea Legislativa de Madrid: “Bienvenidos al país de lo absurdo”. Pero aquí, querida Ayuso, nadie te invitó.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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El lunes 11 de julio amaneció con el eco del portazo. En un hotel de Polanco, Ayuso había intentado posar como adalid de la libertad frente al “autoritarismo” mexicano, pero los reflectores le jugaron en contra. Los carteles que ella misma promovió —con la imagen de presos políticos venezolanos y el lema “España también es libertad”— se desplomaron como castillo de naipes. El gobierno español, en un gesto inédito, se disculpó: “Ella ha ido a provocar y le ha salido mal”, dijeron desde La Moncloa. La izquierda madrileña pidió perdón a la jefa de Gobierno. Y la propia Sheinbaum, sin aspavientos, sentenció: “visita fallida”.

Pero lo interesante no es que Ayuso haya fracasado. Lo interesante es que ese fracaso se suma a una semana donde lo absurdo parece haberse tomado vacaciones en México. En Tenancingo, Estado de México, el alcalde y su cabildo aprobaron una partida para comprar un helicóptero de lujo, pero cuando los vecinos preguntaron por las calles sin pavimentar, respondieron: “Es que los baches son parte de nuestra cultura”. No lo dijeron en broma. Lo dijeron en sesión pública, grabada. Ahí, en el teatro del absurdo municipal, un edil explicó que el helicóptero servirá para “supervisar el progreso”. El progreso, se sabe, se ve mejor desde arriba.

Mientras tanto, en las canchas de la Concacaf y con la vista puesta en el Mundial 2026, las selecciones de Ecuador y México protagonizaron un partido que terminó en escándalo. Un jugador ecuatoriano insultó a un mexicano, la afición respondió con botellazos, y la prensa de ambos lados encontró en el fútbol una excusa perfecta para hablar de geopolítica. “El absurdo de justificar agresiones”, tituló un diario ecuatoriano. En redes, los memes llovieron: uno mostraba a Ayuso con la camiseta de Ecuador, otro a Sheinbaum pitando un fuera de lugar.

A dos centímetros de la realidad, como reza el making of de una obra de teatro que se estrena esta semana en la Ciudad de México, el director confesó que la política le parece tan inverosímil que decidió convertirla en espectáculo. “No es sátira”, dijo. “Es documentación”. La obra se llama «Los árboles no votan», y en una escena, un candidato promete plantar un bosque en el Zócalo. El público ríe. El candidato no entiende por qué.

Y es que en un país donde una gobernante extranjera viene a dar lecciones de libertad y se va con la cola entre las patas; donde un ayuntamiento compra un helicóptero mientras los niños juegan en calles de terracería; donde un partido de fútbol se convierte en excusa para odiarse un rato más; lo único que queda es reconocer que el absurdo no es un error de guión. Es el género que nos tocó vivir. O, como dice el cartel que alguien puso en la entrada de la Asamblea Legislativa de Madrid: “Bienvenidos al país de lo absurdo”. Pero aquí, querida Ayuso, nadie te invitó.

— El Espejo Retrovisor

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