Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de junio de 2026
El anuncio llegó con bombo: Claudia Sheinbaum prometía un precio justo para los productores. Pero el gobierno, con su letra menuda, dejó fuera del beneficio a los maiceros que cultivan en tierras de riego o bajo condiciones de temporal regular. Los técnicos dirán que es para focalizar el gasto. Los campesinos, como doña Isabel, lo traducen a su manera: “nosotros producimos el 60% del maíz nacional y a nosotros nos ignoran”.
Mientras tanto, en la Ciudad de México, la visita de Isabel Díaz Ayuso a la capital mexicana terminó en un rosario de declaraciones que sonaban a nana de cuna: que si la presidenta no la recibió, que si el embajador español pidió disculpas, que si el ridículo fue monumental. La izquierda madrileña se apresuró a pedir perdón en nombre de toda España, como si Ayuso hubiera ido a provocar a un toro bravo y el toro ni siquiera la hubiera visto.
La escena fue casi teatral: Ayuso llegó, se tomó fotos con algunos empresarios, habló de la “hermandad” entre los pueblos, y se fue. Sheinbaum, desde Palacio Nacional, la despachó con dos palabras: “visita fallida”. El eco de esa frase recorrió los pasillos de la prensa como un cuchillo afilado.
Pero en los campos de maíz, el ridículo no se mide en merolicos ni en fotos fallidas. Allí el absurdo es más tangible: las importaciones de maíz crecieron 12% en el primer semestre del año, según datos del SIAP. El programa que debía proteger al productor nacional dejó fuera a millones; el que debía garantizar la soberanía alimentaria se convirtió en un cheque para los agrocomerciantes.
Hay dos absurdos compitiendo por la atención: el de la derecha española que quiso jugar a la diplomacia sin fichas y el de la izquierda mexicana que promete precios justos pero pone candados que parecen de caja fuerte.
Doña Isabel, parada en la orilla de su parcela, escuchó una entrevista radiofónica donde un político decía que el programa era “histórico”. Ella apagó la radio, se limpió el sudor con el sombrero y murmuró: “Histórico será que nos dejen sembrando para que otros coman más barato”. Y allá en la capital, en las redes, Ayuso seguía siendo trending topic. El absurdo, como el maíz, termina siempre en la misma tierra: la que nadie mira.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de junio de 2026
El anuncio llegó con bombo: Claudia Sheinbaum prometía un precio justo para los productores. Pero el gobierno, con su letra menuda, dejó fuera del beneficio a los maiceros que cultivan en tierras de riego o bajo condiciones de temporal regular. Los técnicos dirán que es para focalizar el gasto. Los campesinos, como doña Isabel, lo traducen a su manera: “nosotros producimos el 60% del maíz nacional y a nosotros nos ignoran”.
Mientras tanto, en la Ciudad de México, la visita de Isabel Díaz Ayuso a la capital mexicana terminó en un rosario de declaraciones que sonaban a nana de cuna: que si la presidenta no la recibió, que si el embajador español pidió disculpas, que si el ridículo fue monumental. La izquierda madrileña se apresuró a pedir perdón en nombre de toda España, como si Ayuso hubiera ido a provocar a un toro bravo y el toro ni siquiera la hubiera visto.
La escena fue casi teatral: Ayuso llegó, se tomó fotos con algunos empresarios, habló de la “hermandad” entre los pueblos, y se fue. Sheinbaum, desde Palacio Nacional, la despachó con dos palabras: “visita fallida”. El eco de esa frase recorrió los pasillos de la prensa como un cuchillo afilado.
Pero en los campos de maíz, el ridículo no se mide en merolicos ni en fotos fallidas. Allí el absurdo es más tangible: las importaciones de maíz crecieron 12% en el primer semestre del año, según datos del SIAP. El programa que debía proteger al productor nacional dejó fuera a millones; el que debía garantizar la soberanía alimentaria se convirtió en un cheque para los agrocomerciantes.
Hay dos absurdos compitiendo por la atención: el de la derecha española que quiso jugar a la diplomacia sin fichas y el de la izquierda mexicana que promete precios justos pero pone candados que parecen de caja fuerte.
Doña Isabel, parada en la orilla de su parcela, escuchó una entrevista radiofónica donde un político decía que el programa era “histórico”. Ella apagó la radio, se limpió el sudor con el sombrero y murmuró: “Histórico será que nos dejen sembrando para que otros coman más barato”. Y allá en la capital, en las redes, Ayuso seguía siendo trending topic. El absurdo, como el maíz, termina siempre en la misma tierra: la que nadie mira.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

