Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de julio de 2026
Pero el mundo, y sobre todo México, no es un escenario de la Puerta del Sol. La presidenta Sheinbaum recibió el show con la frialdad de quien ve a un turista perdido en el Metro. “Visita fallida”, dictaminó desde Palacio Nacional, con esa economía de palabras que convierte un veredicto en epitafio. A lo lejos, en Madrid, desde un despacho con olor a naftalina, alguien corrigió el tiro: “Ella fue a provocar y le salió mal”. Como si provocar fuera un deporte olímpico y México el país donde las provocaciones se devuelven con más risa que coraje.
Horas después, la izquierda madrileña —siempre lista para pedir perdón por alguien más— ya buscaba a la cancillería mexicana para disculparse. Un ridículo con firma, sello y hasta nota de disculpa. Mientras tanto, en una cancha de tenis de la capital, un chileno sin apellido rimbombante le recordaba a Honduras y Argentina que México no tiene que castigar a nadie: “Ellos fallaron”, dijo, y en esa frase cabía todo el manual del absurdo geopolítico. En el fondo, lo único que quedó claro es que cuando un político español cruza el charco creyendo que va a dar una lección, termina aprendiendo una.
Y a todo esto, en las calles de la Ciudad de México, dos millones de campesinos se quedaron sin la promesa del “Precio Justo”. El programa que iba a salvar al maíz dejó fuera a quienes lo siembran. Ellos, que no necesitan disculpas ni visitas fallidas, solo que alguien les compre su cosecha sin que la secretaría de Hacienda los vea como números en una hoja de cálculo. Pero los reflectores, ya se sabe, prefieren las coreografías políticas que el golpeteo de una mazorca contra el suelo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de julio de 2026
Pero el mundo, y sobre todo México, no es un escenario de la Puerta del Sol. La presidenta Sheinbaum recibió el show con la frialdad de quien ve a un turista perdido en el Metro. “Visita fallida”, dictaminó desde Palacio Nacional, con esa economía de palabras que convierte un veredicto en epitafio. A lo lejos, en Madrid, desde un despacho con olor a naftalina, alguien corrigió el tiro: “Ella fue a provocar y le salió mal”. Como si provocar fuera un deporte olímpico y México el país donde las provocaciones se devuelven con más risa que coraje.
Horas después, la izquierda madrileña —siempre lista para pedir perdón por alguien más— ya buscaba a la cancillería mexicana para disculparse. Un ridículo con firma, sello y hasta nota de disculpa. Mientras tanto, en una cancha de tenis de la capital, un chileno sin apellido rimbombante le recordaba a Honduras y Argentina que México no tiene que castigar a nadie: “Ellos fallaron”, dijo, y en esa frase cabía todo el manual del absurdo geopolítico. En el fondo, lo único que quedó claro es que cuando un político español cruza el charco creyendo que va a dar una lección, termina aprendiendo una.
Y a todo esto, en las calles de la Ciudad de México, dos millones de campesinos se quedaron sin la promesa del “Precio Justo”. El programa que iba a salvar al maíz dejó fuera a quienes lo siembran. Ellos, que no necesitan disculpas ni visitas fallidas, solo que alguien les compre su cosecha sin que la secretaría de Hacienda los vea como números en una hoja de cálculo. Pero los reflectores, ya se sabe, prefieren las coreografías políticas que el golpeteo de una mazorca contra el suelo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

