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Impersonal — 28 de junio de 2026

por Opinia Lab
28 junio, 2026

Impersonal

La realidad vista desde el espejo retrovisor

28 de junio de 2026

Si la soberanía fuera una cobija, los políticos mexicanos ya la habrían puesto en remate en el Marketplace de Facebook. Resulta que mientras unos andan preocupados por si el “Pato Merlín” es marca registrada —y vaya que es un logro, al menos algo sale del país que no sea sangre o talento—, otros andan haciendo maletas virtuales para declararle la guerra a sus colegas a cambio de una palmada gringa. El New York Times soltó la sopa: la DEA ha estado reclutando acusadores locales como si fueran vendedores de seguros en un estadio. Y la respuesta del gobierno fue guardar los papeles de la CIA por cinco años, como quien esconde la ropa sucia debajo de la cama esperando que el olor desaparezca solo.

No invento, esto es más viejo que el pan duro. Desde que tengo memoria, el vecino del norte siempre ha tenido una llave de nuestro armario. Pero ahora la novedad es que los propios inquilinos del poder se prestan a abrir la puerta. ¿Qué sigue? ¿Que el embajador de Estados Unidos ponga música en los mítines de Morena? Porque el show ya está montado: mientras aquí discuten si los nuevos partidos políticos van a tener nombres de superhéroes o de marcas de refresco, los agentes de la DEA y la CIA se pasean por Chihuahua como turistas en la playa, solo que en vez de bronceadores cargan expedientes clasificados.

Y hablando de Chihuahua: en Gran Morelos hubo un enfrentamiento con dos muertos y dos coches calcinados, justo al lado de la planta de Heineken que presume ser la que menos agua usa para su cerveza. Detalle fino: la cerveza se hace con agua, pero la muerte se hace con pólvora. A lo mejor la solución es poner a los narcos a producir litros y litros de cerveza artesanal, así por lo menos se acabarían las balas y nos quedaría una cruda moral en vez de una masacre. Pero estamos en México, donde las cosas no se resuelven, se disimulan.

Lo del Crematorio Plenitud, a un año de su hallazgo, debería ser un monumento a la impunidad. 131 cuerpos sin identificar, familias sin duelo, y el caso sigue hervido a fuego lento en algún cajón de la fiscalía. En Ciudad Juárez se manifestaron colectivos, pero mientras tanto la calidad del aire anda en niveles de alerta, y el clima anuncia lluvia ligera y ambiente caluroso: una metáfora perfecta de este país, donde siempre hay una tormenta a punto de estallar pero nos conformamos con un chaparrón.

Mientras tanto, en la Ciudad de México la marcha del Orgullo pintó de colores las calles, y la economía del Pride mueve millones. Esa contradicción la entiendo: en medio de la podredumbre, la fiesta es necesaria. Pero no podemos vivir solo del baile cuando el piso está lleno de vidrios rotos.

La realidad vista desde el espejo retrovisor nos devuelve una imagen desoladora: vemos las curvas que ya tomamos, los baches que ya pasamos, pero no podemos ver lo que viene adelante. Y cuando el espejo está empañado por el cinismo, lo único que queda es preguntarse si vale la pena seguir manejando o si es mejor bajarse del coche y caminar entre los escombros. Porque si los agentes de la CIA y la DEA se sientan en la misma mesa que nuestros políticos, la frontera ya no está en el río: está en la conciencia de cada uno de nosotros.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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No invento, esto es más viejo que el pan duro. Desde que tengo memoria, el vecino del norte siempre ha tenido una llave de nuestro armario. Pero ahora la novedad es que los propios inquilinos del poder se prestan a abrir la puerta. ¿Qué sigue? ¿Que el embajador de Estados Unidos ponga música en los mítines de Morena? Porque el show ya está montado: mientras aquí discuten si los nuevos partidos políticos van a tener nombres de superhéroes o de marcas de refresco, los agentes de la DEA y la CIA se pasean por Chihuahua como turistas en la playa, solo que en vez de bronceadores cargan expedientes clasificados.

Y hablando de Chihuahua: en Gran Morelos hubo un enfrentamiento con dos muertos y dos coches calcinados, justo al lado de la planta de Heineken que presume ser la que menos agua usa para su cerveza. Detalle fino: la cerveza se hace con agua, pero la muerte se hace con pólvora. A lo mejor la solución es poner a los narcos a producir litros y litros de cerveza artesanal, así por lo menos se acabarían las balas y nos quedaría una cruda moral en vez de una masacre. Pero estamos en México, donde las cosas no se resuelven, se disimulan.

Lo del Crematorio Plenitud, a un año de su hallazgo, debería ser un monumento a la impunidad. 131 cuerpos sin identificar, familias sin duelo, y el caso sigue hervido a fuego lento en algún cajón de la fiscalía. En Ciudad Juárez se manifestaron colectivos, pero mientras tanto la calidad del aire anda en niveles de alerta, y el clima anuncia lluvia ligera y ambiente caluroso: una metáfora perfecta de este país, donde siempre hay una tormenta a punto de estallar pero nos conformamos con un chaparrón.

Mientras tanto, en la Ciudad de México la marcha del Orgullo pintó de colores las calles, y la economía del Pride mueve millones. Esa contradicción la entiendo: en medio de la podredumbre, la fiesta es necesaria. Pero no podemos vivir solo del baile cuando el piso está lleno de vidrios rotos.

La realidad vista desde el espejo retrovisor nos devuelve una imagen desoladora: vemos las curvas que ya tomamos, los baches que ya pasamos, pero no podemos ver lo que viene adelante. Y cuando el espejo está empañado por el cinismo, lo único que queda es preguntarse si vale la pena seguir manejando o si es mejor bajarse del coche y caminar entre los escombros. Porque si los agentes de la CIA y la DEA se sientan en la misma mesa que nuestros políticos, la frontera ya no está en el río: está en la conciencia de cada uno de nosotros.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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