Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
28 de junio de 2026
La Plaza de Armas, en el centro de Chihuahua, olía a asfalto caliente y a discurso ensayado. Ahí estaban los dos: Fox con su camisa blanca y su sonrisa de abuelo vendedor de seguros, Calderón con su gesto de quien siempre tiene la razón aunque la haya perdido hace años. Juntos, hombro con hombro, como si nunca se hubieran tirado cuchillos en público. La ocasión lo merecía: la marcha en apoyo a Maru Campos, a quien el PAN —con la voz de Marko Cortés— llama “perseguida política” mientras acusa a Morena de ir en picada.
—Absurdo que seas tú la perseguida —dijo Calderón, mirando a la gobernadora con esa ternura que solo los políticos saben fingir.
Fox asintió, agregó alguna frase sobre la dignidad y el norte del país, y la multitud aplaudió. Pero lo que realmente llamó la atención fue la coreografía: dos expresidentes que durante años se han tratado como enemigos íntimos, ahora unidos por una causa que, según las encuestas, no mueve el ánimo nacional. El PAN, por su parte, aprovechó para calificar de “ridícula” la contramarcha de Morena en la misma ciudad, como si el ridículo fuera patrimonio de un solo bando.
Y es que el absurdo no entiende de colores: mientras en Chihuahua Fox y Calderón se daban palmadas en la espalda, en la Ciudad de México el gobierno español se disculpaba con Sheinbaum por el “show” de Díaz Ayuso. Del otro lado del Atlántico, una gobernante regional viajó a provocar y le salió el tiro por la culata; en el norte de México, dos expresidentes se abrazaron para decir que la justicia es una farsa. El teatro político no descansa.
Lo más irónico: Fox y Calderón no se soportan. Lo saben sus colaboradores, lo saben los meseros de los restaurantes donde han comido por separado, lo sabe hasta el mármol de Los Pinos. Pero ahí estaban, dándose la mano frente a las cámaras, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si las rencillas personales se borraran cuando hay un enemigo común: el partido en el poder, que ellos mismos ayudaron a construir desde sus respectivos sexenios.
La marcha terminó, los discursos se desvanecieron en el aire caliente de Chihuahua. Fox subió a su camioneta, Calderón a la suya. No se despidieron con un abrazo; apenas un gesto. El absurdo, como siempre, duró lo que dura un mitin. Luego cada quien regresa a su realidad: uno a su rancho, el otro a sus tuits. Pero la imagen quedó: dos hombres que se odian, abrazando a una gobernadora que ellos mismos, en otros tiempos, habrían criticado. Así es la política mexicana: una obra de teatro donde los actores cambian de guión según el día.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
28 de junio de 2026
La Plaza de Armas, en el centro de Chihuahua, olía a asfalto caliente y a discurso ensayado. Ahí estaban los dos: Fox con su camisa blanca y su sonrisa de abuelo vendedor de seguros, Calderón con su gesto de quien siempre tiene la razón aunque la haya perdido hace años. Juntos, hombro con hombro, como si nunca se hubieran tirado cuchillos en público. La ocasión lo merecía: la marcha en apoyo a Maru Campos, a quien el PAN —con la voz de Marko Cortés— llama “perseguida política” mientras acusa a Morena de ir en picada.
—Absurdo que seas tú la perseguida —dijo Calderón, mirando a la gobernadora con esa ternura que solo los políticos saben fingir.
Fox asintió, agregó alguna frase sobre la dignidad y el norte del país, y la multitud aplaudió. Pero lo que realmente llamó la atención fue la coreografía: dos expresidentes que durante años se han tratado como enemigos íntimos, ahora unidos por una causa que, según las encuestas, no mueve el ánimo nacional. El PAN, por su parte, aprovechó para calificar de “ridícula” la contramarcha de Morena en la misma ciudad, como si el ridículo fuera patrimonio de un solo bando.
Y es que el absurdo no entiende de colores: mientras en Chihuahua Fox y Calderón se daban palmadas en la espalda, en la Ciudad de México el gobierno español se disculpaba con Sheinbaum por el “show” de Díaz Ayuso. Del otro lado del Atlántico, una gobernante regional viajó a provocar y le salió el tiro por la culata; en el norte de México, dos expresidentes se abrazaron para decir que la justicia es una farsa. El teatro político no descansa.
Lo más irónico: Fox y Calderón no se soportan. Lo saben sus colaboradores, lo saben los meseros de los restaurantes donde han comido por separado, lo sabe hasta el mármol de Los Pinos. Pero ahí estaban, dándose la mano frente a las cámaras, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si las rencillas personales se borraran cuando hay un enemigo común: el partido en el poder, que ellos mismos ayudaron a construir desde sus respectivos sexenios.
La marcha terminó, los discursos se desvanecieron en el aire caliente de Chihuahua. Fox subió a su camioneta, Calderón a la suya. No se despidieron con un abrazo; apenas un gesto. El absurdo, como siempre, duró lo que dura un mitin. Luego cada quien regresa a su realidad: uno a su rancho, el otro a sus tuits. Pero la imagen quedó: dos hombres que se odian, abrazando a una gobernadora que ellos mismos, en otros tiempos, habrían criticado. Así es la política mexicana: una obra de teatro donde los actores cambian de guión según el día.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

