Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de junio de 2026
No, no me malinterpreten: estoy seguro de que los padres buscadores que salen cada madrugada a rastrear a sus hijos en fosas clandestinas deben estar fascinados con este nuevo giro argumental. Mientras ellos buscan cuerpos, hay quienes deciden desaparecerse a sí mismos para salir en los periódicos. La realidad mexicana tiene la extraña virtud de hacer convivir la tragedia más profunda con el vodevil más absurdo, como si el guionista hubiera mezclado capítulos de “Los olvidados” con sketches de los ochenta.
Y para no variar, la economía no ayuda. Mientras el BBVA recorta su estimación de crecimiento al 1.2% y la industria automotriz despide a 107 mil personas en dos años, el gobierno se emociona con la derrama del Mundial. Es como si a tu casa se le estuviera cayendo el techo y tú celebraras que llegó el nuevo catálogo de cortinas. Sí, está bien, los aficionados gastarán hasta 214 mil pesos para ver un partido en la CDMX, pero luego alguien ebrio atropella a seis que festejaban en Chihuahua y uno recuerda que aquí hasta la alegría tiene precio de liquidación.
Mientras, en el norte, la gobernadora de Chihuahua insiste en que no olvidemos el caso Rocha y defiende la soberanía, como si pedirle cuentas al gobierno federal fuera un acto de rebeldía y no de sentido común. Y en el sur, Colombia elige un gobierno de ultraderecha mientras su presidente saliente denuncia irregularidades. Todo parece indicar que el espejo retrovisor no miente: vemos lo que dejamos atrás, pero siempre con la certeza de que el camino adelante está lleno de los mismos baches, solo que con nombres distintos.
Porque la realidad, mi estimado lector, tiene esa maldita costumbre de mirarnos desde atrás: cuando crees que avanzas, lo que ves en el retrovisor es exactamente el mismo paisaje de hace veinte años, solo que más oxidado. Y lo más incómodo no es reconocerlo, sino saber que hay quienes prefieren hacerse los que no voltean, para no tener que aceptar que el viaje no lleva a ninguna parte.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de junio de 2026
No, no me malinterpreten: estoy seguro de que los padres buscadores que salen cada madrugada a rastrear a sus hijos en fosas clandestinas deben estar fascinados con este nuevo giro argumental. Mientras ellos buscan cuerpos, hay quienes deciden desaparecerse a sí mismos para salir en los periódicos. La realidad mexicana tiene la extraña virtud de hacer convivir la tragedia más profunda con el vodevil más absurdo, como si el guionista hubiera mezclado capítulos de “Los olvidados” con sketches de los ochenta.
Y para no variar, la economía no ayuda. Mientras el BBVA recorta su estimación de crecimiento al 1.2% y la industria automotriz despide a 107 mil personas en dos años, el gobierno se emociona con la derrama del Mundial. Es como si a tu casa se le estuviera cayendo el techo y tú celebraras que llegó el nuevo catálogo de cortinas. Sí, está bien, los aficionados gastarán hasta 214 mil pesos para ver un partido en la CDMX, pero luego alguien ebrio atropella a seis que festejaban en Chihuahua y uno recuerda que aquí hasta la alegría tiene precio de liquidación.
Mientras, en el norte, la gobernadora de Chihuahua insiste en que no olvidemos el caso Rocha y defiende la soberanía, como si pedirle cuentas al gobierno federal fuera un acto de rebeldía y no de sentido común. Y en el sur, Colombia elige un gobierno de ultraderecha mientras su presidente saliente denuncia irregularidades. Todo parece indicar que el espejo retrovisor no miente: vemos lo que dejamos atrás, pero siempre con la certeza de que el camino adelante está lleno de los mismos baches, solo que con nombres distintos.
Porque la realidad, mi estimado lector, tiene esa maldita costumbre de mirarnos desde atrás: cuando crees que avanzas, lo que ves en el retrovisor es exactamente el mismo paisaje de hace veinte años, solo que más oxidado. Y lo más incómodo no es reconocerlo, sino saber que hay quienes prefieren hacerse los que no voltean, para no tener que aceptar que el viaje no lleva a ninguna parte.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

