Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
21 de junio de 2026
Ebrard sale con que si Estados Unidos no extiende el tratado, propondremos una revisión cada diez años. Suena bonito: como cambiarle el nombre al Titanic después de chocar contra el iceberg. El problema no es la frecuencia de las revisiones, es que mientras discutimos si el barco se hunde o rema, los pasajeros de tercera clase —es decir, usted y yo— ya estamos haciendo agua. Las 269 solicitudes de extradición, la reunión con el embajador gringo para hablar de migración, todo ese baile diplomático es el ruido de fondo de un país que no sabe si estar aquí o allá, como el primo borracho en una fiesta que abraza a todos pero a nadie en serio.
Y mientras los secretarios de Gobernación y Relaciones Exteriores se toman la foto con el embajador, en Chihuahua un sujeto ebrio atropella a seis aficionados que celebraban el triunfo de México sobre Corea. Seis personas festejando un gol, y un pendejo al volante las convierte en estadística. Nadie habla de eso en las mesas de debate. No, allá se discute si el OPLE de Michoacán perdió la cabeza, o si el caso Rocha Moya es un problema de resonancia, como si la política fuera una marca de jabón. La periferia importa, dicen los analistas. Claro que importa: la periferia es donde la gente muere de verdad, no donde se desangran los consejeros electorales.
Miro el espejo retrovisor y veo un país que lleva tres décadas atado al T-MEC como un paciente a un respirador artificial. Slim invierte 5 mil millones y Sheinbaum anuncia consultas “escuela por escuela” para calmar a la CNTE. Todo es maquillaje: el PIB no crece, el calor en Juárez derrite el asfalto, y las marchas de la diversidad llenan las calles mientras las balas vacían las casas. La realidad siempre llega después, cuando ya no la esperas, y te das cuenta de que el futuro no es un horizonte: es un espejo que te devuelve la misma jodida cara de siempre, solo que más cansada.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
21 de junio de 2026
Ebrard sale con que si Estados Unidos no extiende el tratado, propondremos una revisión cada diez años. Suena bonito: como cambiarle el nombre al Titanic después de chocar contra el iceberg. El problema no es la frecuencia de las revisiones, es que mientras discutimos si el barco se hunde o rema, los pasajeros de tercera clase —es decir, usted y yo— ya estamos haciendo agua. Las 269 solicitudes de extradición, la reunión con el embajador gringo para hablar de migración, todo ese baile diplomático es el ruido de fondo de un país que no sabe si estar aquí o allá, como el primo borracho en una fiesta que abraza a todos pero a nadie en serio.
Y mientras los secretarios de Gobernación y Relaciones Exteriores se toman la foto con el embajador, en Chihuahua un sujeto ebrio atropella a seis aficionados que celebraban el triunfo de México sobre Corea. Seis personas festejando un gol, y un pendejo al volante las convierte en estadística. Nadie habla de eso en las mesas de debate. No, allá se discute si el OPLE de Michoacán perdió la cabeza, o si el caso Rocha Moya es un problema de resonancia, como si la política fuera una marca de jabón. La periferia importa, dicen los analistas. Claro que importa: la periferia es donde la gente muere de verdad, no donde se desangran los consejeros electorales.
Miro el espejo retrovisor y veo un país que lleva tres décadas atado al T-MEC como un paciente a un respirador artificial. Slim invierte 5 mil millones y Sheinbaum anuncia consultas “escuela por escuela” para calmar a la CNTE. Todo es maquillaje: el PIB no crece, el calor en Juárez derrite el asfalto, y las marchas de la diversidad llenan las calles mientras las balas vacían las casas. La realidad siempre llega después, cuando ya no la esperas, y te das cuenta de que el futuro no es un horizonte: es un espejo que te devuelve la misma jodida cara de siempre, solo que más cansada.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

