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Impersonal — 19 de junio de 2026

por Opinia Lab
19 junio, 2026

Impersonal

La realidad vista desde el espejo retrovisor

19 de junio de 2026

México es ese tipo que celebra un gol como si hubiera ganado la guerra, mientras afuera le están tocando la puerta los marines. Ayer explotó la Plaza del Ángel, el Rey de España vino a ver el partido y Sheinbaum le habló de pueblos originarios, mientras el vicepresidente de Estados Unidos confesaba que no sabe dónde queda este país pero ya amenaza con invadirlo. ¿Alguien tiene el control remoto? Porque esto parece una telenovela donde cambian de canal a medio capítulo.

El futbol siempre ha sido el mejor tapete para barrer la suciedad debajo. Mientras México y Corea del Sur se partían la madre en la cancha, Felipe VI demostró que una patada al balón abre más puertas que veinte años de diplomacia institucional. Y uno ve las imágenes y piensa: qué bonito, qué unión. Pero luego lee que JD Vance, el segundo al mando del imperio, dice que no conoce México y suelta amenazas militares como quien pide la cuenta en un restaurante. Claro, Monreal lo calificó de “despropósito mundial”, pero el despropósito real es que necesitemos un partido de futbol para sentirnos orgullosos de algo.

Mientras tanto, Trump sigue practicando bullying político desde su jaula de cristal, el T-MEC avanza a paso de tortuga con osteoporosis, y la Secretaría de Economía anuncia que digitalizamos 692 mil negocios con tarjetas de crédito. Bien por ellos. Pero uno ve el video de la alcaldesa que fingió su secuestro para desviar millones, y Sheinbaum recomendándola, y entonces el gol de México sabe a cerveza caliente. Porque la realidad es que ganamos un partido, sí, pero el marcador de la dignidad nacional sigue en ceros.

Y ahí está el espejo retrovisor: siempre vemos lo que ya pasó, el gol, la celebración, la foto con el Rey. Pero lo que viene por delante, eso que llaman futuro, está empañado por el vaho de la fiesta. Y uno se pregunta si no será que preferimos mirar hacia atrás porque adelante solo hay curvas y ninguna luz.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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El futbol siempre ha sido el mejor tapete para barrer la suciedad debajo. Mientras México y Corea del Sur se partían la madre en la cancha, Felipe VI demostró que una patada al balón abre más puertas que veinte años de diplomacia institucional. Y uno ve las imágenes y piensa: qué bonito, qué unión. Pero luego lee que JD Vance, el segundo al mando del imperio, dice que no conoce México y suelta amenazas militares como quien pide la cuenta en un restaurante. Claro, Monreal lo calificó de “despropósito mundial”, pero el despropósito real es que necesitemos un partido de futbol para sentirnos orgullosos de algo.

Mientras tanto, Trump sigue practicando bullying político desde su jaula de cristal, el T-MEC avanza a paso de tortuga con osteoporosis, y la Secretaría de Economía anuncia que digitalizamos 692 mil negocios con tarjetas de crédito. Bien por ellos. Pero uno ve el video de la alcaldesa que fingió su secuestro para desviar millones, y Sheinbaum recomendándola, y entonces el gol de México sabe a cerveza caliente. Porque la realidad es que ganamos un partido, sí, pero el marcador de la dignidad nacional sigue en ceros.

Y ahí está el espejo retrovisor: siempre vemos lo que ya pasó, el gol, la celebración, la foto con el Rey. Pero lo que viene por delante, eso que llaman futuro, está empañado por el vaho de la fiesta. Y uno se pregunta si no será que preferimos mirar hacia atrás porque adelante solo hay curvas y ninguna luz.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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