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Impersonal — 10 de julio de 2026 | Edicion para el cafe

por Opinia Lab
10 julio, 2026

Impersonal Vespertino

La realidad vista desde el espejo retrovisor

10 de julio de 2026

En el teatro de la política mexicana, donde los reflectores alumbran más las payasadas que las propuestas, una obra llamada ¡MUAK! se atreve a convertir el absurdo en espectáculo. Pero, ¿y si el verdadero show está allá afuera, en las conferencias y las giras?

La sala huele a madera vieja y a café de máquina. Las butacas están llenas, casi todas. Sofía Montaño, directora de ¡MUAK!, dijo a Infobae que la obra nació de ver cómo los políticos hablan sin decir nada, cómo gesticulan como personajes de caricatura. En el escenario, un actor con el peinado de cierta gobernante madrileña levanta la ceja y suelta una frase que el público reconoce al instante: “He venido a provocar”. La risa estalla, pero no es una risa limpia; tiene un dejo de reconocimiento, de saber que eso no es ficción.

Porque mientras en el teatro se ríen, afuera la vida real es un loop de ridiculeces. La presidenta Sheinbaum calificó de “visita fallida” el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México. El diario El País titula que a Ayuso “le ha salido mal” su intento de provocar. Excélsior, en su columna de la mañana, simplemente definió el momento: “El país de lo absurdo”. No se refería a uno solo, sino a todos.

Hay algo hipnótico en ver cómo los políticos compiten por ver quién dice la tontería más monumental. El PAN acusó a Morena de “ir en picada” y llamó “ridícula” a una marcha en Chihuahua. En respuesta, Morena probablemente llamará ridículo al PAN. Y así, en espejos enfrentados, el absurdo se multiplica hasta que nadie recuerda qué era lo importante.

Pero la obra de teatro no se burla solo de los políticos. También retrata al público: ese mismo que ahora aplaude cuando el actor imita a un presidente ecuatoriano diciendo una sandez sobre fútbol. El público ríe de sí mismo, y ahí está el verdadero golpe. Porque todos somos parte del espectáculo, desde el comentarista deportivo que justifica agresiones entre selecciones hasta el campesino que califica de “absurdo” el programa Precio Justo porque deja fuera a dos millones de productores de maíz.

Afuera del teatro, el país importa más maíz que nunca. Los campesinos lo dijeron con una claridad que ninguna puesta en escena podría igualar. Pero nadie los escucha porque el ruido del show es ensordecedor.

Al final, cuando cae el telón y los actores saludan, un hombre en la fila cinco dice en voz baja: “Esto es más real que las noticias”. Y tiene razón. El teatro del absurdo ya se mudó a Palacio Nacional, a las giras, a las declaraciones. La pregunta es: ¿quién está escribiendo el guion y por qué todos lo seguimos?

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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La sala huele a madera vieja y a café de máquina. Las butacas están llenas, casi todas. Sofía Montaño, directora de ¡MUAK!, dijo a Infobae que la obra nació de ver cómo los políticos hablan sin decir nada, cómo gesticulan como personajes de caricatura. En el escenario, un actor con el peinado de cierta gobernante madrileña levanta la ceja y suelta una frase que el público reconoce al instante: “He venido a provocar”. La risa estalla, pero no es una risa limpia; tiene un dejo de reconocimiento, de saber que eso no es ficción.

Porque mientras en el teatro se ríen, afuera la vida real es un loop de ridiculeces. La presidenta Sheinbaum calificó de “visita fallida” el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México. El diario El País titula que a Ayuso “le ha salido mal” su intento de provocar. Excélsior, en su columna de la mañana, simplemente definió el momento: “El país de lo absurdo”. No se refería a uno solo, sino a todos.

Hay algo hipnótico en ver cómo los políticos compiten por ver quién dice la tontería más monumental. El PAN acusó a Morena de “ir en picada” y llamó “ridícula” a una marcha en Chihuahua. En respuesta, Morena probablemente llamará ridículo al PAN. Y así, en espejos enfrentados, el absurdo se multiplica hasta que nadie recuerda qué era lo importante.

Pero la obra de teatro no se burla solo de los políticos. También retrata al público: ese mismo que ahora aplaude cuando el actor imita a un presidente ecuatoriano diciendo una sandez sobre fútbol. El público ríe de sí mismo, y ahí está el verdadero golpe. Porque todos somos parte del espectáculo, desde el comentarista deportivo que justifica agresiones entre selecciones hasta el campesino que califica de “absurdo” el programa Precio Justo porque deja fuera a dos millones de productores de maíz.

Afuera del teatro, el país importa más maíz que nunca. Los campesinos lo dijeron con una claridad que ninguna puesta en escena podría igualar. Pero nadie los escucha porque el ruido del show es ensordecedor.

Al final, cuando cae el telón y los actores saludan, un hombre en la fila cinco dice en voz baja: “Esto es más real que las noticias”. Y tiene razón. El teatro del absurdo ya se mudó a Palacio Nacional, a las giras, a las declaraciones. La pregunta es: ¿quién está escribiendo el guion y por qué todos lo seguimos?

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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