Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de julio de 2026
El problema no es que surjan nuevos partidos; el problema es que todos son como cambiar la funda de una almohada que ya huele a sudor de décadas. “Restaurar la República” suena bonito, pero en la práctica significa lo mismo de siempre: repartirse el pastel mientras el horno se quema. Mientras tanto, la economía mexicana crece un 2.2 por ciento —que es como presumir que subiste un escalón en una escalera mecánica que va hacia abajo— y Banxico ya no puede mover las tasas porque el monstruo de la inflación sigue ahí, agazapado. No hay tasas que bajen ni discursos que curen.
Y ya que hablamos de cosas que no se restauran, allá en Ciudad Juárez se cumplió un año del “caso Crematorio Plenitud”: 131 cuerpos sin identificar, familias congeladas en un duelo que nunca termina, y un limbo de impunidad que parece más eterno que la telenovela de las 9. Eso no se restaura ni con decreto ni con partido nuevo. Eso son heridas que el Estado deja pudrir mientras los políticos se toman la foto con la bandera.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, es que siempre llegamos tarde. Llegamos tarde a reconocer que los partidos no salvan a la gente, que la economía es una bicicleta con una llanta ponchada y que los cuerpos sin nombre son la verdadera estadística de un país que prefiere celebrar un gol a hacer las paces con sus muertos. La República no se restaura: se repara con silencio, con olvido y con la certeza de que, al final, siempre seremos el país del “ya mero”.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de julio de 2026
El problema no es que surjan nuevos partidos; el problema es que todos son como cambiar la funda de una almohada que ya huele a sudor de décadas. “Restaurar la República” suena bonito, pero en la práctica significa lo mismo de siempre: repartirse el pastel mientras el horno se quema. Mientras tanto, la economía mexicana crece un 2.2 por ciento —que es como presumir que subiste un escalón en una escalera mecánica que va hacia abajo— y Banxico ya no puede mover las tasas porque el monstruo de la inflación sigue ahí, agazapado. No hay tasas que bajen ni discursos que curen.
Y ya que hablamos de cosas que no se restauran, allá en Ciudad Juárez se cumplió un año del “caso Crematorio Plenitud”: 131 cuerpos sin identificar, familias congeladas en un duelo que nunca termina, y un limbo de impunidad que parece más eterno que la telenovela de las 9. Eso no se restaura ni con decreto ni con partido nuevo. Eso son heridas que el Estado deja pudrir mientras los políticos se toman la foto con la bandera.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, es que siempre llegamos tarde. Llegamos tarde a reconocer que los partidos no salvan a la gente, que la economía es una bicicleta con una llanta ponchada y que los cuerpos sin nombre son la verdadera estadística de un país que prefiere celebrar un gol a hacer las paces con sus muertos. La República no se restaura: se repara con silencio, con olvido y con la certeza de que, al final, siempre seremos el país del “ya mero”.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

