Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
20 de junio de 2026
Mientras tanto, en Oaxaca, la CNTE decidió hacer un “cese estratégico” de su movilización. Traducción: los niños pobres de México pueden respirar un poco, pero solo hasta que llegue el siguiente paro. Porque aquí las víctimas siempre son los mismos: los que no tienen quien les grite “gol” en un estadio, los que no tienen un político que les prometa el oro y el mazo, los que se quedan sin clases mientras los maestros negocian sus derechos con el gobierno en una partida de póker donde las únicas fichas son los futuros.
Y hablando de negociaciones, en el otro lado del tablero, Ebrard ya tiene plan B para el T-MEC. Resulta que si Trump no quiere extenderlo, México propone una revisión cada diez años, como si el libre comercio fuera un chequeo médico: “A ver, saque la lengua, respire profundo, ¿duele aquí?” Duele siempre. Duele cuando la frontera se blinda mientras las familias salvadoreñas buscan a sus desaparecidos con apoyo de la ONU, duele cuando la economía no avanza ni de broma y el único dato que crece es el número de personas que se preguntan cómo llegamos hasta acá.
La realidad vista desde el espejo retrovisor no es bonita: ves las luces de los festejos apagándose, ves los cuerpos en el asfalto, ves las promesas de reconciliación con España y las afiliaciones de un nuevo partido que se llama “Somos México” como si el país necesitara más nombres y menos hechos. Al final, lo único que queda es el reflejo de un país que avanza hacia adelante pero siempre mirando hacia atrás, porque es más fácil culpar al pasado que asumir que el volante lo tiene uno. Y el acelerador, también.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
20 de junio de 2026
Mientras tanto, en Oaxaca, la CNTE decidió hacer un “cese estratégico” de su movilización. Traducción: los niños pobres de México pueden respirar un poco, pero solo hasta que llegue el siguiente paro. Porque aquí las víctimas siempre son los mismos: los que no tienen quien les grite “gol” en un estadio, los que no tienen un político que les prometa el oro y el mazo, los que se quedan sin clases mientras los maestros negocian sus derechos con el gobierno en una partida de póker donde las únicas fichas son los futuros.
Y hablando de negociaciones, en el otro lado del tablero, Ebrard ya tiene plan B para el T-MEC. Resulta que si Trump no quiere extenderlo, México propone una revisión cada diez años, como si el libre comercio fuera un chequeo médico: “A ver, saque la lengua, respire profundo, ¿duele aquí?” Duele siempre. Duele cuando la frontera se blinda mientras las familias salvadoreñas buscan a sus desaparecidos con apoyo de la ONU, duele cuando la economía no avanza ni de broma y el único dato que crece es el número de personas que se preguntan cómo llegamos hasta acá.
La realidad vista desde el espejo retrovisor no es bonita: ves las luces de los festejos apagándose, ves los cuerpos en el asfalto, ves las promesas de reconciliación con España y las afiliaciones de un nuevo partido que se llama “Somos México” como si el país necesitara más nombres y menos hechos. Al final, lo único que queda es el reflejo de un país que avanza hacia adelante pero siempre mirando hacia atrás, porque es más fácil culpar al pasado que asumir que el volante lo tiene uno. Y el acelerador, también.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

