Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
24 de agosto de 2026
El gobernador Rocha dice que se va, que su licencia es “lo mejor para Sinaloa”, y la presidenta Sheinbaum lo celebra como quien festeja que el inquilino problemático al fin pague la renta y se largue. Pero aquí el problema no es el inquilino: es que el edificio entero tiene los cimientos podridos. Que un gobernador deje el cargo es noticia, sí, pero cuando lo acompañan detenciones, pugnas internas y un director de la DEA hablando de funcionarios mexicanos que “trabajan directamente con cárteles”, lo que tenemos no es una renuncia: es una radiografía echada a perder.
La detención de Fausto Corrales agita la política sinaloense como sacudir una botella de refresco antes de abrirla: todos saben que va a explotar, pero nadie quiere limpiar el desastre. La oposición, por su parte, ya pide un perfil “anti Rocha” en Sinaloa, como si con cambiar al portero bastara para que el estadio no se caiga. Y mientras tanto, desde Estados Unidos, la DEA lanza sus dardos y México responde con diplomacia de utilería: “no compartimos esa opinión, tenemos datos, demostraremos que el transbordo chino es mínimo”. Lo que callamos es que el problema nunca fue el origen de la mercancía, sino el cobijo de los jefes.
Y si miras al norte, Chihuahua, la misma entidad que presume ruinas prehispánicas y calor de infierno, registra una tasa de suicidios que rebasa el promedio nacional y se acerca a la de Estados Unidos. Noventa y nueve muertos por el calor en México, desplazados forzados que piden atención federal, y nosotros midiendo cuánto tarda la fila para cruzar a El Paso. El espejo retrovisor nos muestra el paisaje, pero nadie quiere voltear hacia el cadáver que va en la cajuela.
Dicen que la realidad se ve mejor viendo hacia atrás, por el espejo retrovisor. Y claro, ahí todo parece más ordenado: la crisis ya pasó, el muerto ya no estorba, el gobernador ya renunció. Pero el espejo también deforma, y a veces lo que vemos no es el pasado sino el reflejo del futuro que no queremos aceptar: un país donde la política se cocina en la misma olla que el crimen, donde el calor mata, donde el que se va no se va del todo y el que se queda aplaude para no llorar. Lo más incómodo no es saber que el crimen se infiltró en la política. Es reconocer que ya no sabemos dónde termina uno y empieza el otro, y que el retrovisor, por más que lo limpiemos, sigue mostrando la misma mancha.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
24 de agosto de 2026
El gobernador Rocha dice que se va, que su licencia es “lo mejor para Sinaloa”, y la presidenta Sheinbaum lo celebra como quien festeja que el inquilino problemático al fin pague la renta y se largue. Pero aquí el problema no es el inquilino: es que el edificio entero tiene los cimientos podridos. Que un gobernador deje el cargo es noticia, sí, pero cuando lo acompañan detenciones, pugnas internas y un director de la DEA hablando de funcionarios mexicanos que “trabajan directamente con cárteles”, lo que tenemos no es una renuncia: es una radiografía echada a perder.
La detención de Fausto Corrales agita la política sinaloense como sacudir una botella de refresco antes de abrirla: todos saben que va a explotar, pero nadie quiere limpiar el desastre. La oposición, por su parte, ya pide un perfil “anti Rocha” en Sinaloa, como si con cambiar al portero bastara para que el estadio no se caiga. Y mientras tanto, desde Estados Unidos, la DEA lanza sus dardos y México responde con diplomacia de utilería: “no compartimos esa opinión, tenemos datos, demostraremos que el transbordo chino es mínimo”. Lo que callamos es que el problema nunca fue el origen de la mercancía, sino el cobijo de los jefes.
Y si miras al norte, Chihuahua, la misma entidad que presume ruinas prehispánicas y calor de infierno, registra una tasa de suicidios que rebasa el promedio nacional y se acerca a la de Estados Unidos. Noventa y nueve muertos por el calor en México, desplazados forzados que piden atención federal, y nosotros midiendo cuánto tarda la fila para cruzar a El Paso. El espejo retrovisor nos muestra el paisaje, pero nadie quiere voltear hacia el cadáver que va en la cajuela.
Dicen que la realidad se ve mejor viendo hacia atrás, por el espejo retrovisor. Y claro, ahí todo parece más ordenado: la crisis ya pasó, el muerto ya no estorba, el gobernador ya renunció. Pero el espejo también deforma, y a veces lo que vemos no es el pasado sino el reflejo del futuro que no queremos aceptar: un país donde la política se cocina en la misma olla que el crimen, donde el calor mata, donde el que se va no se va del todo y el que se queda aplaude para no llorar. Lo más incómodo no es saber que el crimen se infiltró en la política. Es reconocer que ya no sabemos dónde termina uno y empieza el otro, y que el retrovisor, por más que lo limpiemos, sigue mostrando la misma mancha.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

