Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
3 de agosto de 2026
Decir que México es amigo de todo el mundo mientras Chihuahua y Sinaloa compiten por el título no oficial de capital del espanto es como presumir la sobremesa cuando la casa se está quemando: nadie puede tragar. La economía crece, dicen, como si el PIB se comiera con cuchara y los muertos fueran solo estadística de relleno.
Claro, hay que verle el lado amable: llegó Inventec con sus 450 millones de dólares a Ciudad Juárez, justo la ciudad donde el agua ahora tiene pasaporte y se va a Israel mientras los vecinos marchan con carteles que dicen “Por el agua y por Palestina”. Qué bonito: la inversión extranjera llega volando, el líquido se va volando, y los que se quedan solo pueden alzar la voz y el puño, porque ni siquiera el grifo les respeta la hora de apertura.
Y en eso, el síndico de los tratados internacionales, Robert Lighthizer, sale a decir que paralizar la economía mexicana sería muy malo para Estados Unidos. O sea: nos quieren vivos, pero no demasiado. Como al gallo de peleas: que camine, que vuele un poco, que ponga huevos de oro, pero que no haga ruido cuando le corten las alas. La Coparmex, por su lado, pide que no dependamos solo de tratados. Tienen razón: ya bastante tenemos con depender de la lluvia, de la voluntad del vecino y de que no se les ocurra a los políticos otra ocurrencia luminosa.
Mientras tanto, el Canal Once vuelve a su casa después de que los estudiantes del IPN la ocuparan por más de dos meses. Y uno piensa: qué bonito que la televisión pública recupere sus instalaciones. Ojalá alguien recupere también el sentido común de creer que un examen de la UNAM se resuelve con un curso exprés de fin de semana, como si el conocimiento fuera un taco al pastor: rápido, barato y con mucho adorno encima.
Y en el Top 50 de los políticos jóvenes más influyentes del país aparece un tal García Parra, único poblano en la lista. Felicidades. Supongo que ser influyente hoy consiste en salir en las listas de los que salen en las listas. Mientras tanto, en la calle, la gente marcha, el agua se va, los drones sobrevuelan Chihuahua como moscas aburridas, y el feminicidio de la influencer Valeria Márquez encuentra a un presunto coautor, como si encontrar a uno de los muchos engranes de la maquinaria de la impunidad fuera motivo de celebración.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, siempre muestra un paisaje más nítido, aunque sea el paisaje de lo que ya no podemos cambiar. Mañana veremos el crecimiento económico de nuevo, la inversión extranjera, las marchas, las promesas. Pero cuando uno avanza, el espejo devuelve la imagen de todo lo que quedó atrás: el agua que se fue, los muertos que no volvieron, las instalaciones recuperadas pero vacías de significado. Lo más incómodo no es que el futuro no llegue. Es que llegue disfrazado de repetido, y nosotros, con la vista al frente, sigamos aplaudiendo las mismas mentiras que ya conocemos de memoria.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
3 de agosto de 2026
Decir que México es amigo de todo el mundo mientras Chihuahua y Sinaloa compiten por el título no oficial de capital del espanto es como presumir la sobremesa cuando la casa se está quemando: nadie puede tragar. La economía crece, dicen, como si el PIB se comiera con cuchara y los muertos fueran solo estadística de relleno.
Claro, hay que verle el lado amable: llegó Inventec con sus 450 millones de dólares a Ciudad Juárez, justo la ciudad donde el agua ahora tiene pasaporte y se va a Israel mientras los vecinos marchan con carteles que dicen “Por el agua y por Palestina”. Qué bonito: la inversión extranjera llega volando, el líquido se va volando, y los que se quedan solo pueden alzar la voz y el puño, porque ni siquiera el grifo les respeta la hora de apertura.
Y en eso, el síndico de los tratados internacionales, Robert Lighthizer, sale a decir que paralizar la economía mexicana sería muy malo para Estados Unidos. O sea: nos quieren vivos, pero no demasiado. Como al gallo de peleas: que camine, que vuele un poco, que ponga huevos de oro, pero que no haga ruido cuando le corten las alas. La Coparmex, por su lado, pide que no dependamos solo de tratados. Tienen razón: ya bastante tenemos con depender de la lluvia, de la voluntad del vecino y de que no se les ocurra a los políticos otra ocurrencia luminosa.
Mientras tanto, el Canal Once vuelve a su casa después de que los estudiantes del IPN la ocuparan por más de dos meses. Y uno piensa: qué bonito que la televisión pública recupere sus instalaciones. Ojalá alguien recupere también el sentido común de creer que un examen de la UNAM se resuelve con un curso exprés de fin de semana, como si el conocimiento fuera un taco al pastor: rápido, barato y con mucho adorno encima.
Y en el Top 50 de los políticos jóvenes más influyentes del país aparece un tal García Parra, único poblano en la lista. Felicidades. Supongo que ser influyente hoy consiste en salir en las listas de los que salen en las listas. Mientras tanto, en la calle, la gente marcha, el agua se va, los drones sobrevuelan Chihuahua como moscas aburridas, y el feminicidio de la influencer Valeria Márquez encuentra a un presunto coautor, como si encontrar a uno de los muchos engranes de la maquinaria de la impunidad fuera motivo de celebración.
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, siempre muestra un paisaje más nítido, aunque sea el paisaje de lo que ya no podemos cambiar. Mañana veremos el crecimiento económico de nuevo, la inversión extranjera, las marchas, las promesas. Pero cuando uno avanza, el espejo devuelve la imagen de todo lo que quedó atrás: el agua que se fue, los muertos que no volvieron, las instalaciones recuperadas pero vacías de significado. Lo más incómodo no es que el futuro no llegue. Es que llegue disfrazado de repetido, y nosotros, con la vista al frente, sigamos aplaudiendo las mismas mentiras que ya conocemos de memoria.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

