Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
16 de junio de 2026
Mientras los reflectores del estadio iluminan las sonrisas de los que siempre están en la foto, en Chihuahua el agua se lleva los techos y en Ciudad Juárez el alcalde comparece ante un Congreso que parece más interesado en la foto que en las facturas. La lluvia no respeta partidos, pero los políticos sí saben cuándo mojarse: justo cuando hay cámara.
Y luego está el equipo de la DEA, el FBI y la CIA, que llegaron a México sin pedir permiso, como ese cuñado que entra al refri sin tocar. Sheinbaum los puso en su lugar: “respeten las reglas”. Pero uno se pregunta: si las reglas de cooperación fueran tan claras, ¿por qué los gringos siguen operando como si esto fuera su patio trasero? Ah, claro, porque el narcotráfico no entiende de soberanía, pero los políticos sí entienden de declaraciones para la tribuna.
En la economía, el Mundial promete un gol, pero los 692 mil negocios que se digitalizaron con tarjetas de crédito saben que la fiesta no paga las comisiones. Y mientras la Anáhuac se suma a “Hecho en México”, la UNAM organiza coloquios de economía feminista: dos formas de ver el mismo país, una desde la torre de marfil y otra desde el cubículo de la excelencia.
La realidad vista desde el espejo retrovisor es que siempre celebramos el gol cuando el partido ya terminó, y los que festejan son los mismos que estuvieron en la foto del palco, mientras abajo, en la calle, la gente sigue esperando que el árbitro cobre el penalti que nunca llega. Porque la única apuesta segura en México es que siempre habrá una próxima inauguración, y que los que ponen el balón nunca son los que lo patean.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
16 de junio de 2026
Mientras los reflectores del estadio iluminan las sonrisas de los que siempre están en la foto, en Chihuahua el agua se lleva los techos y en Ciudad Juárez el alcalde comparece ante un Congreso que parece más interesado en la foto que en las facturas. La lluvia no respeta partidos, pero los políticos sí saben cuándo mojarse: justo cuando hay cámara.
Y luego está el equipo de la DEA, el FBI y la CIA, que llegaron a México sin pedir permiso, como ese cuñado que entra al refri sin tocar. Sheinbaum los puso en su lugar: “respeten las reglas”. Pero uno se pregunta: si las reglas de cooperación fueran tan claras, ¿por qué los gringos siguen operando como si esto fuera su patio trasero? Ah, claro, porque el narcotráfico no entiende de soberanía, pero los políticos sí entienden de declaraciones para la tribuna.
En la economía, el Mundial promete un gol, pero los 692 mil negocios que se digitalizaron con tarjetas de crédito saben que la fiesta no paga las comisiones. Y mientras la Anáhuac se suma a “Hecho en México”, la UNAM organiza coloquios de economía feminista: dos formas de ver el mismo país, una desde la torre de marfil y otra desde el cubículo de la excelencia.
La realidad vista desde el espejo retrovisor es que siempre celebramos el gol cuando el partido ya terminó, y los que festejan son los mismos que estuvieron en la foto del palco, mientras abajo, en la calle, la gente sigue esperando que el árbitro cobre el penalti que nunca llega. Porque la única apuesta segura en México es que siempre habrá una próxima inauguración, y que los que ponen el balón nunca son los que lo patean.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

