Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de agosto de 2026
Si el Congreso de Chihuahua decidiera convertirse en una pasarela de reality show, no lo habría hecho mejor: mientras los diputados discutían con la seriedad de un niño haciendo berrinche, unas mujeres trans se quitaron la ropa para demostrar lo obvio. Y lo más triste no es el espectáculo, sino que nadie en esa sala entendió que el problema no es lo que muestran los cuerpos, sino lo que esconden las credenciales.
Resulta que para debatir los derechos de las personas trans, lo más eficiente es un striptease político. Porque claro, cuando los argumentos no alcanzan, siempre queda el recurso de la anatomía como prueba pericial. Las mujeres trans llegaron a ese recinto a pedir reconocimiento, y salieron convertidas en noticia roja. En México, hasta la dignidad se negocia en cuotas.
Lo mejor es que los diputados, esos guardianes de la moral pública, se escandalizaron. Un escándalo que les dura lo que tarda en llegar el siguiente tuit. Porque eso sí: para indignarse por lo que pasa en el Congreso, este país tiene una capacidad infinita. Para indignarse por lo que no pasa, por las leyes que nunca llegan, por las vidas que se quedan en el limbo, ahí sí nos hacemos weyes.
Y mientras tanto, Juárez sigue siendo la capital de los homicidios en Chihuahua, con 38 muertos en julio, como quien cuenta las piezas de un inventario macabro. El año pasado, Chihuahua fue el segundo estado con más accidentes viales. Pero claro, allá afuera está el desierto, las tormentas de arena, la violencia que no se detiene ni para tomar aire. Mientras adentro, los congresistas se pelean por saber quién tiene más derecho a llamarse mujer.
Lo más cínico del asunto es que la economía crece 1.5 por ciento, el Banco Mundial quiere subirse al Plan México, y la UNAM anda cambiando secretarios generales como quien cambia de calcetines. Todo avanza. Todo progresa. Las moscas liberadas para frenar plagas cumplen su función, y hasta las flores de cempasúchil ya se siembran en el valle para adornar el Día de Muertos. Qué bonito: la vida y la muerte trabajando horas extras para que el espectáculo continúe.
Al final, uno ve estas cosas desde el espejo retrovisor y descubre que la realidad no es lo que pasa, sino lo que elegimos ver de lo que pasó. Los cuerpos que se desnudaron en el Congreso ya se vistieron, pero la desnudez del sistema—esa falta de pudor para ignorar lo esencial—esa sí sigue ahí, exhibida, esperando que alguien tenga el valor de no mirar hacia otro lado. La próxima vez que alguien grite “esto es una mujer trans”, mejor que el Congreso conteste: “y esto, ¿qué carajos tiene que ver con mis derechos?”
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de agosto de 2026
Si el Congreso de Chihuahua decidiera convertirse en una pasarela de reality show, no lo habría hecho mejor: mientras los diputados discutían con la seriedad de un niño haciendo berrinche, unas mujeres trans se quitaron la ropa para demostrar lo obvio. Y lo más triste no es el espectáculo, sino que nadie en esa sala entendió que el problema no es lo que muestran los cuerpos, sino lo que esconden las credenciales.
Resulta que para debatir los derechos de las personas trans, lo más eficiente es un striptease político. Porque claro, cuando los argumentos no alcanzan, siempre queda el recurso de la anatomía como prueba pericial. Las mujeres trans llegaron a ese recinto a pedir reconocimiento, y salieron convertidas en noticia roja. En México, hasta la dignidad se negocia en cuotas.
Lo mejor es que los diputados, esos guardianes de la moral pública, se escandalizaron. Un escándalo que les dura lo que tarda en llegar el siguiente tuit. Porque eso sí: para indignarse por lo que pasa en el Congreso, este país tiene una capacidad infinita. Para indignarse por lo que no pasa, por las leyes que nunca llegan, por las vidas que se quedan en el limbo, ahí sí nos hacemos weyes.
Y mientras tanto, Juárez sigue siendo la capital de los homicidios en Chihuahua, con 38 muertos en julio, como quien cuenta las piezas de un inventario macabro. El año pasado, Chihuahua fue el segundo estado con más accidentes viales. Pero claro, allá afuera está el desierto, las tormentas de arena, la violencia que no se detiene ni para tomar aire. Mientras adentro, los congresistas se pelean por saber quién tiene más derecho a llamarse mujer.
Lo más cínico del asunto es que la economía crece 1.5 por ciento, el Banco Mundial quiere subirse al Plan México, y la UNAM anda cambiando secretarios generales como quien cambia de calcetines. Todo avanza. Todo progresa. Las moscas liberadas para frenar plagas cumplen su función, y hasta las flores de cempasúchil ya se siembran en el valle para adornar el Día de Muertos. Qué bonito: la vida y la muerte trabajando horas extras para que el espectáculo continúe.
Al final, uno ve estas cosas desde el espejo retrovisor y descubre que la realidad no es lo que pasa, sino lo que elegimos ver de lo que pasó. Los cuerpos que se desnudaron en el Congreso ya se vistieron, pero la desnudez del sistema—esa falta de pudor para ignorar lo esencial—esa sí sigue ahí, exhibida, esperando que alguien tenga el valor de no mirar hacia otro lado. La próxima vez que alguien grite “esto es una mujer trans”, mejor que el Congreso conteste: “y esto, ¿qué carajos tiene que ver con mis derechos?”
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

