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Impersonal — 18 de agosto de 2026

por Opinia Lab
18 agosto, 2026

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La realidad vista desde el espejo retrovisor

18 de agosto de 2026

Si el Congreso de la Ciudad de México va a impartir un “Taller de Formación Política Ciudadana”, me pregunto si los instructores serán los mismos que hacen filas para pedir aumento de sueldo mientras el país se incendia. Porque en la tierra donde el gusano barrenador se come al ganado en Chihuahua y la economía se arrastra como serpiente con fractura, lo único que necesita formación ciudadana es la clase política: que aprendan a leer la realidad antes de seguir actuando como si gobernar fuera un concurso de disfraces.

Ahí están los datos, que no son míos sino de la vida misma: el estancamiento económico ya despertó hasta a los que dormían en conferencias, y mientras unos piden certezas sobre el Plan México, una hamburguesería internacional se ríe en nuestra cara con promociones que parecen burla. No es para menos. Tenemos una economía que los expertos describen con eufemismos y la gente describe con frases mucho más cortas y menos publicables.

Y en Chihuahua, mientras tanto, el gusano barrenador pasa de ser un problema rural a ser un invitado distinguido en Ciudad Juárez. Porque cuando la política de soberanía se llena la boca hablando de bienestar, alguien debería explicarles a los ganaderos que su problema no se resuelve con discursos sino con acciones de sanidad animal. Pero claro, es más fácil inaugurar talleres que fumigar el territorio.

Mientras tanto, en el mundo, un expresidente amenaza con bombardear Omán “sin piedad” como quien ordena una pizza. Y aquí seguimos discutiendo si la política climática es la nueva política industrial, cuando ni siquiera hemos resuelto la política del agua, la de la luz o la de que la gente tenga para comer todos los días. La gran paradoja mexicana: podemos debatir el futuro de la gobernanza del siglo XIX mientras el presente nos atropella.

Cierran librerías históricas —66 años de Ediciones Era se van al desván del olvido— porque la cultura también es víctima de esta economía que no termina de arrancar. Y en la UNAM los muchachos sudan en los exámenes de admisión, compitiendo por un lugar que quizá tampoco les garantice nada, excepto la oportunidad de tener un título que les enseñe a sobrevivir en un país donde hasta el clima anda cambiando de humor.

La realidad vista desde el espejo retrovisor siempre duele porque muestra lo que ya pasó y no volverá. Ahí van los libros que ya no se imprimen, los empleos que ya no se crean, el ganado que ya no se salva, la inocencia de los que todavía creen que un taller de política ciudadana va a cambiar algo. Cuando miramos hacia atrás no vemos tragedias individuales sino el mapa de nuestras decisiones colectivas. Y lo más incómodo no es lo que vemos, sino saber que quienes debían conducir el vehículo iban viendo el paisaje desde el asiento trasero, siempre mirando el retrovisor, sin atreverse nunca a tomar el volante.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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Ahí están los datos, que no son míos sino de la vida misma: el estancamiento económico ya despertó hasta a los que dormían en conferencias, y mientras unos piden certezas sobre el Plan México, una hamburguesería internacional se ríe en nuestra cara con promociones que parecen burla. No es para menos. Tenemos una economía que los expertos describen con eufemismos y la gente describe con frases mucho más cortas y menos publicables.

Y en Chihuahua, mientras tanto, el gusano barrenador pasa de ser un problema rural a ser un invitado distinguido en Ciudad Juárez. Porque cuando la política de soberanía se llena la boca hablando de bienestar, alguien debería explicarles a los ganaderos que su problema no se resuelve con discursos sino con acciones de sanidad animal. Pero claro, es más fácil inaugurar talleres que fumigar el territorio.

Mientras tanto, en el mundo, un expresidente amenaza con bombardear Omán “sin piedad” como quien ordena una pizza. Y aquí seguimos discutiendo si la política climática es la nueva política industrial, cuando ni siquiera hemos resuelto la política del agua, la de la luz o la de que la gente tenga para comer todos los días. La gran paradoja mexicana: podemos debatir el futuro de la gobernanza del siglo XIX mientras el presente nos atropella.

Cierran librerías históricas —66 años de Ediciones Era se van al desván del olvido— porque la cultura también es víctima de esta economía que no termina de arrancar. Y en la UNAM los muchachos sudan en los exámenes de admisión, compitiendo por un lugar que quizá tampoco les garantice nada, excepto la oportunidad de tener un título que les enseñe a sobrevivir en un país donde hasta el clima anda cambiando de humor.

La realidad vista desde el espejo retrovisor siempre duele porque muestra lo que ya pasó y no volverá. Ahí van los libros que ya no se imprimen, los empleos que ya no se crean, el ganado que ya no se salva, la inocencia de los que todavía creen que un taller de política ciudadana va a cambiar algo. Cuando miramos hacia atrás no vemos tragedias individuales sino el mapa de nuestras decisiones colectivas. Y lo más incómodo no es lo que vemos, sino saber que quienes debían conducir el vehículo iban viendo el paisaje desde el asiento trasero, siempre mirando el retrovisor, sin atreverse nunca a tomar el volante.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

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