Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de agosto de 2026
Hay algo profundamente mexicano en mandar 718 toneladas de ayuda a Venezuela mientras en Chihuahua la gente se trepa a las banquetas a exigir que no nos roben el agua: somos el país de la caridad internacional y la avaricia doméstica, el que abre la puerta de par en par para los demás y cierra con candado el tinaco de su propia casa. ¿O alguien cree que los mismos que aplauden la solidaridad con Caracas van a salir a defender el río que se lleva su propio municipio?
Mire usted: en Ciudad Juárez marchan contra el convenio de la Junta Central de Agua y Saneamiento con una agencia israelí. Los manifestantes dicen que no quieren que vengan a “modernizar” el sistema hidráulico mientras el líquido brilla por su ausencia en las colonias. Yo, que soy mal pensado, creo que el verdadero problema no es que venga Israel a robarse el agua; el verdadero problema es que el agua ya no está para que nadie la robe. Pero claro, el show político necesita un villano extranjero porque los locales no venden boletos.
Mientras tanto, la disputa por el poder en Chihuahua se dirime adentro de Morena, dice la gente que sabe. El partido oficial se pelea entre sus propias tribus y los que se quedaron afuera ya formaron su propio grupo con nombre de producto de limpieza: Somos México. Carolina Monroy y el Grupo Atlacomulco entran al quite. Nada más faltaba que el siguiente capítulo de esta telenovela se llamara “La venganza del rancho”. Porque a esto hemos llegado: la política mexicana ya no es un sistema de partidos, es un concurso de quién le pone el nombre más optimista a su organización para esconder el mismo objetivo de siempre.
Lo más cínico de todo es que el PIB “sorprende” con un alza de 2.1 por ciento, pero esa noticia me suena como cuando el enfermo de gravedad tiene un día de mejoría y la familia se pone a celebrar. El Mundial empujó la economía, dice el reporte, y el efecto fue temporal. Como casi todo en este país: las alegrías vienen de prestado y se van sin despedirse. El Banco BASE dice que la política energética limita el desarrollo de los data centers; o sea, no tenemos ni agua ni luz, pero según las cifras vamos de maravilla. El espejo retrovisor no miente: lo que vemos es un país que confunde los indicadores con la realidad.
Y luego está el accidente del autobús menonita en Madera, Chihuahua: un muerto y 25 heridos porque la carretera se desbarrancó. Los menonitas, que llegaron a México huyendo de la persecución hace décadas, ahora huyen de la mala infraestructura con la misma suerte. En la misma entidad, las autoridades dicen que avanzan los trabajos de rehabilitación en la carretera Chihuahua-Ciudad Juárez. Fresando pavimento, claro. No faltaba más: cuando el camino se cae, ahí está el fresado para aplaudir la obra pública con los restos del accidente.
La realidad se ve mejor por el espejo retrovisor porque todo lo que dejamos atrás adquiere una nitidez que el presente no tiene. Ahí vemos las promesas, los convenios, las caravanas de solidaridad y las cifras del PIB, todas juntas en el mismo bulto. Lo incómodo no es mirar hacia atrás; lo incómodo es darse cuenta de que el camino que hemos recorrido no lleva a ninguna parte. Que mientras mandamos harina a Venezuela, nos ahogamos en nuestras propias contradicciones. Y que la próxima vez que alguien grite “¡el agua es nuestra!”, será porque en algún escritorio, con vista a nada, alguien ya la cambió por votos, negocios y pacotilla política. Atrás quedó todo. Y adelante… no sale nada.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de agosto de 2026
Hay algo profundamente mexicano en mandar 718 toneladas de ayuda a Venezuela mientras en Chihuahua la gente se trepa a las banquetas a exigir que no nos roben el agua: somos el país de la caridad internacional y la avaricia doméstica, el que abre la puerta de par en par para los demás y cierra con candado el tinaco de su propia casa. ¿O alguien cree que los mismos que aplauden la solidaridad con Caracas van a salir a defender el río que se lleva su propio municipio?
Mire usted: en Ciudad Juárez marchan contra el convenio de la Junta Central de Agua y Saneamiento con una agencia israelí. Los manifestantes dicen que no quieren que vengan a “modernizar” el sistema hidráulico mientras el líquido brilla por su ausencia en las colonias. Yo, que soy mal pensado, creo que el verdadero problema no es que venga Israel a robarse el agua; el verdadero problema es que el agua ya no está para que nadie la robe. Pero claro, el show político necesita un villano extranjero porque los locales no venden boletos.
Mientras tanto, la disputa por el poder en Chihuahua se dirime adentro de Morena, dice la gente que sabe. El partido oficial se pelea entre sus propias tribus y los que se quedaron afuera ya formaron su propio grupo con nombre de producto de limpieza: Somos México. Carolina Monroy y el Grupo Atlacomulco entran al quite. Nada más faltaba que el siguiente capítulo de esta telenovela se llamara “La venganza del rancho”. Porque a esto hemos llegado: la política mexicana ya no es un sistema de partidos, es un concurso de quién le pone el nombre más optimista a su organización para esconder el mismo objetivo de siempre.
Lo más cínico de todo es que el PIB “sorprende” con un alza de 2.1 por ciento, pero esa noticia me suena como cuando el enfermo de gravedad tiene un día de mejoría y la familia se pone a celebrar. El Mundial empujó la economía, dice el reporte, y el efecto fue temporal. Como casi todo en este país: las alegrías vienen de prestado y se van sin despedirse. El Banco BASE dice que la política energética limita el desarrollo de los data centers; o sea, no tenemos ni agua ni luz, pero según las cifras vamos de maravilla. El espejo retrovisor no miente: lo que vemos es un país que confunde los indicadores con la realidad.
Y luego está el accidente del autobús menonita en Madera, Chihuahua: un muerto y 25 heridos porque la carretera se desbarrancó. Los menonitas, que llegaron a México huyendo de la persecución hace décadas, ahora huyen de la mala infraestructura con la misma suerte. En la misma entidad, las autoridades dicen que avanzan los trabajos de rehabilitación en la carretera Chihuahua-Ciudad Juárez. Fresando pavimento, claro. No faltaba más: cuando el camino se cae, ahí está el fresado para aplaudir la obra pública con los restos del accidente.
La realidad se ve mejor por el espejo retrovisor porque todo lo que dejamos atrás adquiere una nitidez que el presente no tiene. Ahí vemos las promesas, los convenios, las caravanas de solidaridad y las cifras del PIB, todas juntas en el mismo bulto. Lo incómodo no es mirar hacia atrás; lo incómodo es darse cuenta de que el camino que hemos recorrido no lleva a ninguna parte. Que mientras mandamos harina a Venezuela, nos ahogamos en nuestras propias contradicciones. Y que la próxima vez que alguien grite “¡el agua es nuestra!”, será porque en algún escritorio, con vista a nada, alguien ya la cambió por votos, negocios y pacotilla política. Atrás quedó todo. Y adelante… no sale nada.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

