Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
23 de mayo de 2026
Resulta que el aumento salarial a los legisladores no fue un error de dedo, sino una decisión razonada: según ellos, necesario para “mantener la competitividad” frente al sector privado. O sea, igual que cuando un asaltante te dice que necesita tu cartera para invertir en su futuro. La diferencia es que el asaltante al menos tiene el valor de la honestidad criminal.
Y mientras tanto, las lluvias de esta semana dejaron colonias enteras bajo el agua en Tabasco, pero los fideicomisos para desastres parecen laberintos chic: mucho anuncio, pocos taparros. Las cámaras graban a funcionarios dándose palmadas en la espalda frente a costales de arena que nunca llegarán a las colonias. Como dice el dicho: el pueblo se moja, los políticos se filman.
Lo más grotesco del circo es la naturalidad con que se mueven las piezas. Nadie se sonroja porque saben que la memoria colectiva dura lo que un video de TikTok. Mientras el pobre cuenta monedas para la tortilla, ellos cuentan votos. Mientras la gente se endeuda para pagar gasolina, ellos negocian comisiones. La democracia mexicana se parece cada vez más a un partido de lucha libre donde los rudos y los técnicos son los mismos y el público paga la entrada.
Uno termina entendiendo que la verdadera constante en este país no es la corrupción, sino la resignación. Aceptamos los aumentos como aceptamos los baches, los feminicidios y los discursos de cada primero de diciembre. Porque al final, el espejo retrovisor de la realidad no refleja el futuro que nos prometieron, sino el mismo paisaje de siempre: la misma carretera llena de hoyancos, y al fondo, la sonrisa del político que vende la gasolina para parchar uno, mientras su compadre maneja la máquina que los hace más grandes.
— Piter Parker
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
23 de mayo de 2026
Resulta que el aumento salarial a los legisladores no fue un error de dedo, sino una decisión razonada: según ellos, necesario para “mantener la competitividad” frente al sector privado. O sea, igual que cuando un asaltante te dice que necesita tu cartera para invertir en su futuro. La diferencia es que el asaltante al menos tiene el valor de la honestidad criminal.
Y mientras tanto, las lluvias de esta semana dejaron colonias enteras bajo el agua en Tabasco, pero los fideicomisos para desastres parecen laberintos chic: mucho anuncio, pocos taparros. Las cámaras graban a funcionarios dándose palmadas en la espalda frente a costales de arena que nunca llegarán a las colonias. Como dice el dicho: el pueblo se moja, los políticos se filman.
Lo más grotesco del circo es la naturalidad con que se mueven las piezas. Nadie se sonroja porque saben que la memoria colectiva dura lo que un video de TikTok. Mientras el pobre cuenta monedas para la tortilla, ellos cuentan votos. Mientras la gente se endeuda para pagar gasolina, ellos negocian comisiones. La democracia mexicana se parece cada vez más a un partido de lucha libre donde los rudos y los técnicos son los mismos y el público paga la entrada.
Uno termina entendiendo que la verdadera constante en este país no es la corrupción, sino la resignación. Aceptamos los aumentos como aceptamos los baches, los feminicidios y los discursos de cada primero de diciembre. Porque al final, el espejo retrovisor de la realidad no refleja el futuro que nos prometieron, sino el mismo paisaje de siempre: la misma carretera llena de hoyancos, y al fondo, la sonrisa del político que vende la gasolina para parchar uno, mientras su compadre maneja la máquina que los hace más grandes.
— Piter Parker
Columnista. Cinico. Observador.

