Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
14 de septiembre de 2026
En algún escritorio alguien decidió que el gran triunfo del año es tener casi pleno empleo. La segunda tasa de desempleo más baja del club de los países que se creen ricos. Suena a canción de desamor: todos trabajan, nadie alcanza. Porque la otra noticia es que se acabó el dinero barato. O sea: hay chamba, pero la chamba ya no compra lo que compraba. Felicidades a los empleados del milagro, que ahora trabajan el doble para deber el triple.
Y en esa misma lógica nos anuncian el adiós al efectivo. La economía digital, le dicen. Un mundo sin billetes suena limpio, moderno, casi higiénico, hasta que recuerdas que cada vez que alguien dice “digital” está construyendo una ventanilla más donde te van a pedir permiso para usar tu propio dinero. El billete tiene una virtud que odian los sistemas perfectos: no deja rastro, no pide contraseña, no se cae cuando se cae el servidor. ¿Será por eso que le tienen tanta prisa?
Mientras tanto, en Chihuahua el fin de semana fue de esos que no salen en los folletos: un helicóptero policial recibido a balazos, un cuerpo envuelto en cobijas con mensajito adjunto, y un exlugarteniente condenado a 29 años que probablemente ya tenía su plan de retiro calculado para antes. El mismo estado donde se organiza una carrera binacional de diez kilómetros y donde alguien proclama que esta será la madre de todas las batallas. Correr diez kilómetros está bien; el problema es cuando los corres porque te vienen persiguiendo.
Y arriba, en el púlpito, la liturgia de siempre: que México determina su destino, que ejerce su soberanía, que las instituciones son sólidas. Bonito. Las instituciones son tan sólidas que una de ellas tuvo que aterrizar bajo fuego. La soberanía se decreta en la mañana con boletín y se ejecuta en la sierra por la tarde con plomo.
Ah, y también debaten si la inteligencia artificial nos va a extinguir. Tranquilos: aquí la inteligencia natural lleva décadas en vías de extinción y nadie ha convocado una cumbre.
El espejo retrovisor no miente, y por eso casi nadie lo mira. Ahí atrás quedaron los billetes manoseados, los sueldos que alcanzaban, los muertos que ya no son noticia y las promesas que envejecieron sin cumplirse. Vamos a toda velocidad hacia el futuro eficiente: sin efectivo, sin fricción, sin rastro. Y en el retrovisor, empequeñeciéndose, va lo último que fuimos: la generación que todavía podía pagar sin que nadie llevara la cuenta. Lo incómodo no es que este viaje no tenga reversa. Lo incómodo es que el que maneja no voltea.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
14 de septiembre de 2026
En algún escritorio alguien decidió que el gran triunfo del año es tener casi pleno empleo. La segunda tasa de desempleo más baja del club de los países que se creen ricos. Suena a canción de desamor: todos trabajan, nadie alcanza. Porque la otra noticia es que se acabó el dinero barato. O sea: hay chamba, pero la chamba ya no compra lo que compraba. Felicidades a los empleados del milagro, que ahora trabajan el doble para deber el triple.
Y en esa misma lógica nos anuncian el adiós al efectivo. La economía digital, le dicen. Un mundo sin billetes suena limpio, moderno, casi higiénico, hasta que recuerdas que cada vez que alguien dice “digital” está construyendo una ventanilla más donde te van a pedir permiso para usar tu propio dinero. El billete tiene una virtud que odian los sistemas perfectos: no deja rastro, no pide contraseña, no se cae cuando se cae el servidor. ¿Será por eso que le tienen tanta prisa?
Mientras tanto, en Chihuahua el fin de semana fue de esos que no salen en los folletos: un helicóptero policial recibido a balazos, un cuerpo envuelto en cobijas con mensajito adjunto, y un exlugarteniente condenado a 29 años que probablemente ya tenía su plan de retiro calculado para antes. El mismo estado donde se organiza una carrera binacional de diez kilómetros y donde alguien proclama que esta será la madre de todas las batallas. Correr diez kilómetros está bien; el problema es cuando los corres porque te vienen persiguiendo.
Y arriba, en el púlpito, la liturgia de siempre: que México determina su destino, que ejerce su soberanía, que las instituciones son sólidas. Bonito. Las instituciones son tan sólidas que una de ellas tuvo que aterrizar bajo fuego. La soberanía se decreta en la mañana con boletín y se ejecuta en la sierra por la tarde con plomo.
Ah, y también debaten si la inteligencia artificial nos va a extinguir. Tranquilos: aquí la inteligencia natural lleva décadas en vías de extinción y nadie ha convocado una cumbre.
El espejo retrovisor no miente, y por eso casi nadie lo mira. Ahí atrás quedaron los billetes manoseados, los sueldos que alcanzaban, los muertos que ya no son noticia y las promesas que envejecieron sin cumplirse. Vamos a toda velocidad hacia el futuro eficiente: sin efectivo, sin fricción, sin rastro. Y en el retrovisor, empequeñeciéndose, va lo último que fuimos: la generación que todavía podía pagar sin que nadie llevara la cuenta. Lo incómodo no es que este viaje no tenga reversa. Lo incómodo es que el que maneja no voltea.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

