Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
13 de septiembre de 2026
Apenas se apagó el eco de sus palabras, en Madrid empezaron a buscar el parche. La izquierda de la capital, el Gobierno de España, los mismos que discuten con ella todos los días en la Puerta del Sol, salieron a ofrecer disculpas a la presidenta Claudia Sheinbaum. Unos por vergüenza, otros por oficio diplomático. “Ha ido a provocar y le ha salido mal”, sentenció el Gobierno español, frase que en boca de un funcionario suena menos a reproche que a parte médico.
En los kioscos, la prensa lo bautizó sin anestesia: “Ayuso conquista el ridículo”, “la política del absurdo”. Desde Palacio Nacional, la presidenta tomó el adjetivo y lo puso a trabajar: la supuesta pugna con Andrés Manuel López Obrador es, dijo, “absolutamente absurda”. Quien haya visto a la derecha española aterrizar en la Ciudad de México con las preguntas equivocadas entiende el diagnóstico. Traía un discurso y le salió una escenografía.
El mismo día, más al norte, la palabra volvió a aparecer. En Nuevo México, los vecinos vieron llegar desde Washington unos mapas con un nombre distinto para su territorio. “Es ridículo, es absurdo”, contestaron frente a la cámara, con ese tono cansado de quien ya no discute con la geografía sino con quien la dibuja. La frontera no se movió ni un milímetro. El papel sí.
Así transcurrió el día: tres usos de la misma palabra, un mismo desconcierto repartido entre dos continentes. En Madrid, un gobierno ajeno pidiendo perdón por la boca de otro. En México, una presidenta desactivando un pleito que nadie recordaba haber declarado. En Santa Fe, un mapa con pretensiones de ventrílocuo. La política como género de ficción, con vestuario importado y aplausos medidos por un cronómetro.
Al final, lo único que cruzó el Atlántico con seguridad no fueron las ideas ni los acuerdos, sino las disculpas. Y la palabra que anduvo de gira, repetida en tres husos horarios, fue una sola: absurdo. Queda una duda razonable para el regreso: ¿alguien le avisó a la viajera que el ridículo no paga exceso de equipaje?
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
13 de septiembre de 2026
Apenas se apagó el eco de sus palabras, en Madrid empezaron a buscar el parche. La izquierda de la capital, el Gobierno de España, los mismos que discuten con ella todos los días en la Puerta del Sol, salieron a ofrecer disculpas a la presidenta Claudia Sheinbaum. Unos por vergüenza, otros por oficio diplomático. “Ha ido a provocar y le ha salido mal”, sentenció el Gobierno español, frase que en boca de un funcionario suena menos a reproche que a parte médico.
En los kioscos, la prensa lo bautizó sin anestesia: “Ayuso conquista el ridículo”, “la política del absurdo”. Desde Palacio Nacional, la presidenta tomó el adjetivo y lo puso a trabajar: la supuesta pugna con Andrés Manuel López Obrador es, dijo, “absolutamente absurda”. Quien haya visto a la derecha española aterrizar en la Ciudad de México con las preguntas equivocadas entiende el diagnóstico. Traía un discurso y le salió una escenografía.
El mismo día, más al norte, la palabra volvió a aparecer. En Nuevo México, los vecinos vieron llegar desde Washington unos mapas con un nombre distinto para su territorio. “Es ridículo, es absurdo”, contestaron frente a la cámara, con ese tono cansado de quien ya no discute con la geografía sino con quien la dibuja. La frontera no se movió ni un milímetro. El papel sí.
Así transcurrió el día: tres usos de la misma palabra, un mismo desconcierto repartido entre dos continentes. En Madrid, un gobierno ajeno pidiendo perdón por la boca de otro. En México, una presidenta desactivando un pleito que nadie recordaba haber declarado. En Santa Fe, un mapa con pretensiones de ventrílocuo. La política como género de ficción, con vestuario importado y aplausos medidos por un cronómetro.
Al final, lo único que cruzó el Atlántico con seguridad no fueron las ideas ni los acuerdos, sino las disculpas. Y la palabra que anduvo de gira, repetida en tres husos horarios, fue una sola: absurdo. Queda una duda razonable para el regreso: ¿alguien le avisó a la viajera que el ridículo no paga exceso de equipaje?
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

