Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
14 de septiembre de 2026
La escena tuvo su coreografía: una presidenta regional que aterriza en Ciudad de México con agenda propia, comitiva, fotos y un par de frases que nadie midió antes de decirlas. Del otro lado, el anfitrión optó por el protocolo y por el silencio. Cuando el avión de regreso ya cruzaba el Atlántico, en Madrid empezaron a contar los daños. El veredicto del gobierno español fue quirúrgico: había ido a provocar a México y le había salido mal.
Lo extraordinario vino después. La izquierda de Madrid, y luego el propio gobierno de España, salieron a disculparse con la presidenta mexicana. No por ellos: por ella. Un país pidiendo perdón a otro por el viaje de una de sus figuras más mediáticas. La disculpa cruzó el océano en primera clase, con escolta y comunicado, mientras la aludida seguía sin retractarse, cosechando el titular que un diario le dedicó sin anestesia: conquistó el ridículo.
Del lado mexicano, la semana tuvo otra palabra favorita. En Palacio, entre vasos de agua y preguntas de las siete de la mañana, Sheinbaum la repitió como quien espanta moscas: absurdo. Absurdo, el supuesto respaldo a una intervención militar en México que atribuyó a un exdirector de la DEA. Absurdo, que se sancione a un reportero. Absurdo, la versión de una pugna con AMLO. Una sola palabra para tres frentes distintos, dicha con la calma de quien sabe que el ruido se apaga solo si uno no le pone micrófono.
Más al norte, en Nuevo México, la misma pareja de adjetivos apareció en boca de vecinos que vieron pasar mapas con su estado rebautizado por decreto. Ridículo, absurdo, dijeron, sin conocerse entre ellos y sin ponerse de acuerdo en nada más.
Tres países, un solo vocabulario. El ridículo viajando en avión comercial, el absurdo instalado en la mañanera, la geografía reescrita con plumón. Lo verdaderamente raro no es que las palabras crucen fronteras con esa facilidad. Es que todos coincidan en la palabra y ninguno en el espejo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
14 de septiembre de 2026
La escena tuvo su coreografía: una presidenta regional que aterriza en Ciudad de México con agenda propia, comitiva, fotos y un par de frases que nadie midió antes de decirlas. Del otro lado, el anfitrión optó por el protocolo y por el silencio. Cuando el avión de regreso ya cruzaba el Atlántico, en Madrid empezaron a contar los daños. El veredicto del gobierno español fue quirúrgico: había ido a provocar a México y le había salido mal.
Lo extraordinario vino después. La izquierda de Madrid, y luego el propio gobierno de España, salieron a disculparse con la presidenta mexicana. No por ellos: por ella. Un país pidiendo perdón a otro por el viaje de una de sus figuras más mediáticas. La disculpa cruzó el océano en primera clase, con escolta y comunicado, mientras la aludida seguía sin retractarse, cosechando el titular que un diario le dedicó sin anestesia: conquistó el ridículo.
Del lado mexicano, la semana tuvo otra palabra favorita. En Palacio, entre vasos de agua y preguntas de las siete de la mañana, Sheinbaum la repitió como quien espanta moscas: absurdo. Absurdo, el supuesto respaldo a una intervención militar en México que atribuyó a un exdirector de la DEA. Absurdo, que se sancione a un reportero. Absurdo, la versión de una pugna con AMLO. Una sola palabra para tres frentes distintos, dicha con la calma de quien sabe que el ruido se apaga solo si uno no le pone micrófono.
Más al norte, en Nuevo México, la misma pareja de adjetivos apareció en boca de vecinos que vieron pasar mapas con su estado rebautizado por decreto. Ridículo, absurdo, dijeron, sin conocerse entre ellos y sin ponerse de acuerdo en nada más.
Tres países, un solo vocabulario. El ridículo viajando en avión comercial, el absurdo instalado en la mañanera, la geografía reescrita con plumón. Lo verdaderamente raro no es que las palabras crucen fronteras con esa facilidad. Es que todos coincidan en la palabra y ninguno en el espejo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

