Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de agosto de 2026
Si la economía mexicana fuera un platillo, hoy la servirían en el mismo menú como filete de res y como caldo de hueso según el cliente que pregunte. En las últimas horas los datos oficiales dicen que el PIB creció 1.4 por ciento, que la inversión extranjera rompió récords con casi 35 mil millones de dólares y que la OCDE nos pone como la sexta economía que más avanzó. Pero también hay otros números que dicen que la economía se contrae por segundo mes consecutivo. ¿Será que medimos distinto, o que gobernar se volvió un ejercicio de adivinar cuál encuesta nos hace quedar mejor?
Ya decía mi abuela que cuando el borrego más famoso de México sube al ring contra unos paisanos de Chihuahua, algo anda podrido en el reino de la lana. Y no es broma. Nos pasamos la semana discutiendo si el ganado cruza la frontera después de catorce meses de cuarentena por el gusano barrenador, mientras los políticos debaten si tal partido se llama Somos México o Por Si Acaso. Es como si el país entero fuera un reality show donde el premio es que no se te caiga la cara de vergüenza cuando prendes la tele internacional.
Porque hablemos claro: los reflectores de hoy deberían estar sobre la IED, sobre las 192 citas de negocio en IBTM Américas, sobre Pegatron metiendo 330 millones de dólares en Ciudad Juárez. Pero no, el rating se lo lleva la presidenta aclarando que nunca habló con el expresidente sobre la licencia del gobernador de Sinaloa. La llaman política ficción. Yo le llamo la telenovela más cara del año, con un guion que ni los escritores de Televisa se atreven a firmar. El borrego tiene más dignidad que los protagonistas, y conste que al borrego lo están velando en redes sociales cada que abre la boca.
Claro que hay noticias que duelen y no salen en los titulares bonitos. Mientras unos celebran la evaluación PEFA —que suena a examen de contabilidad y que por fin un municipio mexicano aprueba— otros se preguntan si la alerta de seguridad en Mexicali es un acto de responsabilidad o una patada en los dientes de la diplomacia estadounidense. México frente a Nicaragua otra vez sale perdiendo en la mesa de las relaciones exteriores, y la respuesta oficial es un encogimiento de hombros con traje de gala. La realidad es que el espejo retrovisor no solamente muestra lo que dejamos atrás: también muestra las cosas que preferiríamos no ver, como esas sombras alargadas en la frontera que nadie quiere estacionar para mirar de frente.
Yo no sé ustedes, pero cuando mezclo la noticia del fentanilo capturado en Sinaloa con la del exdirectivo deportivo detenido en Estados Unidos, me dan ganas de preguntarle al INE si el emblema que nos van a ordenar cambiar es el águila o el escudo de la impunidad. Tal vez el TEPJF tiene razón y lo importante es que Somos México no use los colores ni el nombre, como si el problema fuera la etiqueta y no la fórmula. Se nos olvida que la política no es un partido de futbol donde cambiar de uniforme te vuelve mejor jugador; es más bien como un juego de lotería en el que todos compran el mismo cartón y luego se pelean porque a todos les sale el mismo resultado.
Y al final del día, cuando el calor de Juárez aprieta y el cielo está despejado como los bolsillos de muchos, me queda la sensación de que la economía es una metáfora de nuestra propia existencia: crecemos en el papel, nos contraemos en la calle y mientras tanto plantamos fresnos en el Tecnológico que quizá nunca verán crecer los que decidieron las cifras. La realidad vista desde el espejo retrovisor siempre llega con retraso, y esa es la puñalada: todavía no sabemos si el país avanza o retrocede, pero lo que sí sabemos es que nadie tiene el valor de voltear a ver el camino que ya dejamos atrás con ojos limpios. Estacionamos el coche en el pasado y le pusimos un nombre bonito al accidente.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de agosto de 2026
Si la economía mexicana fuera un platillo, hoy la servirían en el mismo menú como filete de res y como caldo de hueso según el cliente que pregunte. En las últimas horas los datos oficiales dicen que el PIB creció 1.4 por ciento, que la inversión extranjera rompió récords con casi 35 mil millones de dólares y que la OCDE nos pone como la sexta economía que más avanzó. Pero también hay otros números que dicen que la economía se contrae por segundo mes consecutivo. ¿Será que medimos distinto, o que gobernar se volvió un ejercicio de adivinar cuál encuesta nos hace quedar mejor?
Ya decía mi abuela que cuando el borrego más famoso de México sube al ring contra unos paisanos de Chihuahua, algo anda podrido en el reino de la lana. Y no es broma. Nos pasamos la semana discutiendo si el ganado cruza la frontera después de catorce meses de cuarentena por el gusano barrenador, mientras los políticos debaten si tal partido se llama Somos México o Por Si Acaso. Es como si el país entero fuera un reality show donde el premio es que no se te caiga la cara de vergüenza cuando prendes la tele internacional.
Porque hablemos claro: los reflectores de hoy deberían estar sobre la IED, sobre las 192 citas de negocio en IBTM Américas, sobre Pegatron metiendo 330 millones de dólares en Ciudad Juárez. Pero no, el rating se lo lleva la presidenta aclarando que nunca habló con el expresidente sobre la licencia del gobernador de Sinaloa. La llaman política ficción. Yo le llamo la telenovela más cara del año, con un guion que ni los escritores de Televisa se atreven a firmar. El borrego tiene más dignidad que los protagonistas, y conste que al borrego lo están velando en redes sociales cada que abre la boca.
Claro que hay noticias que duelen y no salen en los titulares bonitos. Mientras unos celebran la evaluación PEFA —que suena a examen de contabilidad y que por fin un municipio mexicano aprueba— otros se preguntan si la alerta de seguridad en Mexicali es un acto de responsabilidad o una patada en los dientes de la diplomacia estadounidense. México frente a Nicaragua otra vez sale perdiendo en la mesa de las relaciones exteriores, y la respuesta oficial es un encogimiento de hombros con traje de gala. La realidad es que el espejo retrovisor no solamente muestra lo que dejamos atrás: también muestra las cosas que preferiríamos no ver, como esas sombras alargadas en la frontera que nadie quiere estacionar para mirar de frente.
Yo no sé ustedes, pero cuando mezclo la noticia del fentanilo capturado en Sinaloa con la del exdirectivo deportivo detenido en Estados Unidos, me dan ganas de preguntarle al INE si el emblema que nos van a ordenar cambiar es el águila o el escudo de la impunidad. Tal vez el TEPJF tiene razón y lo importante es que Somos México no use los colores ni el nombre, como si el problema fuera la etiqueta y no la fórmula. Se nos olvida que la política no es un partido de futbol donde cambiar de uniforme te vuelve mejor jugador; es más bien como un juego de lotería en el que todos compran el mismo cartón y luego se pelean porque a todos les sale el mismo resultado.
Y al final del día, cuando el calor de Juárez aprieta y el cielo está despejado como los bolsillos de muchos, me queda la sensación de que la economía es una metáfora de nuestra propia existencia: crecemos en el papel, nos contraemos en la calle y mientras tanto plantamos fresnos en el Tecnológico que quizá nunca verán crecer los que decidieron las cifras. La realidad vista desde el espejo retrovisor siempre llega con retraso, y esa es la puñalada: todavía no sabemos si el país avanza o retrocede, pero lo que sí sabemos es que nadie tiene el valor de voltear a ver el camino que ya dejamos atrás con ojos limpios. Estacionamos el coche en el pasado y le pusimos un nombre bonito al accidente.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

