Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de junio de 2026
Me pregunto en qué momento la soberanía se convirtió en una coreografía. Los mismos que hoy gritan “México no se arrodilla” son los que mañana negociarán los aranceles, pedirán inversión extranjera y firmarán acuerdos sobre minerales críticos. No es hipocresía, es pragmatismo: la política exterior es como un matrimonio violento donde uno le dice al otro “no me digas qué hacer” mientras revisa su cuenta de banco. Ebrard dice que México no tiene peso para regresar a un sistema sin aranceles. Claro, porque ya nos acostumbramos a los aranceles como quien se acostumbra a los golpes: duelen menos cuando sabes que vienen.
Y mientras los políticos discuten si aceptamos injerencias o no, en Chihuahua se abandonan cuerpos como si fueran escombros de construcción. El laboratorio más grande asegurado en años, con más de dos mil millones de pesos en droga, es solo la punta del iceberg. La base del iceberg son los incendios forestales, la falta de innovación que Ebrard señala en su discurso, los 10 millones de personas con enfermedades raras que pueden tardar hasta ocho años en obtener un diagnóstico. Ocho años. Para entonces, el paciente ya aprendió a vivir con el dolor o dejó de hacerlo.
Hacienda destaca los factores que impulsan la economía: inversión extranjera, confianza, crecimiento. Pero el periódico El Economista compara el México de 1986 con el de 2026: del colapso petrolero a una economía sin crecimiento. Cuarenta años para llegar al mismo lugar. Como esas películas de carretera donde siempre terminas en el mismo pueblo, pero más cansado y sin gasolina. La presidenta dice que no está sola. Lo creo. Está acompañada de una realidad que no perdona, de un país que se incendia mientras ella habla de soberanía en el Monumento a la Revolución, ese mismo monumento que conmemora una revolución que nunca terminó.
Porque al final, la realidad vista desde el espejo retrovisor no es más que el reflejo de lo que siempre hemos sido: un país que promete no arrodillarse mientras se sienta en el suelo para que el golpe duela menos. Las injerencias no se aceptan, se padecen. Los cuerpos no se abandonan, se cuentan. Las enfermedades raras no se diagnostican, se heredan. Y nosotros, desde nuestra butaca de cinismo, vemos el espectáculo y aplaudimos porque al menos no nos tocó estar entre los que abandonan ni entre los que son abandonados. Pero el espejo no miente: mañana será otro día, con las mismas canciones y los mismos cadáveres al borde de la carretera. Solo cambiará el color de la corbata en la conferencia matutina.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de junio de 2026
Me pregunto en qué momento la soberanía se convirtió en una coreografía. Los mismos que hoy gritan “México no se arrodilla” son los que mañana negociarán los aranceles, pedirán inversión extranjera y firmarán acuerdos sobre minerales críticos. No es hipocresía, es pragmatismo: la política exterior es como un matrimonio violento donde uno le dice al otro “no me digas qué hacer” mientras revisa su cuenta de banco. Ebrard dice que México no tiene peso para regresar a un sistema sin aranceles. Claro, porque ya nos acostumbramos a los aranceles como quien se acostumbra a los golpes: duelen menos cuando sabes que vienen.
Y mientras los políticos discuten si aceptamos injerencias o no, en Chihuahua se abandonan cuerpos como si fueran escombros de construcción. El laboratorio más grande asegurado en años, con más de dos mil millones de pesos en droga, es solo la punta del iceberg. La base del iceberg son los incendios forestales, la falta de innovación que Ebrard señala en su discurso, los 10 millones de personas con enfermedades raras que pueden tardar hasta ocho años en obtener un diagnóstico. Ocho años. Para entonces, el paciente ya aprendió a vivir con el dolor o dejó de hacerlo.
Hacienda destaca los factores que impulsan la economía: inversión extranjera, confianza, crecimiento. Pero el periódico El Economista compara el México de 1986 con el de 2026: del colapso petrolero a una economía sin crecimiento. Cuarenta años para llegar al mismo lugar. Como esas películas de carretera donde siempre terminas en el mismo pueblo, pero más cansado y sin gasolina. La presidenta dice que no está sola. Lo creo. Está acompañada de una realidad que no perdona, de un país que se incendia mientras ella habla de soberanía en el Monumento a la Revolución, ese mismo monumento que conmemora una revolución que nunca terminó.
Porque al final, la realidad vista desde el espejo retrovisor no es más que el reflejo de lo que siempre hemos sido: un país que promete no arrodillarse mientras se sienta en el suelo para que el golpe duela menos. Las injerencias no se aceptan, se padecen. Los cuerpos no se abandonan, se cuentan. Las enfermedades raras no se diagnostican, se heredan. Y nosotros, desde nuestra butaca de cinismo, vemos el espectáculo y aplaudimos porque al menos no nos tocó estar entre los que abandonan ni entre los que son abandonados. Pero el espejo no miente: mañana será otro día, con las mismas canciones y los mismos cadáveres al borde de la carretera. Solo cambiará el color de la corbata en la conferencia matutina.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

