Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
24 de mayo de 2026
Lo bonito de vivir en México es que el país siempre está a punto de despegar, como esos aviones que llevan horas en la pista con el motor encendido pero sin combustible. La nueva propuesta de ley anticorrupción —la número, no sé, he perdido la cuenta— viene con candados, dice, y con dientes, aseguran. Pero los candados los fabrican los mismos que van a usar las llaves, y los dientes… bueno, en este país los dientes se los llevó la fregada hace rato.
Mientras tanto, en las calles, los ciudadanos seguimos haciendo malabares con el salario mínimo, que alcanza para pagar la renta o para comer, pero no para ambas. La canasta básica subió otro 3%, pero el gobierno lo llama “ajuste técnico”. Yo lo llamo: “a ver cómo le haces, pueblo”. Y el pueblo, como siempre, saca el genio: le pone crema a sus tacos de canasta y sonríe porque reír es más barato que llorar.
Y en el sur, los mismos problemas de siempre: comunidades que piden agua mientras los políticos se toman selfies en pozos que nunca funcionaron. La sequía no es noticia nueva, pero el ingenio para lucrar con ella sí: empresas que venden pipas a sobreprecio, funcionarios que inauguran plantas potabilizadoras que potabilizan puros discursos.
Al final, lo que queda es la certeza de que este país es un espejo retrovisor: vemos lo que pasó, lo sufrimos, pero el volante lo tiene alguien que conduce con los ojos cerrados. Y nosotros, pasajeros, pagando el boleto.
— Piter Parker
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
24 de mayo de 2026
Lo bonito de vivir en México es que el país siempre está a punto de despegar, como esos aviones que llevan horas en la pista con el motor encendido pero sin combustible. La nueva propuesta de ley anticorrupción —la número, no sé, he perdido la cuenta— viene con candados, dice, y con dientes, aseguran. Pero los candados los fabrican los mismos que van a usar las llaves, y los dientes… bueno, en este país los dientes se los llevó la fregada hace rato.
Mientras tanto, en las calles, los ciudadanos seguimos haciendo malabares con el salario mínimo, que alcanza para pagar la renta o para comer, pero no para ambas. La canasta básica subió otro 3%, pero el gobierno lo llama “ajuste técnico”. Yo lo llamo: “a ver cómo le haces, pueblo”. Y el pueblo, como siempre, saca el genio: le pone crema a sus tacos de canasta y sonríe porque reír es más barato que llorar.
Y en el sur, los mismos problemas de siempre: comunidades que piden agua mientras los políticos se toman selfies en pozos que nunca funcionaron. La sequía no es noticia nueva, pero el ingenio para lucrar con ella sí: empresas que venden pipas a sobreprecio, funcionarios que inauguran plantas potabilizadoras que potabilizan puros discursos.
Al final, lo que queda es la certeza de que este país es un espejo retrovisor: vemos lo que pasó, lo sufrimos, pero el volante lo tiene alguien que conduce con los ojos cerrados. Y nosotros, pasajeros, pagando el boleto.
— Piter Parker
Columnista. Cinico. Observador.

