Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de agosto de 2026
El sol de agosto caía como plomo sobre el centro histórico de Chihuahua cuando el ex presidente Vicente Fox apareció con su inconfundible paso de vaquero retirado y su sonrisa de anuncio de rancho. A su lado, Felipe Calderón caminaba con la solemnidad de quien todavía cree que su opinión pesa. Ambos flanqueaban a la gobernadora Maru Campos, la mujer que hoy encarna el quejido del PAN: la perseguida. La frase —”absurdo que seas tú la perseguida”— salió de alguna boca célebre y cayó en los micrófonos como una piedra en un estanque: provocó oleadas de titulares.
A unas cuantas calles de distancia, otra marea humana teñía el asfalto con sus propias consignas. Esa era la marcha de Morena, la que un dirigente panista describió luego, con gesto de desdén, como “ridícula”. Así de simple: una manifestación ridiculiza a la otra, y un par de ex presidentes convierten a una gobernadora en heroína de melodrama. Mientras tanto, los ciudadanos comunes, los que no caben en ninguna porra, miraban el cielo esperando que el termómetro bajara.
En el andar de Fox había algo de nostalgia por los años en que él era el que perseguía desde el poder, no el que salía a defender perseguidos. Calderón, por su parte, cargaba su propio pasado como una mochila invisible: los tiempos de la guerra contra el narco que dejó heridas y preguntas sin respuesta. Pero el guion lo pedía: hoy son el escudo de Maru, la gobernadora que asegura que la justicia la busca por motivos que ella llama políticos. Y quién sabe. En la política mexicana, la línea entre delito y espectáculo siempre ha sido tan delgada como un hilo de micrófono.
La marcha de Morena, en cambio, tenía el sabor de los mítines de siempre: gaitas, camisas de partido, y algún orador con el dedo levantado anunciando el inminente descalabro de la oposición. El PAN respondió con su propio lugar común: Morena “va en picada”. Y así, entre picadas y ridículos, la ciudad se convirtió en un espejo roto donde cada bando veía la caricatura del otro sin notar la propia.
Al caer la tarde, los globos inflables de ambos colores subieron hacia el cielo como globos de feria, y las frases célebres se deshicieron en el viento. En un rincón de la ciudad, tal vez, alguien intentaba calcular el presupuesto para el próximo año, o el plan de obra pública para una capital que crece sin orden. Pero no había cámaras para eso.
De regreso a sus casas, los asistentes guardaron las pancartas que algún día terminarán en un bodega, junto a las otras verdades efímeras que se imprimen en plástico. Y Chihuahua, con sus dos marchas mordiéndose la cola, volvió a ser eso que siempre ha sido en estas fechas: el escenario donde la política se parece tanto a un partido sin árbitro que hasta el abucheo suena a porra.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de agosto de 2026
El sol de agosto caía como plomo sobre el centro histórico de Chihuahua cuando el ex presidente Vicente Fox apareció con su inconfundible paso de vaquero retirado y su sonrisa de anuncio de rancho. A su lado, Felipe Calderón caminaba con la solemnidad de quien todavía cree que su opinión pesa. Ambos flanqueaban a la gobernadora Maru Campos, la mujer que hoy encarna el quejido del PAN: la perseguida. La frase —”absurdo que seas tú la perseguida”— salió de alguna boca célebre y cayó en los micrófonos como una piedra en un estanque: provocó oleadas de titulares.
A unas cuantas calles de distancia, otra marea humana teñía el asfalto con sus propias consignas. Esa era la marcha de Morena, la que un dirigente panista describió luego, con gesto de desdén, como “ridícula”. Así de simple: una manifestación ridiculiza a la otra, y un par de ex presidentes convierten a una gobernadora en heroína de melodrama. Mientras tanto, los ciudadanos comunes, los que no caben en ninguna porra, miraban el cielo esperando que el termómetro bajara.
En el andar de Fox había algo de nostalgia por los años en que él era el que perseguía desde el poder, no el que salía a defender perseguidos. Calderón, por su parte, cargaba su propio pasado como una mochila invisible: los tiempos de la guerra contra el narco que dejó heridas y preguntas sin respuesta. Pero el guion lo pedía: hoy son el escudo de Maru, la gobernadora que asegura que la justicia la busca por motivos que ella llama políticos. Y quién sabe. En la política mexicana, la línea entre delito y espectáculo siempre ha sido tan delgada como un hilo de micrófono.
La marcha de Morena, en cambio, tenía el sabor de los mítines de siempre: gaitas, camisas de partido, y algún orador con el dedo levantado anunciando el inminente descalabro de la oposición. El PAN respondió con su propio lugar común: Morena “va en picada”. Y así, entre picadas y ridículos, la ciudad se convirtió en un espejo roto donde cada bando veía la caricatura del otro sin notar la propia.
Al caer la tarde, los globos inflables de ambos colores subieron hacia el cielo como globos de feria, y las frases célebres se deshicieron en el viento. En un rincón de la ciudad, tal vez, alguien intentaba calcular el presupuesto para el próximo año, o el plan de obra pública para una capital que crece sin orden. Pero no había cámaras para eso.
De regreso a sus casas, los asistentes guardaron las pancartas que algún día terminarán en un bodega, junto a las otras verdades efímeras que se imprimen en plástico. Y Chihuahua, con sus dos marchas mordiéndose la cola, volvió a ser eso que siempre ha sido en estas fechas: el escenario donde la política se parece tanto a un partido sin árbitro que hasta el abucheo suena a porra.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

