Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de agosto de 2026
La marcha convocada por el PAN para arropar a la gobernadora comenzó con el sol de la tarde partiendo las banquetas. Fox llegó con su camisa de manta y su instinto de rancho; Calderón, más sobrio, como quien asiste a un velorio ajeno. Maru Campos, la gobernadora perseguida, caminaba entre ellos con la sonrisa de quien sabe que la foto vale más que mil autos blindados. Un grupo de militantes coreaba su nombre, y alguien levantó una manta que decía: “Justicia para Maru, no persecución”.
Fue Fox quien soltó la frase que retrató el día: “Absurdo que seas tú la perseguida”. La palabra absurdo flotó en el aire caliente de Chihuahua, y nadie pareció notar que la pronunciaba un hombre que en su sexenio convirtió la persecución política en deporte nacional. Calderón asintió con la cabeza, el mismo Calderón que envió al Ejército a las calles y llenó las carpetas de investigación contra sus adversarios. Ahí estaban los dos, juntos, denunciando lo que ellos mismos practicaron con esmero.
Del otro lado de la trinchera, Morena respondió con la palabra de moda: ridícula. Ridícula la marcha, dijeron, y de paso aseguraron que el PAN “va en picada”. Así quedaron las cosas: el absurdo arriba, el ridículo abajo, y la política mexicana partida en dos adjetivos que se reparten el territorio como si fuera un pastel eleccionero.
En Madrid, mientras tanto, otra escena del mismo género tenía lugar a pantalla completa. Una presidenta autonómica que fue a México a provocar y regresó con la cola entre las patas, seguida de disculpas protocolarias de la izquierda española. “Visita fallida”, dictaminó la presidenta mexicana, y el término se coló en las conversaciones de los bares como una moneda falsa que nadie quiere aceptar.
La política vive un momento absurdo, pero no del absurdo filosófico de Camus, sino del absurdo de la tiendita de la esquina: todos hablan, nadie escucha, y el precio del huevo sube mientras los expresidentes se toman selfies con las gobernadoras perseguidas. Chihuahua vuelve a ser territorio de mitos, y Fox y Calderón, los antiguos rivales, se abrazan frente a las cámaras como si el pasado pesara menos que una pancarta.
Nadie sabe si la marcha cambiará el curso de la justicia. Lo único cierto es que, bajo el sol de Chihuahua, dos hombres que se acusaron de robarse la presidencia se pararon juntos para gritar que una gobernadora es inocente. Y la gente, desde las banquetas, aplaudió. Porque en este país, hasta el absurdo tiene público.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
30 de agosto de 2026
La marcha convocada por el PAN para arropar a la gobernadora comenzó con el sol de la tarde partiendo las banquetas. Fox llegó con su camisa de manta y su instinto de rancho; Calderón, más sobrio, como quien asiste a un velorio ajeno. Maru Campos, la gobernadora perseguida, caminaba entre ellos con la sonrisa de quien sabe que la foto vale más que mil autos blindados. Un grupo de militantes coreaba su nombre, y alguien levantó una manta que decía: “Justicia para Maru, no persecución”.
Fue Fox quien soltó la frase que retrató el día: “Absurdo que seas tú la perseguida”. La palabra absurdo flotó en el aire caliente de Chihuahua, y nadie pareció notar que la pronunciaba un hombre que en su sexenio convirtió la persecución política en deporte nacional. Calderón asintió con la cabeza, el mismo Calderón que envió al Ejército a las calles y llenó las carpetas de investigación contra sus adversarios. Ahí estaban los dos, juntos, denunciando lo que ellos mismos practicaron con esmero.
Del otro lado de la trinchera, Morena respondió con la palabra de moda: ridícula. Ridícula la marcha, dijeron, y de paso aseguraron que el PAN “va en picada”. Así quedaron las cosas: el absurdo arriba, el ridículo abajo, y la política mexicana partida en dos adjetivos que se reparten el territorio como si fuera un pastel eleccionero.
En Madrid, mientras tanto, otra escena del mismo género tenía lugar a pantalla completa. Una presidenta autonómica que fue a México a provocar y regresó con la cola entre las patas, seguida de disculpas protocolarias de la izquierda española. “Visita fallida”, dictaminó la presidenta mexicana, y el término se coló en las conversaciones de los bares como una moneda falsa que nadie quiere aceptar.
La política vive un momento absurdo, pero no del absurdo filosófico de Camus, sino del absurdo de la tiendita de la esquina: todos hablan, nadie escucha, y el precio del huevo sube mientras los expresidentes se toman selfies con las gobernadoras perseguidas. Chihuahua vuelve a ser territorio de mitos, y Fox y Calderón, los antiguos rivales, se abrazan frente a las cámaras como si el pasado pesara menos que una pancarta.
Nadie sabe si la marcha cambiará el curso de la justicia. Lo único cierto es que, bajo el sol de Chihuahua, dos hombres que se acusaron de robarse la presidencia se pararon juntos para gritar que una gobernadora es inocente. Y la gente, desde las banquetas, aplaudió. Porque en este país, hasta el absurdo tiene público.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

