Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
29 de julio de 2026
El tipo sale en sus videos con lentes oscuros y una cadena de oro que pesa como un candado de bicicleta. Su nombre real es Santiago Matías, pero nadie lo conoce así. Durante años vendió chistes, entrevistas y polémicas en YouTube. Ahora anuncia que quiere gobernar un país donde la gente ya no sabe si reírse o llorar cuando ve a un político hablar.
La noticia corrió como pólvora en redes: Alofoke presidente. Los hashtags se dividieron entre los que lo apoyan por “honestidad brutal” y los que lo acusan de hacerle el juego al sistema. En una transmisión en vivo, el candidato se ríe y dice: “Yo no soy político, soy un empresario del entretenimiento. Pero si ellos pueden hacer shows, ¿por qué yo no puedo gobernar?”. Un silencio incómodo se escucha al fondo.
Los partidos tradicionales guardan un mutismo tenso. Algunos analistas señalan que este absurdo no es más que el reflejo de una política que ha perdido el rumbo: cuando los ciudadanos ya no distinguen entre un presidente y un influencer, el poder se convierte en un meme con acceso a la nómina pública. En las calles de Santo Domingo, hay quien dice que prefiere votar por Alofoke que por los mismos de siempre. Otros se agarran la cabeza.
Mientras tanto, el candidato ya tiene su primer eslogan: “El poder no se pide, se toma… en serio”. Las risas se mezclan con un escalofrío. Porque en el fondo, lo más aterrador de todo esto no es que un youtuber quiera ser presidente, sino que cada vez más gente lo vea como una opción más sensata que las otras.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
29 de julio de 2026
El tipo sale en sus videos con lentes oscuros y una cadena de oro que pesa como un candado de bicicleta. Su nombre real es Santiago Matías, pero nadie lo conoce así. Durante años vendió chistes, entrevistas y polémicas en YouTube. Ahora anuncia que quiere gobernar un país donde la gente ya no sabe si reírse o llorar cuando ve a un político hablar.
La noticia corrió como pólvora en redes: Alofoke presidente. Los hashtags se dividieron entre los que lo apoyan por “honestidad brutal” y los que lo acusan de hacerle el juego al sistema. En una transmisión en vivo, el candidato se ríe y dice: “Yo no soy político, soy un empresario del entretenimiento. Pero si ellos pueden hacer shows, ¿por qué yo no puedo gobernar?”. Un silencio incómodo se escucha al fondo.
Los partidos tradicionales guardan un mutismo tenso. Algunos analistas señalan que este absurdo no es más que el reflejo de una política que ha perdido el rumbo: cuando los ciudadanos ya no distinguen entre un presidente y un influencer, el poder se convierte en un meme con acceso a la nómina pública. En las calles de Santo Domingo, hay quien dice que prefiere votar por Alofoke que por los mismos de siempre. Otros se agarran la cabeza.
Mientras tanto, el candidato ya tiene su primer eslogan: “El poder no se pide, se toma… en serio”. Las risas se mezclan con un escalofrío. Porque en el fondo, lo más aterrador de todo esto no es que un youtuber quiera ser presidente, sino que cada vez más gente lo vea como una opción más sensata que las otras.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

