Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
18 de septiembre de 2026
Un escenario con luces altas, una silla esperando al invitado de honor y un público que había ido a escuchar un discurso y terminó viendo otra cosa. La visitante habló con el tono de quien no vino a conversar sino a sentenciar, y en la sala se hizo ese silencio raro que sigue a los chistes que no dan risa: alguien tose, alguien mira el teléfono, alguien empieza a calcular el tamaño del problema. Al terminar, los aplausos llegaron desordenados, como cuando nadie sabe si hay que celebrar o salir corriendo.
En Madrid el eco fue inmediato. Desde el gobierno español sentenciaron que la presidenta madrileña “ha ido a provocar” a México “y le ha salido mal”; la oposición y la izquierda se apresuraron a pedir disculpas por un viaje que, dijeron, no representa a España. Ahí estaba el detalle exquisito: nadie discutía el fondo, todos discutían la forma, y la forma tenía nombre propio y vuelo de regreso incluido. Una comitiva entera ocupada en desactivar el espectáculo de una sola mujer.
Y en la mañana mexicana, con el café servido y los micrófonos en fila, la palabra del día apareció sin invitación: absurdo. La Presidenta la usó para el supuesto respaldo a una intervención militar, para la presunta pugna con el anterior mandatario, para la idea de castigar a un reportero. “Sancionar a un reportero sería absurdo”, dijo, y la frase quedó flotando en el salón como esos globos que se escapan en las bodas. Absurdo aquí, absurdo allá: el vocabulario se ha vuelto elástico, sirve para todo y no compromete a nada.
Mientras tanto, en los diarios españoles el episodio ya tenía titular: una conquista del ridículo. Los mexicanos, que llevamos siglos escuchando discursos sobre lo que somos, aprendimos esta semana una lección nueva: hay visitas que llegan a explicarnos el país y se van explicando su propio tropiezo. La maleta vuelve vacía, las disculpas viajan en otro vuelo, y aquí, en la conferencia de las siete, la palabra absurdo sigue trabajando horas extra.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
18 de septiembre de 2026
Un escenario con luces altas, una silla esperando al invitado de honor y un público que había ido a escuchar un discurso y terminó viendo otra cosa. La visitante habló con el tono de quien no vino a conversar sino a sentenciar, y en la sala se hizo ese silencio raro que sigue a los chistes que no dan risa: alguien tose, alguien mira el teléfono, alguien empieza a calcular el tamaño del problema. Al terminar, los aplausos llegaron desordenados, como cuando nadie sabe si hay que celebrar o salir corriendo.
En Madrid el eco fue inmediato. Desde el gobierno español sentenciaron que la presidenta madrileña “ha ido a provocar” a México “y le ha salido mal”; la oposición y la izquierda se apresuraron a pedir disculpas por un viaje que, dijeron, no representa a España. Ahí estaba el detalle exquisito: nadie discutía el fondo, todos discutían la forma, y la forma tenía nombre propio y vuelo de regreso incluido. Una comitiva entera ocupada en desactivar el espectáculo de una sola mujer.
Y en la mañana mexicana, con el café servido y los micrófonos en fila, la palabra del día apareció sin invitación: absurdo. La Presidenta la usó para el supuesto respaldo a una intervención militar, para la presunta pugna con el anterior mandatario, para la idea de castigar a un reportero. “Sancionar a un reportero sería absurdo”, dijo, y la frase quedó flotando en el salón como esos globos que se escapan en las bodas. Absurdo aquí, absurdo allá: el vocabulario se ha vuelto elástico, sirve para todo y no compromete a nada.
Mientras tanto, en los diarios españoles el episodio ya tenía titular: una conquista del ridículo. Los mexicanos, que llevamos siglos escuchando discursos sobre lo que somos, aprendimos esta semana una lección nueva: hay visitas que llegan a explicarnos el país y se van explicando su propio tropiezo. La maleta vuelve vacía, las disculpas viajan en otro vuelo, y aquí, en la conferencia de las siete, la palabra absurdo sigue trabajando horas extra.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

