Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
17 de septiembre de 2026
En Madrid, “disculpa” es una palabra que sale de pocas bocas. Esta semana salió de dos. El Gobierno español sostuvo que Ayuso “ha ido a provocar” a México “y le ha salido mal”. La izquierda de la capital fue más lejos y le pidió perdón a la presidenta mexicana por el espectáculo. Del otro lado del océano, la escena se miraba como se mira un pleito ajeno que de pronto toca el timbre de tu casa.
Ayuso tiene el don de llegar a los lugares sin pedir permiso. Se planta, saluda, sonríe y deja el salón revuelto. Quienes la conocen dicen que no es descuido, es método. El problema es cuando el método aterriza en un país que no es el suyo y donde las formas pesan. Aquí no hizo falta traducir nada: el gesto se entendió en los dos idiomas.
Mientras Madrid se deshacía en excusas, Sheinbaum siguió con su semana. Y su semana tuvo una palabra favorita: absurdo. Absurdo, dijo, hablar de que México apoya una intervención militar, una idea que atribuyen a un exdirector de la DEA. Absurdo, repitió, presumir una pugna con AMLO. Absurdo, insistió, sería sancionar a un reportero. La presidenta pronunció la palabra con la calma de quien espanta una mosca: sin manotear, casi con cortesía.
No todo el día viajó en avión. Desde el PAN aseguraron que Morena “va en picada” y tildaron de “ridícula” la marcha en Chihuahua. La palabra ridículo, tan usada al otro lado del mar, encontró aquí un eco inesperado, como si el vocabulario también anduviera buscando nacionalidad.
Al final del día quedó una fotografía: una madrileña que llegó convencida de ser bienvenida y un gobierno en su tierra pidiendo disculpas por su paso. Del otro lado, una presidenta que no alzó la voz y repitió una palabra hasta vaciarla. A veces la mejor respuesta no es una arenga, sino repetir “absurdo” con la paciencia de quien ya vio el chiste venir.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
17 de septiembre de 2026
En Madrid, “disculpa” es una palabra que sale de pocas bocas. Esta semana salió de dos. El Gobierno español sostuvo que Ayuso “ha ido a provocar” a México “y le ha salido mal”. La izquierda de la capital fue más lejos y le pidió perdón a la presidenta mexicana por el espectáculo. Del otro lado del océano, la escena se miraba como se mira un pleito ajeno que de pronto toca el timbre de tu casa.
Ayuso tiene el don de llegar a los lugares sin pedir permiso. Se planta, saluda, sonríe y deja el salón revuelto. Quienes la conocen dicen que no es descuido, es método. El problema es cuando el método aterriza en un país que no es el suyo y donde las formas pesan. Aquí no hizo falta traducir nada: el gesto se entendió en los dos idiomas.
Mientras Madrid se deshacía en excusas, Sheinbaum siguió con su semana. Y su semana tuvo una palabra favorita: absurdo. Absurdo, dijo, hablar de que México apoya una intervención militar, una idea que atribuyen a un exdirector de la DEA. Absurdo, repitió, presumir una pugna con AMLO. Absurdo, insistió, sería sancionar a un reportero. La presidenta pronunció la palabra con la calma de quien espanta una mosca: sin manotear, casi con cortesía.
No todo el día viajó en avión. Desde el PAN aseguraron que Morena “va en picada” y tildaron de “ridícula” la marcha en Chihuahua. La palabra ridículo, tan usada al otro lado del mar, encontró aquí un eco inesperado, como si el vocabulario también anduviera buscando nacionalidad.
Al final del día quedó una fotografía: una madrileña que llegó convencida de ser bienvenida y un gobierno en su tierra pidiendo disculpas por su paso. Del otro lado, una presidenta que no alzó la voz y repitió una palabra hasta vaciarla. A veces la mejor respuesta no es una arenga, sino repetir “absurdo” con la paciencia de quien ya vio el chiste venir.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

