Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
15 de septiembre de 2026
La escena tuvo algo de comedia de equívocos. Una política de Madrid cruza el océano, sube a un escenario, suelta su número ensayado y espera que el respetable, agradecido, le regale una ovación. El respetable, en cambio, mira hacia otro lado. No hubo aplauso, sino esa incomodidad que se instala en la sala cuando el invitado confunde la casa ajena con su propia sala de trofeos. La gira terminó y el eco regresó a España convertido en un problema de relaciones públicas.
Y entonces empezó el desfile de los desmarques. La izquierda madrileña corrió a tenderle la mano a Sheinbaum y a ofrecerle sus disculpas por el “ridículo”. El gesto tenía algo de hermano avergonzado en la fiesta familiar: uno no controla a sus parientes, pero puede pedir perdón en su nombre. En el gobierno español la frase fue más quirúrgica: la presidenta madrileña fue a provocar a México y le salió mal. Sin aspavientos, como quien diagnostica una gripe y sigue caminando.
Del lado mexicano, mientras tanto, Sheinbaum seguía con su propia lista de absurdos. Le parecía absurdo el supuesto respaldo a una intervención militar en el país; absurdo, la supuesta pugna con su antecesor; absurdo, sancionar a un reportero. La palabra se le repetía en la boca como un estribillo, y no era para menos: en una sola semana, México era el escenario donde una política extranjera montaba su número, un fantasma intervencionista rondaba los titulares y alguien, en algún despacho, seguía explicando que aquí no pasaba nada.
Queda la postal de estos días: la mujer que viajó a provocar y se volvió con el ridículo en la maleta, los suyos fingiendo no conocerla, y un país acostumbrado a que lo usen de reflector para iluminar pleitos que no son suyos. El avión despega, la banda de música nunca apareció, y en Madrid alguien apaga la luz del escenario preguntándose si el show, al menos, alcanzó a pagar el boleto.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
15 de septiembre de 2026
La escena tuvo algo de comedia de equívocos. Una política de Madrid cruza el océano, sube a un escenario, suelta su número ensayado y espera que el respetable, agradecido, le regale una ovación. El respetable, en cambio, mira hacia otro lado. No hubo aplauso, sino esa incomodidad que se instala en la sala cuando el invitado confunde la casa ajena con su propia sala de trofeos. La gira terminó y el eco regresó a España convertido en un problema de relaciones públicas.
Y entonces empezó el desfile de los desmarques. La izquierda madrileña corrió a tenderle la mano a Sheinbaum y a ofrecerle sus disculpas por el “ridículo”. El gesto tenía algo de hermano avergonzado en la fiesta familiar: uno no controla a sus parientes, pero puede pedir perdón en su nombre. En el gobierno español la frase fue más quirúrgica: la presidenta madrileña fue a provocar a México y le salió mal. Sin aspavientos, como quien diagnostica una gripe y sigue caminando.
Del lado mexicano, mientras tanto, Sheinbaum seguía con su propia lista de absurdos. Le parecía absurdo el supuesto respaldo a una intervención militar en el país; absurdo, la supuesta pugna con su antecesor; absurdo, sancionar a un reportero. La palabra se le repetía en la boca como un estribillo, y no era para menos: en una sola semana, México era el escenario donde una política extranjera montaba su número, un fantasma intervencionista rondaba los titulares y alguien, en algún despacho, seguía explicando que aquí no pasaba nada.
Queda la postal de estos días: la mujer que viajó a provocar y se volvió con el ridículo en la maleta, los suyos fingiendo no conocerla, y un país acostumbrado a que lo usen de reflector para iluminar pleitos que no son suyos. El avión despega, la banda de música nunca apareció, y en Madrid alguien apaga la luz del escenario preguntándose si el show, al menos, alcanzó a pagar el boleto.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

