Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
15 de septiembre de 2026
Mañana es 16 de septiembre. Los militares ensayan el desfile en Chihuahua y los estadounidenses ensayan otra cosa en Santa Gertrudis. Dos ensayos el mismo fin de semana patrio: uno celebra que nos independizamos, el otro sugiere que a la independencia le faltó leer la letra chiquita.
No me escandalizo. Los escándalos son de quien los puede pagar. Es que la escena merece contarse bien: la soberanía es como el tequila de las bodas. Se brinda mucho con ella y al final la termina tomando otro.
Mientras tanto la economía va de maravilla. La deuda pública se duplicó, la informalidad creció, los subsidios a la gasolina engordan, y aun así alguien firma que gozamos de “confianza internacional”. Confianza internacional: la misma que le tienen al boxeador que ya no gana pero sigue cobrando la función.
Y en Jáltipan se incendió una planta de sal y murieron tres personas. Sal. Lo más barato y lo más olvidado. Tres muertos que no caben en ningún desfile, ni entrenan en ningún cuartel, ni aparecen en el renglón de la disciplina fiscal.
La ONU pide acción urgente contra la inteligencia artificial. Ándele. Nos preocupa que una máquina piense, cuando llevamos décadas viendo máquinas que gobiernan y ni un comunicado.
Mañana desfilarán soldados, aviones y orgullo. Todo se verá bonito desde el espejo retrovisor, porque siempre se ve bonito lo que ya pasó. Lo incómodo es el parabrisas: eso que viene y todavía no se ve. Pero si uno voltea lo suficiente, ese soldado extranjero entrenando en nuestro desierto no es ninguna novedad. Es una foto que ya tomamos hace tiempo, que guardamos con cuidado y que juramos no volver a mirar. Por eso mismo ya no recordamos cómo se veía.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
15 de septiembre de 2026
Mañana es 16 de septiembre. Los militares ensayan el desfile en Chihuahua y los estadounidenses ensayan otra cosa en Santa Gertrudis. Dos ensayos el mismo fin de semana patrio: uno celebra que nos independizamos, el otro sugiere que a la independencia le faltó leer la letra chiquita.
No me escandalizo. Los escándalos son de quien los puede pagar. Es que la escena merece contarse bien: la soberanía es como el tequila de las bodas. Se brinda mucho con ella y al final la termina tomando otro.
Mientras tanto la economía va de maravilla. La deuda pública se duplicó, la informalidad creció, los subsidios a la gasolina engordan, y aun así alguien firma que gozamos de “confianza internacional”. Confianza internacional: la misma que le tienen al boxeador que ya no gana pero sigue cobrando la función.
Y en Jáltipan se incendió una planta de sal y murieron tres personas. Sal. Lo más barato y lo más olvidado. Tres muertos que no caben en ningún desfile, ni entrenan en ningún cuartel, ni aparecen en el renglón de la disciplina fiscal.
La ONU pide acción urgente contra la inteligencia artificial. Ándele. Nos preocupa que una máquina piense, cuando llevamos décadas viendo máquinas que gobiernan y ni un comunicado.
Mañana desfilarán soldados, aviones y orgullo. Todo se verá bonito desde el espejo retrovisor, porque siempre se ve bonito lo que ya pasó. Lo incómodo es el parabrisas: eso que viene y todavía no se ve. Pero si uno voltea lo suficiente, ese soldado extranjero entrenando en nuestro desierto no es ninguna novedad. Es una foto que ya tomamos hace tiempo, que guardamos con cuidado y que juramos no volver a mirar. Por eso mismo ya no recordamos cómo se veía.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

