Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
29 de agosto de 2026
Si la política fuera un partido de fútbol en una cancha llena de baches, Claudia Sheinbaum sería esa jugadora que celebra el gol mientras el estadio se incendia detrás de ella: “Estoy muy optimista”, dice, justo cuando Sinaloa se desangra y la economía del norte se arrastra como lagartija sin cola. ¿En qué espejo retrovisor se ve un país que “va muy bien” cuando al mirar hacia adelante apenas se distingue el asfalto derretido?
Hoy mismo, de entre las entrañas de la corrupción, aparecieron recuperados cinco punto ocho millones de dólares del entramado de García Luna y los Weinberg. Cinco punto ocho millones. Ni siquiera suena a una cifra salvadora; suena a una moneda que se nos cayó del bolsillo roto después de un asalto monumental. Como pedirle disculpas a un muerto por devolverle el zapato que le robaron diez años después. Bien por la Fiscalía, pero el recuerdo de los miles de millones que se evaporaron sigue aplastando el pecho de este país.
Mientras tanto, Sinaloa traga miedo en cada esquina y la incertidumbre política no ayuda a que el abarrotero, el taquero ni el ingeniero respiren tranquilos. Los economistas, con su calculadora de feria, dicen que el crecimiento será de un uno y medio por ciento. Un uno y medio. Cifra que en el salón de clases reprobaría, pero que en el discurso oficial se vende como si fuera un premio Nobel. La esperanza es el cheque que se deposita en el banco del nunca.
Y en medio de tanta turbiedad, los rarámuri se van a Francia a llevarse el orgullo de Chihuahua a la Semana UTMB, y Juan Gabriel, diez años después de morirse, sigue llenando la memoria de Juárez con más vida que muchos políticos que aún ocupan cargo. Eso tiene un arranque de poesía: mientras los vivos se dedican a administrar el desorden, los muertos y los que corren por la montaña son los que ponen el nombre de México en alto.
Lo terrible no es que roben, ni que la violencia suba, ni que la presidenta venda optimismo como si fuera mercancía en un tianguis de ilusiones. Lo terrible es que todo esto ya lo hemos visto antes. El país es un espejo retrovisor: el accidente ya pasó, pero los bocinazos siguen sonando en la cabeza. Nos aferramos a la imagen del que se va, a la canción del que se fue, a la promesa de un mañana que se parece sospechosamente a un ayer que no funcionó. Cuando al fin aprendamos a mirar hacia adelante, quizá no haya camino que valga la pena recorrer.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
29 de agosto de 2026
Si la política fuera un partido de fútbol en una cancha llena de baches, Claudia Sheinbaum sería esa jugadora que celebra el gol mientras el estadio se incendia detrás de ella: “Estoy muy optimista”, dice, justo cuando Sinaloa se desangra y la economía del norte se arrastra como lagartija sin cola. ¿En qué espejo retrovisor se ve un país que “va muy bien” cuando al mirar hacia adelante apenas se distingue el asfalto derretido?
Hoy mismo, de entre las entrañas de la corrupción, aparecieron recuperados cinco punto ocho millones de dólares del entramado de García Luna y los Weinberg. Cinco punto ocho millones. Ni siquiera suena a una cifra salvadora; suena a una moneda que se nos cayó del bolsillo roto después de un asalto monumental. Como pedirle disculpas a un muerto por devolverle el zapato que le robaron diez años después. Bien por la Fiscalía, pero el recuerdo de los miles de millones que se evaporaron sigue aplastando el pecho de este país.
Mientras tanto, Sinaloa traga miedo en cada esquina y la incertidumbre política no ayuda a que el abarrotero, el taquero ni el ingeniero respiren tranquilos. Los economistas, con su calculadora de feria, dicen que el crecimiento será de un uno y medio por ciento. Un uno y medio. Cifra que en el salón de clases reprobaría, pero que en el discurso oficial se vende como si fuera un premio Nobel. La esperanza es el cheque que se deposita en el banco del nunca.
Y en medio de tanta turbiedad, los rarámuri se van a Francia a llevarse el orgullo de Chihuahua a la Semana UTMB, y Juan Gabriel, diez años después de morirse, sigue llenando la memoria de Juárez con más vida que muchos políticos que aún ocupan cargo. Eso tiene un arranque de poesía: mientras los vivos se dedican a administrar el desorden, los muertos y los que corren por la montaña son los que ponen el nombre de México en alto.
Lo terrible no es que roben, ni que la violencia suba, ni que la presidenta venda optimismo como si fuera mercancía en un tianguis de ilusiones. Lo terrible es que todo esto ya lo hemos visto antes. El país es un espejo retrovisor: el accidente ya pasó, pero los bocinazos siguen sonando en la cabeza. Nos aferramos a la imagen del que se va, a la canción del que se fue, a la promesa de un mañana que se parece sospechosamente a un ayer que no funcionó. Cuando al fin aprendamos a mirar hacia adelante, quizá no haya camino que valga la pena recorrer.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

