Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
8 de octubre de 2026
En la costa, la mañana empezó con el ritual de cada temporada: alguien sube al techo con un rollo de cinta canela, alguien más gira la perilla de la radio de pilas por si la luz se va antes que el agua. La diferencia es que esta vez el pizarrón del clima trae tres nombres al mismo tiempo. Dos huracanes y una tormenta tropical comparten el Atlántico y el Golfo, y el mapa de colores que todos aprendimos a leer parece una cocina donde encendieron todos los quemadores a la vez.
Simón es el que da más qué hablar. Se intensificará a huracán antes de tocar tierra, dicen los pronósticos, y después hará algo que no se ve seguido: se meterá al mar, recuperará fuerzas y volverá a entrar. Dos impactos. El mismo nombre firmando dos veces el libro de visitas, como si la primera vuelta no hubiera quedado clara.
Mientras tanto, Isaías se fortalece en el Golfo y apunta hacia la costa de Florida, a un país que ya tiene bastante con sus propios vientos. Dos sistemas con nombre de señor mayor y una tormenta tropical de esas que nadie recuerda hasta que empieza a llover en serio.
En el mercado, los rollos de plástico para forrar ventanas se agotaron antes del mediodía y el que vendía impermeables ajustó el precio con esa cara de quien no quiere aprovecharse pero tampoco es tonto. La temporada de huracanes trae siempre dos economías: la del miedo y la de la promesa de que aquí no pasa nada, mi hermano, agua que no has de beber.
En las oficinas del clima no hay drama, hay tableros. Gente con café frío mirando trayectorias que se corrigen cada seis horas, porque un huracán es lo único en este país que cambia de opinión tan rápido y tan seguido. A las autoridades les toca avisar; a la gente de la costa, decidir si le cree al boletín o al cielo, que a veces se pone rojo como para advertir y luego se queda tranquilo como si nada.
En el puerto, los lancheros amarran doble y algunos se llevan el motor a casa, no vaya a ser. La señora del puesto de cocos mete las sillas y se sienta a esperar con la misma paciencia con la que espera cada año. Nadie le reza al nombre del huracán. Le rezan al viento. Y esta semana, por lo visto, el viento viene en tres turnos.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

