Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
7 de septiembre de 2026
Hay algo de matrimonio por conveniencia en esta relación con Estados Unidos: ella dice que no está subordinada mientras él decide qué hacemos con la casa, los hijos y las vacaciones. A dos años de la política exterior mexicana, el discurso se estira como chicle de feria para cubrir una verdad incómoda: la dependencia no se declara, se padece. ¿De qué sirve gritar “subordinación nunca” si la economía entera es un anexo del patio trasero?
Que Sheinbaum salga a decir que México sostiene una parte de la economía estadounidense no es una declaración de soberanía; es el confesionario de un vecino que presume que su gotera mantiene húmeda la pared del otro. Claro que aportamos. Pero, ¿quién pone las reglas? ¿Quién decide cuándo se cierra la frontera, cuándo se arancela un tomate o cuándo un gobernador de Texas se siente con derecho a opinar sobre nuestra seguridad?
Lo más divertido del show es ver a los mismos de siempre hacer malabares con la palabra “cooperación”. Cooperamos en semiconductores, cooperamos en migración, cooperamos en seguridad. Pero la cooperación que nos ofrecen es como la del cazador que invita al venado a conocer su puntería. Mientras tanto, Madrid se ha vuelto el refugio de nuestra oligarquía y de esos políticos que juran amor a México desde un piso con vistas al Retiro. Se fueron a España como quien huye de un incendio, pero aquí siguen cobrando facturas y escribiendo tuits patrióticos.
Me dirán que soy pesimista. Que hay un proyecto de nación, que hay rumbo y que todo se consolida. Yo solo veo que nos pasamos la vida diciendo que tenemos rumbo mientras el volante lo trae otro. La 4T inventó una nueva gramática: se llama “cooperación sin subordinación” para no decir “ayúdenos a sobrevivir”. Nadie quiere ser el primero en confesar que el sueño del nearshoring nos tiene bailando al ritmo de las inversiones, como quinceañera que cambia de pareja según suene la canción.
Claro que hay logros. Los hay. Pero la política exterior no es un altar de autocomplacencia; es una negociación diaria donde el fuerte pone los precios y el débil pone la cara. A ver si algún día entendemos que la verdadera soberanía no se proclama desde el pódium, sino que se ejerce desde la capacidad de decir “no” sin que te tiemblen las piernas. Ahora mismo, la realidad se mira desde el espejo retrovisor: lo único que vemos es la polvareda que dejó el camino recorrido, no el que falta por andar.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
7 de septiembre de 2026
Hay algo de matrimonio por conveniencia en esta relación con Estados Unidos: ella dice que no está subordinada mientras él decide qué hacemos con la casa, los hijos y las vacaciones. A dos años de la política exterior mexicana, el discurso se estira como chicle de feria para cubrir una verdad incómoda: la dependencia no se declara, se padece. ¿De qué sirve gritar “subordinación nunca” si la economía entera es un anexo del patio trasero?
Que Sheinbaum salga a decir que México sostiene una parte de la economía estadounidense no es una declaración de soberanía; es el confesionario de un vecino que presume que su gotera mantiene húmeda la pared del otro. Claro que aportamos. Pero, ¿quién pone las reglas? ¿Quién decide cuándo se cierra la frontera, cuándo se arancela un tomate o cuándo un gobernador de Texas se siente con derecho a opinar sobre nuestra seguridad?
Lo más divertido del show es ver a los mismos de siempre hacer malabares con la palabra “cooperación”. Cooperamos en semiconductores, cooperamos en migración, cooperamos en seguridad. Pero la cooperación que nos ofrecen es como la del cazador que invita al venado a conocer su puntería. Mientras tanto, Madrid se ha vuelto el refugio de nuestra oligarquía y de esos políticos que juran amor a México desde un piso con vistas al Retiro. Se fueron a España como quien huye de un incendio, pero aquí siguen cobrando facturas y escribiendo tuits patrióticos.
Me dirán que soy pesimista. Que hay un proyecto de nación, que hay rumbo y que todo se consolida. Yo solo veo que nos pasamos la vida diciendo que tenemos rumbo mientras el volante lo trae otro. La 4T inventó una nueva gramática: se llama “cooperación sin subordinación” para no decir “ayúdenos a sobrevivir”. Nadie quiere ser el primero en confesar que el sueño del nearshoring nos tiene bailando al ritmo de las inversiones, como quinceañera que cambia de pareja según suene la canción.
Claro que hay logros. Los hay. Pero la política exterior no es un altar de autocomplacencia; es una negociación diaria donde el fuerte pone los precios y el débil pone la cara. A ver si algún día entendemos que la verdadera soberanía no se proclama desde el pódium, sino que se ejerce desde la capacidad de decir “no” sin que te tiemblen las piernas. Ahora mismo, la realidad se mira desde el espejo retrovisor: lo único que vemos es la polvareda que dejó el camino recorrido, no el que falta por andar.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

