Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de septiembre de 2026
Parece que el arte de la estancia provisional consiste en prenderle fuego a la esperanza y culpar al viento. Treinta migrantes muertos en Ciudad Juárez, treinta vidas que cruzaron medio continente para encontrar un edificio que ardía mejor que una vela en procesión; mientras los funcionarios se rasgan las vestiduras y aseguran que la soberanía se defiende con declaraciones desde San Luis Potosí, me pregunto si alguien les explicó que el país que tanto defienden ya no necesitaba más fronteras, sino menos cerillos.
La noticia corre como chisme de vecindad arreglado con la vecina de enfrente: México le pide a Estados Unidos que detenga a la esposa de García Luna. Claro, porque ya nos cansamos de perseguir al que manejaba el negocio y ahora vamos por la que agarraba las ganancias. Me encanta la justicia selectiva de este país: perseguimos al cómplice cuando el autor intelectual anda libre cobrando asesorías en el norte, y mientras tanto la presidenta habla de soberanía como si eso detuviera balas o frenara incendios.
Y hablando de incendios, no puedo sacar de mi cabeza la imagen de la Estancia Provisional. Treinta muertos y veintinueve heridos en Ciudad Juárez. Nadie sabe cómo empezó el fuego, o más bien, todos lo saben pero nadie quiere decirlo en voz alta porque siempre es más fácil hablar del clima en Delicias: lluvia ligera y ambiente cálido, dicen los del Heraldo, como si eso importara cuando el verdadero ambiente está en llamas y no por el calor de septiembre.
En Chihuahua también mataron a una pareja dentro de un auto, porque ser gobernador de ese estado y hacer informes de gobierno es una cosa, pero la inseguridad sigue siendo la invitada que nadie quiere presentar. Bonilla habla de convertir al estado en el gigante industrial del país mientras las balas escriben su propia versión del informe. Y la pugna por la candidatura de Morena ahí nomás, partiéndose como piñata en posada anticipada; entre menos les importa la gente, más les urge repartirse el hueso.
En otro orden de cosas, lean esto con calma: Pemex otorga el mayor aumento salarial en 24 años y Fox se entrega al PRI. No sé qué me da más risa: que una empresa zombi celebra como logro lo que antes era el mínimo indispensable, o que el ex presidente que se pasó dos décadas despotricando contra el PRI termina en sus brazos como amante arrepentido que vuelve con su ex porque nadie más lo aguanta.
Trump dice que respeta a la presidenta y descarta suspender el intercambio comercial. Ay, no. Ahora sí vamos a estar bien, ¿eh? Que el mismo que nos amenazó con aranceles ahora hable bonito debería asustarnos más que tranquilizarnos, porque en este vecindario internacional el respeto de Trump es tan confiable como una escolta de seguridad privada: te protege hasta que alguien paga más. Y mientras EU nos mira por la triangulación china pero celebra nuestro crecimiento exportador, Carlos Slim Domit promete un 4% de crecimiento que suena más a promesa de político en campaña que a pronóstico económico serio.
El Plan México avanza con su “nueva ruta del mundo”, porque somos el país del futuro: el que siempre está por llegar, el que siempre está por mejorar, el que nunca llega a ningún lado porque estamos demasiado ocupados apagando incendios que nosotros mismos encendemos. Treinta migrantes murieron en Juárez y la noticia compite por espacio con los highlights de basquetbol y el pronóstico del clima, porque así funciona este país tan surrealista que hasta la muerte se vuelve parte del paisaje cotidiano.
La realidad vista desde el espejo retrovisor nos muestra que nunca aprendemos nada. Porque así es México: miramos hacia atrás y vemos lo que ya pasó, repetimos los mismos nombres, los mismos discursos, los mismos incendios. El espejo nos devuelve la imagen de lo que dejamos atrás, y esta mañana lo que atrás quedó son treinta cuerpos sin nombre, un aliado que nos sonríe mientras afila el cuchillo, una oposición que alerta sobre inequidad electoral con la misma vehemencia que usa para acomodarse en sus curules. Y en el retrovisor, pequeño pero visible, se ve el reflejo de cada uno de nosotros que leemos estas líneas para sentirnos informados, para sentir que hacemos algo, para sentir que el problema no es nuestro. Cuando en realidad el fuego, tarde o temprano, siempre encuentra la manera de llegar a nuestra casa.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
5 de septiembre de 2026
Parece que el arte de la estancia provisional consiste en prenderle fuego a la esperanza y culpar al viento. Treinta migrantes muertos en Ciudad Juárez, treinta vidas que cruzaron medio continente para encontrar un edificio que ardía mejor que una vela en procesión; mientras los funcionarios se rasgan las vestiduras y aseguran que la soberanía se defiende con declaraciones desde San Luis Potosí, me pregunto si alguien les explicó que el país que tanto defienden ya no necesitaba más fronteras, sino menos cerillos.
La noticia corre como chisme de vecindad arreglado con la vecina de enfrente: México le pide a Estados Unidos que detenga a la esposa de García Luna. Claro, porque ya nos cansamos de perseguir al que manejaba el negocio y ahora vamos por la que agarraba las ganancias. Me encanta la justicia selectiva de este país: perseguimos al cómplice cuando el autor intelectual anda libre cobrando asesorías en el norte, y mientras tanto la presidenta habla de soberanía como si eso detuviera balas o frenara incendios.
Y hablando de incendios, no puedo sacar de mi cabeza la imagen de la Estancia Provisional. Treinta muertos y veintinueve heridos en Ciudad Juárez. Nadie sabe cómo empezó el fuego, o más bien, todos lo saben pero nadie quiere decirlo en voz alta porque siempre es más fácil hablar del clima en Delicias: lluvia ligera y ambiente cálido, dicen los del Heraldo, como si eso importara cuando el verdadero ambiente está en llamas y no por el calor de septiembre.
En Chihuahua también mataron a una pareja dentro de un auto, porque ser gobernador de ese estado y hacer informes de gobierno es una cosa, pero la inseguridad sigue siendo la invitada que nadie quiere presentar. Bonilla habla de convertir al estado en el gigante industrial del país mientras las balas escriben su propia versión del informe. Y la pugna por la candidatura de Morena ahí nomás, partiéndose como piñata en posada anticipada; entre menos les importa la gente, más les urge repartirse el hueso.
En otro orden de cosas, lean esto con calma: Pemex otorga el mayor aumento salarial en 24 años y Fox se entrega al PRI. No sé qué me da más risa: que una empresa zombi celebra como logro lo que antes era el mínimo indispensable, o que el ex presidente que se pasó dos décadas despotricando contra el PRI termina en sus brazos como amante arrepentido que vuelve con su ex porque nadie más lo aguanta.
Trump dice que respeta a la presidenta y descarta suspender el intercambio comercial. Ay, no. Ahora sí vamos a estar bien, ¿eh? Que el mismo que nos amenazó con aranceles ahora hable bonito debería asustarnos más que tranquilizarnos, porque en este vecindario internacional el respeto de Trump es tan confiable como una escolta de seguridad privada: te protege hasta que alguien paga más. Y mientras EU nos mira por la triangulación china pero celebra nuestro crecimiento exportador, Carlos Slim Domit promete un 4% de crecimiento que suena más a promesa de político en campaña que a pronóstico económico serio.
El Plan México avanza con su “nueva ruta del mundo”, porque somos el país del futuro: el que siempre está por llegar, el que siempre está por mejorar, el que nunca llega a ningún lado porque estamos demasiado ocupados apagando incendios que nosotros mismos encendemos. Treinta migrantes murieron en Juárez y la noticia compite por espacio con los highlights de basquetbol y el pronóstico del clima, porque así funciona este país tan surrealista que hasta la muerte se vuelve parte del paisaje cotidiano.
La realidad vista desde el espejo retrovisor nos muestra que nunca aprendemos nada. Porque así es México: miramos hacia atrás y vemos lo que ya pasó, repetimos los mismos nombres, los mismos discursos, los mismos incendios. El espejo nos devuelve la imagen de lo que dejamos atrás, y esta mañana lo que atrás quedó son treinta cuerpos sin nombre, un aliado que nos sonríe mientras afila el cuchillo, una oposición que alerta sobre inequidad electoral con la misma vehemencia que usa para acomodarse en sus curules. Y en el retrovisor, pequeño pero visible, se ve el reflejo de cada uno de nosotros que leemos estas líneas para sentirnos informados, para sentir que hacemos algo, para sentir que el problema no es nuestro. Cuando en realidad el fuego, tarde o temprano, siempre encuentra la manera de llegar a nuestra casa.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

