Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
28 de septiembre de 2026
Nos presumieron que México creció al doble del G20 este trimestre. En Morelos, dos estudiantes de preparatoria no alcanzaron a enterarse: los mataron antes del informe. La economía va muy bien; los que la sostienen, como siempre, van aparte.
Las cifras son hermosas. Crecimos el doble que las grandes potencias y hay que aplaudir de pie. El detalle es que la deuda pública, esa invitada que nunca se va de la fiesta, seguirá subiendo los próximos años. Crecimos, sí, pero a crédito. Como el que estrena camioneta para impresionar a la vecina mientras debe tres meses de luz.
Y mientras el mundo aprieta el freno, aquí celebramos correr más rápido que los que ya se detuvieron. Ganarle a quien no bajó a la cancha no es victoria: es gimnasia, y de la buena. Nos ponen de ejemplo el mismo trimestre en que el freno global nos alcanza por detrás.
En Chihuahua, para subir la moral, midieron la calabaza más grande del país. En Morelos midieron otra cosa: cuántas balas caben en el cuerpo de un adolescente. Las dos noticias van en la misma escaleta, separadas por treinta segundos de comerciales de refresco. Así se digiere todo.
Y en Chihuahua ya se define la corcholata rumbo al 2027, porque nada distrae mejor de un país que se desangra que un casting. La política mexicana es una telenovela donde cambian al galán cada temporada y el villano sigue siendo el mismo: el que nunca sale en la foto pero paga la producción.
Porque desde el espejo retrovisor todo se ve al revés: entendemos el trimestre cuando ya es historia y a los muertos cuando ya son estadística. Los números crecen, la deuda crece, la calabaza crece, y una generación entera se aleja, empequeñecida, sin llegar nunca a vieja. La realidad no se mira de frente. Se mira por el retrovisor, cuando ya no hay absolutamente nada que hacer.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
28 de septiembre de 2026
Nos presumieron que México creció al doble del G20 este trimestre. En Morelos, dos estudiantes de preparatoria no alcanzaron a enterarse: los mataron antes del informe. La economía va muy bien; los que la sostienen, como siempre, van aparte.
Las cifras son hermosas. Crecimos el doble que las grandes potencias y hay que aplaudir de pie. El detalle es que la deuda pública, esa invitada que nunca se va de la fiesta, seguirá subiendo los próximos años. Crecimos, sí, pero a crédito. Como el que estrena camioneta para impresionar a la vecina mientras debe tres meses de luz.
Y mientras el mundo aprieta el freno, aquí celebramos correr más rápido que los que ya se detuvieron. Ganarle a quien no bajó a la cancha no es victoria: es gimnasia, y de la buena. Nos ponen de ejemplo el mismo trimestre en que el freno global nos alcanza por detrás.
En Chihuahua, para subir la moral, midieron la calabaza más grande del país. En Morelos midieron otra cosa: cuántas balas caben en el cuerpo de un adolescente. Las dos noticias van en la misma escaleta, separadas por treinta segundos de comerciales de refresco. Así se digiere todo.
Y en Chihuahua ya se define la corcholata rumbo al 2027, porque nada distrae mejor de un país que se desangra que un casting. La política mexicana es una telenovela donde cambian al galán cada temporada y el villano sigue siendo el mismo: el que nunca sale en la foto pero paga la producción.
Porque desde el espejo retrovisor todo se ve al revés: entendemos el trimestre cuando ya es historia y a los muertos cuando ya son estadística. Los números crecen, la deuda crece, la calabaza crece, y una generación entera se aleja, empequeñecida, sin llegar nunca a vieja. La realidad no se mira de frente. Se mira por el retrovisor, cuando ya no hay absolutamente nada que hacer.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

