Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de septiembre de 2026
Hay días en que este país parece un pastel de tres pisos horneado sobre un lote incendiado: arriba el glaseado de los discursos; abajo, los 40 muertos de la estancia migratoria que nadie terminó de llorar. Los reflectores están en el atril del poder, pero la foto que debería avergonzarnos está en la audiencia donde Francisco Garduño no apareció. ¿Cómo se llama eso: impunidad o cortesía con la memoria?
No es un detalle administrativo. Es el resumen de cómo tratamos a los que llegan cansados, huyendo de todo, y a los que se quedaron a cargo de su destino. Un incendio, 40 personas muertas, una investigación que avanza como caracol con reumatismo y un funcionario que decide que su comodidad pesa más que el dolor de las familias. Los familiares, encima, denuncian presiones para cerrar el caso. Porque claro: si el muerto ya no habla, para qué seguir molestando al presupuesto.
Y mientras la Semarnat autoriza parques solares y los analistas ajustan el PIB para que la foto macro no salga tan borrosa, la justicia sigue siendo un lujo que no cotiza en la bolsa. Se celebra el amor convertido en política pública, pero nadie encuentra la manera de convertir la vergüenza en comparecencias. El amor, dicen, es la base de todo. ¿También del artículo 19 constitucional?
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, tiene una cualidad miserable: siempre sabes lo que debiste hacer cuando ya es tarde. En 2023 supimos que un incendio en una estación migratoria no debió pasar. En 2026 sabemos que Garduño tenía que estar en esa audiencia. Y aquí seguimos, viendo por el espejo cómo el pasado se aleja sin que nadie lo detenga. El problema no es que olvidemos. El problema es que recordamos perfecto, pero preferimos no mirar de frente. Porque mirar de frente implica admitir que el volante lo trae alguien que va en reversa.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de septiembre de 2026
Hay días en que este país parece un pastel de tres pisos horneado sobre un lote incendiado: arriba el glaseado de los discursos; abajo, los 40 muertos de la estancia migratoria que nadie terminó de llorar. Los reflectores están en el atril del poder, pero la foto que debería avergonzarnos está en la audiencia donde Francisco Garduño no apareció. ¿Cómo se llama eso: impunidad o cortesía con la memoria?
No es un detalle administrativo. Es el resumen de cómo tratamos a los que llegan cansados, huyendo de todo, y a los que se quedaron a cargo de su destino. Un incendio, 40 personas muertas, una investigación que avanza como caracol con reumatismo y un funcionario que decide que su comodidad pesa más que el dolor de las familias. Los familiares, encima, denuncian presiones para cerrar el caso. Porque claro: si el muerto ya no habla, para qué seguir molestando al presupuesto.
Y mientras la Semarnat autoriza parques solares y los analistas ajustan el PIB para que la foto macro no salga tan borrosa, la justicia sigue siendo un lujo que no cotiza en la bolsa. Se celebra el amor convertido en política pública, pero nadie encuentra la manera de convertir la vergüenza en comparecencias. El amor, dicen, es la base de todo. ¿También del artículo 19 constitucional?
La realidad, vista desde el espejo retrovisor, tiene una cualidad miserable: siempre sabes lo que debiste hacer cuando ya es tarde. En 2023 supimos que un incendio en una estación migratoria no debió pasar. En 2026 sabemos que Garduño tenía que estar en esa audiencia. Y aquí seguimos, viendo por el espejo cómo el pasado se aleja sin que nadie lo detenga. El problema no es que olvidemos. El problema es que recordamos perfecto, pero preferimos no mirar de frente. Porque mirar de frente implica admitir que el volante lo trae alguien que va en reversa.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

