Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de octubre de 2026
La Vuelta a México fue, durante años, una de las pruebas de ruta más duras del continente. No era un paseo: cruzaba sierras, se metía en pueblos donde el asfalto termina y la gente salía a la banqueta con una olla de café y una silla plegable para ver pasar a los flacos de colores. Durante décadas, esa caravana fue la única ventana que muchos mexicanos tuvieron hacia un deporte que, en el resto del mundo, mueve pasiones de estadio.
Luego llegó el silencio. La carrera se fue apagando entre presupuestos flacos, calendarios rotos y una afición que solo recordaba el Tour de Francia cuando aparecía en la televisión abierta a medianoche. El ciclismo mexicano quedó como esas bicicletas viejas colgadas en el techo del garaje: ahí, presentes, pero sin nadie que las baje.
Mientras eso pasaba, un niño de Ensenada se subía a una bici de segunda mano y empezaba a hacer lo que hacen los elegidos: ganar en subida. Isaac del Toro no tuvo un camino de alfombra. Se formó en carreras locales, en vueltas regionales, en ese circuito modesto donde el premio a veces es una caja de fruta y un apretón de manos. De ahí saltó a Europa, al World Tour, a esos equipos donde el contrato incluye nutricionista, túnel de viento y una montaña de datos por cada pedalazo.
Hoy su nombre pesa lo suficiente como para que los organizadores de La Vuelta a México lo pongan en la portada. Y ese detalle, más que deportivo, es casi sociológico: en un país que suele descubrir a sus héroes cuando ya brillan lejos, ahora se busca al campeón local para que jale el carrito de una carrera entera.
El regreso traerá de vuelta el sonido de las ruedas sobre el asfalto, el olor a grasa de cadena, los autobuses de equipo estacionados en plazas donde nunca pasa nada. Traerá también esa escena que solo entienden los que han ido: el pueblo entero asomado en una curva, esperando tres horas para ver pasar un pelotón en ocho segundos.
La pregunta no es si del Toro puede ganar. La pregunta es si una carrera revive porque un crack la presta su sombra, o si el verdadero reto es que, cuando él se vaya a Europa otra vez, alguien en México se quede mirando la carretera con ganas de agarrar una bici.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

