Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
2 de octubre de 2026
La presidenta, con paciencia de sacristán, sale a defender el santoral: claro que escribir es política. La más cómoda de todas. Opinas, cobras regalías y no cargas con los resultados. Como el portero que vende autógrafos después de que el equipo descendió.
Pero entre tanta devoción se coló una frase que debería preocupar más que los libros: ya pasaron dos años y no hay legado. Dos de seis. Y el legado no llega con discurso, llega con tubería, con escuelas, con policías que respondan. Mientras unos escriben que el pueblo manda, hay quien pide seriedad. Tiene razón: a México le urge seriedad más que otro tomo de reflexiones, más que otro prólogo donde el autor se retrata como estatua.
La realidad, mientras tanto, no reflexiona. Se desborda el Río Bravo en el norponiente de Ciudad Juárez y el agua crece desde el otro lado, puntual como no lo es el agua potable de casa. Se cierran viales, se inunda la frontera, y uno sospecha que hasta el río hace política a su manera.
Y luego Torreón. Una secundaria. Una subdirectora muerta y cuatro heridos en el único lugar que la colonia tenía por seguro. Ahí no hay metáfora que alcance ni libro que lo explique ni reflexión que lo acomode bonito. Ahí el país se ve desnudo, sin guion y sin editor.
Nos gusta mirar atrás porque el retrovisor nunca se equivoca: ahí todo ya pasó, todo se juzga con la comodidad del que llega tarde. Los expresidentes escriben porque el pasado se deja escribir. Los ríos se desbordan porque el presente no espera. Y las escuelas se desangran porque el futuro se nos adelantó otra vez. Miro por el espejo, digo “yo lo hubiera hecho mejor”, y el parabrisas se me empaña con lo que viene y no quiero ver.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

