Sin resultados
Ver todos los resultados
ImPersonal
  • Inicio
  • Quienes Somos, porqué lo hacemos
  • Términos y Condiciones de Uso
  • Aviso Legal
  • Aviso de Privacidad
  • Inicio
  • Quienes Somos, porqué lo hacemos
  • Términos y Condiciones de Uso
  • Aviso Legal
  • Aviso de Privacidad
Sin resultados
Ver todos los resultados
Impersonal
Sin resultados
Ver todos los resultados

Impersonal — 23 de septiembre de 2026 | Edición para el café

por Opinia Lab
23 septiembre, 2026

Impersonal Vespertino

La realidad vista desde el espejo retrovisor

23 de septiembre de 2026

El 85.2 por ciento de los adultos en México sigue pagando con billetes y monedas. Lo anunció el Finno Summit entre canapés y paneles sobre inclusión financiera, mientras a diez cuadras de ahí un taquero contaba monedas de a diez bajo un foco colgado de un cable. La cifra no es un fracaso: es una biografía.

Un domingo cualquiera, en cualquier tianguis del país, el efectivo tiene su propia coreografía. La señora de las quesadillas no cobra: hace cambio. Recibe un billete de doscientos y devuelve un rosario de monedas, y en ese intercambio hay más confianza que en cualquier contrato firmado con el dedo sobre una pantalla.

El dinero en efectivo suena. Eso es lo que algunos no perdonan: que suene. Las monedas caen en la caja de metal como un aplauso pequeño; el billete se estira, se revisa contra la luz, se dobla en cuatro. Ninguna aplicación ha logrado replicar ese ruido, aunque todas lo intenten con confeti digital.

En el otro extremo de la ciudad, en un salón con alfombra y aire acondicionado, los expertos celebraban el avance. Y es cierto: hoy se paga el café con el teléfono, el cine con el reloj, la luz con un clic. Detrás del mostrador, sin embargo, hay una terminal que lleva meses en un cajón: la señal se cae, la comisión muerde, y a las once de la mañana nadie sabe si el dinero llegó o va en camino.

El taxista lo dice sin drama: acepta tarjeta, pero prefiere el billete. Con el billete come ese día, no en tres días hábiles. La señora del mercado guarda sus ahorros en un sobre debajo de los platos hondos, y no es ignorancia: es desconfianza con cicatrices.

Mientras tanto, BBVA avisa que sus sucursales abrirán en nuevo horario, como si el problema fuera a qué hora abren y no cuántas veces se cayó la aplicación justo cuando había que pagar.

Hay una escena que lo resume. Un cliente extiende su teléfono para pagar unos tacos. El taquero mira la pantalla, mira la fila, y pregunta lo que pregunta medio país: “¿Y si no hay internet?”. Nadie contesta. El cliente guarda el teléfono y saca un billete arrugado. El taquero lo recibe y devuelve el cambio con la calma de quien acaba de ganar una discusión de veinte años.

La inclusión financiera, dicen, es que todos entren al sistema. Quizá. Pero el sistema lleva años entrando a todos, y el 85.2 por ciento decidió que, aun así, prefiere el peso que se toca.

Al cerrar, el taquero cuenta su día: billetes de a cien, de a cincuenta, monedas de a diez. Los ordena, los guarda, apaga el foco. Mañana la aplicación volverá a prometer el futuro. Él ya tiene el presente en la bolsa del mandil.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

Tal vez te interese

Impersonal — 27 de septiembre de 2026 | Edición para el café

27 septiembre, 2026

Impersonal — 26 de septiembre de 2026 | Edición para el café

26 septiembre, 2026

Impersonal Vespertino

La realidad vista desde el espejo retrovisor

23 de septiembre de 2026

El 85.2 por ciento de los adultos en México sigue pagando con billetes y monedas. Lo anunció el Finno Summit entre canapés y paneles sobre inclusión financiera, mientras a diez cuadras de ahí un taquero contaba monedas de a diez bajo un foco colgado de un cable. La cifra no es un fracaso: es una biografía.

Un domingo cualquiera, en cualquier tianguis del país, el efectivo tiene su propia coreografía. La señora de las quesadillas no cobra: hace cambio. Recibe un billete de doscientos y devuelve un rosario de monedas, y en ese intercambio hay más confianza que en cualquier contrato firmado con el dedo sobre una pantalla.

El dinero en efectivo suena. Eso es lo que algunos no perdonan: que suene. Las monedas caen en la caja de metal como un aplauso pequeño; el billete se estira, se revisa contra la luz, se dobla en cuatro. Ninguna aplicación ha logrado replicar ese ruido, aunque todas lo intenten con confeti digital.

En el otro extremo de la ciudad, en un salón con alfombra y aire acondicionado, los expertos celebraban el avance. Y es cierto: hoy se paga el café con el teléfono, el cine con el reloj, la luz con un clic. Detrás del mostrador, sin embargo, hay una terminal que lleva meses en un cajón: la señal se cae, la comisión muerde, y a las once de la mañana nadie sabe si el dinero llegó o va en camino.

El taxista lo dice sin drama: acepta tarjeta, pero prefiere el billete. Con el billete come ese día, no en tres días hábiles. La señora del mercado guarda sus ahorros en un sobre debajo de los platos hondos, y no es ignorancia: es desconfianza con cicatrices.

Mientras tanto, BBVA avisa que sus sucursales abrirán en nuevo horario, como si el problema fuera a qué hora abren y no cuántas veces se cayó la aplicación justo cuando había que pagar.

Hay una escena que lo resume. Un cliente extiende su teléfono para pagar unos tacos. El taquero mira la pantalla, mira la fila, y pregunta lo que pregunta medio país: “¿Y si no hay internet?”. Nadie contesta. El cliente guarda el teléfono y saca un billete arrugado. El taquero lo recibe y devuelve el cambio con la calma de quien acaba de ganar una discusión de veinte años.

La inclusión financiera, dicen, es que todos entren al sistema. Quizá. Pero el sistema lleva años entrando a todos, y el 85.2 por ciento decidió que, aun así, prefiere el peso que se toca.

Al cerrar, el taquero cuenta su día: billetes de a cien, de a cincuenta, monedas de a diez. Los ordena, los guarda, apaga el foco. Mañana la aplicación volverá a prometer el futuro. Él ya tiene el presente en la bolsa del mandil.

— El Espejo Retrovisor

Columnista. Cinico. Observador.

ShareTweetSend
Anterior

Impersonal — 23 de septiembre de 2026

Siguiente

Impersonal — 24 de septiembre de 2026

Related Columnas

Impersonal Vespertino

Impersonal — 27 de septiembre de 2026 | Edición para el café

27 septiembre, 2026
Impersonal Vespertino

Impersonal — 26 de septiembre de 2026 | Edición para el café

26 septiembre, 2026
Impersonal Vespertino

Impersonal — 25 de septiembre de 2026 | Edición para el café

25 septiembre, 2026
Impersonal Vespertino

Impersonal — 24 de septiembre de 2026 | Edición para el café

24 septiembre, 2026
Impersonal Vespertino

Impersonal — 22 de septiembre de 2026 | Edición para el café

22 septiembre, 2026
Impersonal Vespertino

Impersonal — 21 de septiembre de 2026 | Edición para el café

21 septiembre, 2026

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Quienes Somos, porqué lo hacemos
  • Términos y Condiciones de Uso
  • Aviso Legal
  • Aviso de Privacidad