Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de septiembre de 2026
México y Francia quieren quitarle el botón de veto al Consejo de Seguridad cuando alguien decide exterminar a un pueblo entero. Idea noble, casi conmovedora: los que llevan ochenta años apretando ese botón ahora prometen soltarlo. El problema es que nadie suelta nada gratis, y el genocidio, como el chisme, siempre ocurre en el patio del vecino. ¿De verdad creemos que le vamos a quitar el control remoto al que lleva décadas cambiando el canal?
El mismo día, desde Ciudad Juárez, la presidenta proclamó que México es libre, independiente y soberano. Horas antes, la agenda económica admitía que analizamos dejar otros mercados para comprarle más a Estados Unidos y tapar el déficit. Soberanía de temporada: libres para comprar donde nos digan, independientes para pagar en dólares, soberanos para sonreír en la aduana.
El índice de competitividad coronó a la Ciudad de México y dejó a Guerrero en el sótano; Chihuahua, donde se pronunciaba el discurso de la grandeza, fue la que más retrocedió. Al país le va bien en un mapa que solo se pinta donde ya había dinero.
Y mientras el Centro de Derechos Humanos José Revueltas responde que aquí sí hay represión y persecución política, el gobierno contesta que no. El país se parte entre quienes redactan la respuesta y quienes la reciben en la cara.
Desde el 3 de noviembre se restringirá el celular en primarias y secundarias: le quitamos la pantalla a los niños para que aprendan. El mismo país deja que los datos de quince millones de clientes de Aeroméxico anden circulando por Telegram. Los menores no pueden mirar un teléfono; quince millones de adultos somos el chisme digital gratuito. Al huracán Polo le da igual nuestra soberanía: ya es categoría dos y avanza sin consultarle a nadie.
La realidad se parece demasiado a ese espejo retrovisor que insistimos en no mirar. Ahí está lo que ya pasó, nítido y repetido: la misma promesa, el mismo veto, el mismo discurso de soberanía dicho de espaldas a la frontera. El parabrisas promete futuro; el retrovisor guarda memoria. Y lo único que aprendimos a hacer bien es contarlo después.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
22 de septiembre de 2026
México y Francia quieren quitarle el botón de veto al Consejo de Seguridad cuando alguien decide exterminar a un pueblo entero. Idea noble, casi conmovedora: los que llevan ochenta años apretando ese botón ahora prometen soltarlo. El problema es que nadie suelta nada gratis, y el genocidio, como el chisme, siempre ocurre en el patio del vecino. ¿De verdad creemos que le vamos a quitar el control remoto al que lleva décadas cambiando el canal?
El mismo día, desde Ciudad Juárez, la presidenta proclamó que México es libre, independiente y soberano. Horas antes, la agenda económica admitía que analizamos dejar otros mercados para comprarle más a Estados Unidos y tapar el déficit. Soberanía de temporada: libres para comprar donde nos digan, independientes para pagar en dólares, soberanos para sonreír en la aduana.
El índice de competitividad coronó a la Ciudad de México y dejó a Guerrero en el sótano; Chihuahua, donde se pronunciaba el discurso de la grandeza, fue la que más retrocedió. Al país le va bien en un mapa que solo se pinta donde ya había dinero.
Y mientras el Centro de Derechos Humanos José Revueltas responde que aquí sí hay represión y persecución política, el gobierno contesta que no. El país se parte entre quienes redactan la respuesta y quienes la reciben en la cara.
Desde el 3 de noviembre se restringirá el celular en primarias y secundarias: le quitamos la pantalla a los niños para que aprendan. El mismo país deja que los datos de quince millones de clientes de Aeroméxico anden circulando por Telegram. Los menores no pueden mirar un teléfono; quince millones de adultos somos el chisme digital gratuito. Al huracán Polo le da igual nuestra soberanía: ya es categoría dos y avanza sin consultarle a nadie.
La realidad se parece demasiado a ese espejo retrovisor que insistimos en no mirar. Ahí está lo que ya pasó, nítido y repetido: la misma promesa, el mismo veto, el mismo discurso de soberanía dicho de espaldas a la frontera. El parabrisas promete futuro; el retrovisor guarda memoria. Y lo único que aprendimos a hacer bien es contarlo después.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

