Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
17 de septiembre de 2026
Noventa y nueve aeronaves sobre el Zócalo y una frase de cartón: México no se doblega, no se arrodilla, no se vende. Un país que se quiere tanto se parece al karaoke de las tres de la mañana: canta más fuerte mientras menos se acuerda de la letra. Y mientras el ruido sube, abajo hay cuatro mil doscientas ochenta y una razones para bajarle el volumen. ¿A quién le rezamos: al avión o al expediente?
La soberanía queda hermosa con banda de guerra de fondo. Pero los 139 militares estadounidenses que se autorizaron para entrar a Chihuahua no vinieron a tocar trompeta, y la presión del norte es otra: que persigamos a los funcionarios que le hacen favores al narco. Nadie nos pidió arrodillarnos. Se llama cooperación. Suena mejor en inglés y se firma igual.
Chihuahua otra vez, la misma geografía con dos caras: cuatro mil 281 personas desaparecidas, más de mil solo en Ciudad Juárez. Y en esa misma ciudad se inaugura una Torre Centinela, nombre que promete vigilancia. Vigila, sí. Pero vigilar no es encontrar. En el Grito se gritó “viva la verdad y la libertad” con el entusiasmo de quien celebra un gol cuando el partido ya se perdió.
En Guerrero alguien recordó que el presidente anterior tenía “visión autoritaria”. Lo dijo cuando competía. La memoria es un músculo que solo se entrena en la oposición.
Mientras tanto la economía no canta, cobra. Se acabó el dinero barato, las tasas aprietan, las negociaciones con el norte se corrieron al 28 y 29, y el capital asiático entra a raudales por una puerta que nadie supo cerrar. La soberanía también se mide en puntos base, aunque eso no salga en la foto del balcón.
En el espejo retrovisor todo se encoge: el desfile se vuelve murmullo, los discursos suenan lejanos, y lo único que conserva su tamaño es la lista de los que no están. La patria no se arrodilla, dice el balcón. Y uno, en el asiento de atrás, se pregunta cuántas veces más vamos a confundir el estruendo con la fuerza. La realidad vista desde el espejo retrovisor nunca consuela: llega como un recibo, no como un himno.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
17 de septiembre de 2026
Noventa y nueve aeronaves sobre el Zócalo y una frase de cartón: México no se doblega, no se arrodilla, no se vende. Un país que se quiere tanto se parece al karaoke de las tres de la mañana: canta más fuerte mientras menos se acuerda de la letra. Y mientras el ruido sube, abajo hay cuatro mil doscientas ochenta y una razones para bajarle el volumen. ¿A quién le rezamos: al avión o al expediente?
La soberanía queda hermosa con banda de guerra de fondo. Pero los 139 militares estadounidenses que se autorizaron para entrar a Chihuahua no vinieron a tocar trompeta, y la presión del norte es otra: que persigamos a los funcionarios que le hacen favores al narco. Nadie nos pidió arrodillarnos. Se llama cooperación. Suena mejor en inglés y se firma igual.
Chihuahua otra vez, la misma geografía con dos caras: cuatro mil 281 personas desaparecidas, más de mil solo en Ciudad Juárez. Y en esa misma ciudad se inaugura una Torre Centinela, nombre que promete vigilancia. Vigila, sí. Pero vigilar no es encontrar. En el Grito se gritó “viva la verdad y la libertad” con el entusiasmo de quien celebra un gol cuando el partido ya se perdió.
En Guerrero alguien recordó que el presidente anterior tenía “visión autoritaria”. Lo dijo cuando competía. La memoria es un músculo que solo se entrena en la oposición.
Mientras tanto la economía no canta, cobra. Se acabó el dinero barato, las tasas aprietan, las negociaciones con el norte se corrieron al 28 y 29, y el capital asiático entra a raudales por una puerta que nadie supo cerrar. La soberanía también se mide en puntos base, aunque eso no salga en la foto del balcón.
En el espejo retrovisor todo se encoge: el desfile se vuelve murmullo, los discursos suenan lejanos, y lo único que conserva su tamaño es la lista de los que no están. La patria no se arrodilla, dice el balcón. Y uno, en el asiento de atrás, se pregunta cuántas veces más vamos a confundir el estruendo con la fuerza. La realidad vista desde el espejo retrovisor nunca consuela: llega como un recibo, no como un himno.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

