Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de agosto de 2026
Si la realidad tuviera la mitad de la inteligencia artificial que prometen los discursos oficiales, el feminicidio de la tiktoker Valeria Márquez se habría resuelto el primer día. Pero aquí seguimos, descubriendo que el hijo del R1 no necesitaba filtros de TikTok para borrar una vida: bastó el algoritmo de siempre, el de los apellidos.
Confieso que fui a buscar el video viral, como todos. Ahí está ella, riendo, bailando, viva. Ese es el único legado que le dejó la plataforma: la certeza de que su muerte importa menos que el número de reproducciones. Mientras tanto, el hijo de un jefe policiaco recorre los pasillos de la fiscalía con el compás de quien sabe que las fichas ya están acomodadas. El sistema de justicia mexicano no es un reloj, es un laberinto con salida VIP para los recomendados.
Y no me vengan con que Chihuahua anda escandalizado porque unas mujeres trans se desvistieron en el Congreso para exigir respeto. Mientras el pleno discute el derecho a enseñar lo que una trae dentro, Ciudad Juárez cerró julio con 38 homicidios y el estado presume sus vasijas de Mata Ortiz en Atlanta. Que bonito: arte para afuera, carne molida para adentro. El mismo país que exporta cultura y migrantes, importa gringos con dinero y ganas de no ver la realidad.
Mientras tanto, en la otra orilla, la Casa Blanca usa a Bad Bunny para vender su política antimigratoria como si fuera perfume barato: puro mensaje y cero sustancia. El conejito cobra, ellos cobran, y los cuerpos en Ceuta son la letra pequeña que nadie lee. Ojalá nosotros también tuviéramos un embajador que agradeciera la solidaridad con Cuba cada vez que nos ahogamos en discursos vacíos y promesas de campaña.
Y ya que hablamos de promesas, la UNAM descubrió que su examen de admisión no era exactamente un examen, sino una ruleta con menos transparencia que una caja de zapatos. La crisis ahí ya provocó renuncias; aquí, una tiktoker más que no pudo siquiera pedir apoyo en línea cuando más lo necesitaba. No sé si el futuro será de los inteligentes o de los que tienen coartada, pero el presente es una fila donde unos cargan ataúd y otros cargan influencias.
El espejo retrovisor no miente aunque sea cóncavo. Lo que vemos no es el pasado, es el futuro que se nos fue. La memoria es un mapa a medio borrar, y cada caso como el de Valeria agrega una mancha en la ventanilla. Miro por el espejo y me veo a mí mismo: tengo 20 años escribiendo, y todavía no sé si mis palabras sirven para algo más que para llenar una cuartilla el jueves por la mañana. El retrovisor es cruel porque no muestra lo que viene; solo repite lo que no aprendimos. Y ahí está ella, en la carretera, caminando sola hacia un alto que nadie iba a respetar.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
1 de agosto de 2026
Si la realidad tuviera la mitad de la inteligencia artificial que prometen los discursos oficiales, el feminicidio de la tiktoker Valeria Márquez se habría resuelto el primer día. Pero aquí seguimos, descubriendo que el hijo del R1 no necesitaba filtros de TikTok para borrar una vida: bastó el algoritmo de siempre, el de los apellidos.
Confieso que fui a buscar el video viral, como todos. Ahí está ella, riendo, bailando, viva. Ese es el único legado que le dejó la plataforma: la certeza de que su muerte importa menos que el número de reproducciones. Mientras tanto, el hijo de un jefe policiaco recorre los pasillos de la fiscalía con el compás de quien sabe que las fichas ya están acomodadas. El sistema de justicia mexicano no es un reloj, es un laberinto con salida VIP para los recomendados.
Y no me vengan con que Chihuahua anda escandalizado porque unas mujeres trans se desvistieron en el Congreso para exigir respeto. Mientras el pleno discute el derecho a enseñar lo que una trae dentro, Ciudad Juárez cerró julio con 38 homicidios y el estado presume sus vasijas de Mata Ortiz en Atlanta. Que bonito: arte para afuera, carne molida para adentro. El mismo país que exporta cultura y migrantes, importa gringos con dinero y ganas de no ver la realidad.
Mientras tanto, en la otra orilla, la Casa Blanca usa a Bad Bunny para vender su política antimigratoria como si fuera perfume barato: puro mensaje y cero sustancia. El conejito cobra, ellos cobran, y los cuerpos en Ceuta son la letra pequeña que nadie lee. Ojalá nosotros también tuviéramos un embajador que agradeciera la solidaridad con Cuba cada vez que nos ahogamos en discursos vacíos y promesas de campaña.
Y ya que hablamos de promesas, la UNAM descubrió que su examen de admisión no era exactamente un examen, sino una ruleta con menos transparencia que una caja de zapatos. La crisis ahí ya provocó renuncias; aquí, una tiktoker más que no pudo siquiera pedir apoyo en línea cuando más lo necesitaba. No sé si el futuro será de los inteligentes o de los que tienen coartada, pero el presente es una fila donde unos cargan ataúd y otros cargan influencias.
El espejo retrovisor no miente aunque sea cóncavo. Lo que vemos no es el pasado, es el futuro que se nos fue. La memoria es un mapa a medio borrar, y cada caso como el de Valeria agrega una mancha en la ventanilla. Miro por el espejo y me veo a mí mismo: tengo 20 años escribiendo, y todavía no sé si mis palabras sirven para algo más que para llenar una cuartilla el jueves por la mañana. El retrovisor es cruel porque no muestra lo que viene; solo repite lo que no aprendimos. Y ahí está ella, en la carretera, caminando sola hacia un alto que nadie iba a respetar.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

