Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
27 de julio de 2026
El viaje de la presidenta madrileña a la Ciudad de México estaba pensado como una foto entre empresarios y discursos de hermandad. Nadie le advirtió que la hermandad, aquí, se negocia con memoria. Apenas pisó tierra firme, las reacciones volaron más rápido que su avión. El gobierno de España, vía la portavoz del Ejecutivo montañés y republicano, soltó un comunicado seco: “ha ido a provocar y le ha salido mal”. Traducción: la señora llegó sola, con sus propias banderas, y se encontró con una plaza tomada.
Desde el Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum no levantó la voz. Calificó la visita como “fallida”, palabra que en la jerga diplomática suena a portazo sin aspavientos. La izquierda madrileña, avergonzada, pidió disculpas formales a la mandataria mexicana: “pedimos perdón por el ridículo de Ayuso”. En Madrid, un concejal de Más Madrid declaró que la señora “fue a México a hacerse la foto y le devolvieron el negativo”.
El ridículo, sin embargo, tiene varios frentes abiertos. Mientras Sheinbaum hablaba del voto femenino como algo “absurdo y regresivo” de eliminar, en las redes sociales un chileno anónimo —con el micrófono abierto durante una transmisión de Prime Video— dejó temblando a Honduras y Argentina: “México no castiga, ellos fallaron”. La frase, dicha con el desparpajo de quien sabe que su país de verdad tiene una selección, provocó risas incómodas en las mesas de debate. Un chileno se volvió trending por decir lo que todos piensan y nadie se atreve: que a veces los países no pelean, sino que fallan.
En Chihuahua, el PAN aseguró que Morena “va en picada” y llamó “ridícula” la marcha del partido oficial. Pero la palabra “ridículo” ya no es un insulto, es un género literario. La portada de *Brújula News* lo resumió en tres palabras: “El teatro del absurdo”. Y el columnista de *Milenio*, al hablar del “absurdo caso Casar”, destapó un expediente que mezcla política y justicia con el tono de una trama de Kafka: una investigación que nadie sabe adónde va, pero que avanza como un tren sin maquinista.
Afuera, en la calle, un vendedor de tamales en la esquina de Reforma veía pasar los titulares en su celular. “Puras mamadas”, dijo, y sonrió. No sabía que acababa de resumir dos hemisferios.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
27 de julio de 2026
El viaje de la presidenta madrileña a la Ciudad de México estaba pensado como una foto entre empresarios y discursos de hermandad. Nadie le advirtió que la hermandad, aquí, se negocia con memoria. Apenas pisó tierra firme, las reacciones volaron más rápido que su avión. El gobierno de España, vía la portavoz del Ejecutivo montañés y republicano, soltó un comunicado seco: “ha ido a provocar y le ha salido mal”. Traducción: la señora llegó sola, con sus propias banderas, y se encontró con una plaza tomada.
Desde el Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum no levantó la voz. Calificó la visita como “fallida”, palabra que en la jerga diplomática suena a portazo sin aspavientos. La izquierda madrileña, avergonzada, pidió disculpas formales a la mandataria mexicana: “pedimos perdón por el ridículo de Ayuso”. En Madrid, un concejal de Más Madrid declaró que la señora “fue a México a hacerse la foto y le devolvieron el negativo”.
El ridículo, sin embargo, tiene varios frentes abiertos. Mientras Sheinbaum hablaba del voto femenino como algo “absurdo y regresivo” de eliminar, en las redes sociales un chileno anónimo —con el micrófono abierto durante una transmisión de Prime Video— dejó temblando a Honduras y Argentina: “México no castiga, ellos fallaron”. La frase, dicha con el desparpajo de quien sabe que su país de verdad tiene una selección, provocó risas incómodas en las mesas de debate. Un chileno se volvió trending por decir lo que todos piensan y nadie se atreve: que a veces los países no pelean, sino que fallan.
En Chihuahua, el PAN aseguró que Morena “va en picada” y llamó “ridícula” la marcha del partido oficial. Pero la palabra “ridículo” ya no es un insulto, es un género literario. La portada de *Brújula News* lo resumió en tres palabras: “El teatro del absurdo”. Y el columnista de *Milenio*, al hablar del “absurdo caso Casar”, destapó un expediente que mezcla política y justicia con el tono de una trama de Kafka: una investigación que nadie sabe adónde va, pero que avanza como un tren sin maquinista.
Afuera, en la calle, un vendedor de tamales en la esquina de Reforma veía pasar los titulares en su celular. “Puras mamadas”, dijo, y sonrió. No sabía que acababa de resumir dos hemisferios.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

